LOS PERROS GUARDIANES: Búnker con balcón a la verdad

         El mundo, en millones y millones de archivos –desde diversos dispositivos portátiles hasta vastos servidores afincados en fortalezas del Ártico–, lleva un registro pormenorizado, tanto de sus injusticias y abusos como de sus mutuas invasiones y crímenes.

Rael Salvador/ 4 vientos

             Información que, en la gracia de asambleas de chip, permanece a disposición de algunos elegidos: militares de alto rango, autoridades de la administración y, si el caso lo amerita, de políticos utilitarios, como los Bush o los Clinton, como los Macri o los Trump.

         En las recientes escaladas bélicas –torres abajo, Israel interpuesto–, el contrapunto lo posee Vietnam. En los años 60, los mandos en batalla del ejército norteamericano decretaron, antes que la derrota –considerada por los analistas internacionales como inminente–, que ellos ya habían exterminado a todas las fuerzas militares opositoras de Vietnam del Norte. ¡Puede celebrarse mediáticamente la victoria contra el comunismo!

          La ingenuidad de mentir con atributos tan poco firmes –innecesariamente serios–, con Nixon a la cabeza, fue la guillotina de toda una época. Y, en el presente, aprendida la lección, no se repetiría: “Nosotros no contamos los muertos”, declara el general Tommy Frank, en la obstinada carnicería contra la población de Irak, siglo XXI.

Julián Assange

         La revelación de atrocidades –crímenes de guerra, diarios secretos de Afganistán e Irak, ultimación de vidas inocentes, violaciones rapaces, saqueos millonarios, seguido de países participantes, e-mails negociando apoyos con Rusia, Guantánamo en entredicho,  corrupción a gran escala, nombrando al consorcio de implicados (tres cuartas partes de Occidente), así como mecanismos de EEUU para influir en la clase política mexicana– es la carga que se le imputa a Julian Assange, fundador de WikiLeaks, donde además se suma el odio, nada diplomático de la embajada de Ecuador en Londres –escuchemos el discurso rastrero de Lenin Moreno, actual presidente del país sudamericano–.

         En un acto de legitimación periodística, en honor a la verdad –y lo que se nos oculta de ella–, Assange dicta cátedra de lo que es, en concreto, pruebas en mano, la Libertad de Expresión y Derecho a la información: realiza la mayor filtración de documentos secretos, liberándolos de la exclusividad corrupta de sus ejecutores y su séquito de cómplices. Ese acto, tomado como una felonía traducida en megalomanía, priva de la libertad de tránsito y lo enclaustra seis años en la Embajada de Ecuador, bajo el amparo internacional de asilo –dada las persecuciones judiciales en su contra, entre ellas la extradición a EEUU y la insostenible de violación, de momento echada abajo–, hasta el día 11 de marzo de 2019.

         Universal como la verdad, Assange (australiano, de 47 años) es dibujado por los EEUU como el Enemigo Mundial Número Uno. Encarcelado, con extrema seguridad, en Londres, su detención resulta una ofensa y una agresión flagrante contra los Derechos Humanos.

         De ser extraditado, corre el riesgo de ser juzgado y (re)encarcelado, por haber hecho públicos –exponer la disfuncionalidad, perversa y abusiva, de ambición y codicia, de naciones que levantan sus banderas con deslealtad militar–, a través de medios de comunicación de probada credibilidad, documentos secretos de una serie de naciones que naufragan en mierda y sangre, especialmente EEUU.

         Assange no ejerce de editor en EEUU, por lo cual su extradición sentaría un precedente en contra de cualquiera que profesionalice el periodismo con estos grados de honestidad, precisión y libertad.

         ¿Extraído ya del búnker con balcón, arrastrando en sus manos “Historia del Estado de Seguridad Nacional”, de Gore Vidal, qué diablos sucederá con Julian Assange?

         No tengo respuesta. Mas la pregunta guarda un diamante ético y cada cara de éste alumbraría la importancia de muchas respuestas.

Julián Assange, fundador de WikiLeaks, antes y después de los casi siete años encerrado en asilo político en la Embajada de Ecuador en Londres, de donde fue entregado por el actual presidente ecuatoriano Lenin Moreno a la policía británica.

Imagen de portada: Mauricio Macri, presidente de Argentina. Foto: Rubén Digilio, periodista gráfico, despedido del diario El Clarín, supuestamente por la difusión de esta imagen donde captó la sombra del político. que en redes sociales llaman ya Macrocho, en obvia referencia a Pinocho.