97 aniversario de la boda en Mexicali del primer galán de Hollywood: Rodolfo Valentino.

Corría el año de 1921. Bajo el ardiente sol del desierto de Yuma, Arizona, se filmaban escenas de El Sheik, cinta de la compañía Paramount estelarizada por una de las mayores figuras del Hollywood del ayer.

Enrique A. Velasco Santana* / 4 Vientos

Era Rodolfo Valentino, prototipo indiscutible del “latin lover”, poseedor de un magnetismo ante el cual caían rendidas las mujeres, hechizadas por el misterio y el erotismo que emanaba quien entonces encabezaba el elenco de aquella historia de jeques árabes que enloqueció a nuestras bisabuelas, al grado tal que cuando la película se exhibió, los motivos orientales invadieron el territorio mundial de la moda y el diseño.

Así, en los descansos de la filmación protagonizada por aquel hombre de extraña seducción que luego se convertiría en un personaje de leyenda, cuya fama perdura hasta nuestros días, técnicos y artistas se trasladaban a la cercana Mexicali. Con ellos viajaba Rodolfo Valentino acompañado en ese momento con la estrella Agnes Ayres, con quien protagonizaba “El Sheik”.

Las constantes visitas de Valentino a Mexicali durante las semanas que duró el rodaje en el año de 1921, le dieron la oportunidad de conocer al señor Otto Moller, Presidente Municipal del poblado y cabecera del entonces Distrito Norte de la Baja California.

Hay que mencionar que entonces imperaba en los Estados Unidos la Ley Volstead, mejor conocida como la “Ley Seca”, que había entrado en vigor el 16 de enero de 1920 y siguió vigente hasta 1933.

Esto dio lugar a un dinamismo económico sin precedente en las poblaciones fronterizas tanto canadienses como mexicanas, a partir de la producción y venta de alcohol, y los “juegos de azar”.

Rudy, ya como bailarín profesional, conoció a Jean Acker con la que formó parte del elenco de una comedia musical y con la que se casó más adelante, pero tras interpretar “Camille” (1921), su co-protagonista –Alla Nazimova– le presentó a la mujer que lo haría sufrir un calvario, a la directora artística y de vestuario que ejerció una gran influencia y “dominación” en la vida y trabajo del idolatrado actor: Nathasa RambovaValentino la vio y se enamoró de ella.

Rodolfo y Natasha (Internet).

En 1922, el romance de Rambova y Valentino iba viento en popa y tomando unas merecidas vacaciones en Palm Springs, a principios de mayo de ese año y acompañados de unos amigos, ambos decidieron trasladarse a Mexicali a comer comida china y tomar unas cervezas Mexicali-Beer.

Pues bien, el desenlace de las visitas a Baja California de este personaje tuvieron su punto culminante y colocaron a Mexicali en el mapa mundial el 12 de mayo de 1922, día en que Valentino y la Rambova se casaron en la que habría de convertirse en “la ciudad que atrapó al sol”.

Los testimonios que han llegado hasta nuestros días hablan de todo un acontecimiento con tintes de novela. La boda se celebró en la casa que se ubica de la calle Lerdo # 544 que pertenecía a Otto Moller, quien en ese momento todavía era el presidente municipal y fungió como testigo de honor del acontecimiento.

Existe el libro de actas de matrimonio de ésta boda donde están plasmadas las firmas de Rodolfo V. Guglielmi y de Winifred Kimball Shaughnessy, que eran los verdaderos nombres de Valentino y Natasha, así como las de Otto Moller y otros testigos de las nupcias.

A principios del actual siglo, personalmente vi en Mexicali este documento en un museo itinerante llamado “La época del Prohibicionismo”, de la Universidad Autónoma de Baja California.

Y se cuenta que aquello se convirtió en toda una fiesta popular, pues la Banda del 25 Batallón puso la nota musical en plena calle y al evento llegó todo el pueblo y numerosos periodistas. 

Al caer la tarde, el alcalde y el jefe de la policía acompañaron a los recién casados al Hotel Internacional, terminando así una jornada cuyos ecos resuenan aún en la memoria antigua de la ciudad.

Natasha Rambova, diseñadora de vestuario y de decorados, directora artística, guionista, productora cinematográfica y actriz ocasional de nacionalidad estadounidense (Internet).

Este hecho llevó al actor de origen italiano a los tribunales bajo la acusación de bigamia, al incumplir una ley de California que obliga esperar un año entre divorcio y matrimonio. El divorcio con Jean Acker salió en marzo de 1922 y él se casó con la Rambova en mayo, pero el actor del cine mudo era el rey en la década de los años veinte y todo quedó en un arreglo económico.

Rodolfo Valentino nació en la calle Via Veneto # 24, de la pequeña ciudad de Castellaneta, en Taranto, Italia, en el año de 1895.

Tenía un nombre maratónico: Rodolfo Alfonso Raffaele Pierre  Philiberti  Guglielmi de Valentina d’ Antonguolla.

Llegó a los Estados Unidos en 1913 en calidad de inmigrante y en sus inicios fue bailarín de salón, “fichando”. Siguió una vertiginosa carrera cinematográfica.

Su primer estelar –Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de 1921- fue un éxito completo. Luego siguió precisamente El Sheik, para muchos la mejor película de todas las que filmó, y después de Sangre y Arena, su nombre aparecía en todos los periódicos y revistas de los Estados Unidos.

“Medía 1.80 de estatura, moreno, pies pequeños y su frente aparecía como un triángulo bajo los cabellos lisos, negros, brillantes como lámina”, lo describió un periodista de la época.

El escritor norteamericano John Dos Passos señaló: “Con Los cuatro jinetes… se convirtió en el gigoló de los sueños de todas las mujeres”.

Valentino (La Vanguardia)

No obstante, la fascinación que ejercía sobre el sexo femenino se vio afectada por las murmuraciones acerca de una encubierta homosexualidad. Incluso se ha dicho que un despistado Benito Mussolini tenía sobre su escritorio el retrato de Rudy, y se enorgullecía al sostener que el actor representaba el prototipo de la masculinidad italiana, lo que provocó la ironía de los americanos.

Como quiera que fuese, después de una tormentosa relación con la Rambova llegó a su vida una hermosa mujer polaca-rusa que pasó a la historia del séptimo arte como Pola Negri. Pero ese idilio no habría de durar mucho: la vida del ídolo venía marcada por el destino con un final prematuro.

La muerte de Valentino, a los 31 años en la ciudad de Nueva York, a donde había acudido al estreno de El hijo del sheik, confirmó y acrecentó su leyenda.

Oficialmente, el deceso ocurrió como consecuencia de una úlcera sangrante complicada con una peritonitis. Con el tiempo se supo que no hubo tal enfermedad, sino que un senador lo sorprendió haciéndole el amor a su esposa y le dio un balazo en el estómago.

El político usó su influencia para que la policía y los médicos del hospital a donde fue llevado, declararan que había muerto de “peritonitis”.

El 23 de agosto de 1926 expiró Rodolfo Valentino, suscitando una cauda de reacciones extremas entre sus fanáticos: suicidios al por mayor; mujeres que afirmaban esperar un hijo suyo; en la vieja Italia, el dictador Mussolini dispuso que se enviaran 15 de sus camisas negras (soldados fascistas) a los funerales, y la prensa neoyorkina publicaba: “Ni siquiera los funerales de Lincoln contaron con tanta gente…”

Estos fueron los hechos más relevantes de una existencia que dejó su huella en la historia del cine, y una viñeta pintoresca en la memoria colectiva de los mexicalenses.

Sólo resta anotar que con esa profunda paradoja que es a veces la vida, según el periodista norteamericano Harold J. Stinson, Rodolfo Valentino afirmó alguna vez:

“No tengo hogar, no tengo mujer que me ame desinteresadamente, no tengo hijos ni tampoco tengo un amigo sincero. Sólo poseo un perro que me amaría aun si yo no fuese quien soy. He equivocado mi camino, soy un fracasado. Me siento terriblemente solo y prisionero de un personaje que me sofoca. Que estas palabras mías sirvan de lección a quienes hubieran tratado de envidiarme o de imitarme”.

¿Gigoló o héroe? ¡A quién le importa! Rodolfo Valentino fue el epítome del glamour exótico en las películas de los años veinte. Era la edad de la juventud flameante, cuando las flappers de pelo corto y faldas -también cortas- bailaban el Charleston, un ritmo nuevo para una nueva generación liberada.

*Enrique Velasco Santana: Editor, Ensayista y Cronista Independiente de Baja California y Jalisco. Colabora en el suplemento Identidad, del periódico El Mexicano. Los lunes participa en el Noticiero Fórmula-Tijuana, en el 950 A.M. en el segmento “Cita con la Historia”.(revistafundadores@yahoo.com.mx)