APARADOR: Un conjunto de cartas muertas

La vida contemporánea está fuertemente orientada hacia el consumismo, hacia el tener más cosas materiales, alcanzar un grado académico, una casa, un auto, determinada ropa, entre muchas otras cosas. Estamos envueltos en un frenesí de consumo material derivado del capitalismo –tema ampliamente discutido en foros académicos y en otros espacios–; pero rara vez nos cuestionamos que también buscamos hacernos de otros elementos que no necesariamente se relacionan con el consumo material. Por ejemplo, buscamos tener pareja, tener hijos, ser mejores cada día, tener amistades, hacer ejercicio, aprender algo más en la vida, buscar un mejor puesto, solo por mencionar algunos.

Alfonso Jiménez / A los 4 Vientos

Usted, querido lector, ¿alguna vez se ha preguntado por qué buscamos ser o tener en la vida? ¿Por qué nos orientamos hacia conseguir el todo y no hacia la nada? Podemos analizar este tema desde diversas perspectivas, pero quiero proponerle una reflexión en particular. ¿Hacernos de cosas, ser algo en la vida o aprender algo nos hace ser lo que somos? Me explicaré un poco más. Cuando pensamos en lo que nos define, en lo que somos como personas, pensamos en lo que hemos hecho en la vida, en nuestros logros escolares, laborales, como amigos, como pareja, como hijo o como cualquier rol que usted y yo tengamos en la vida.

Repasamos nuestra historia, recordando lo que hemos alcanzado, lo que hemos sumado a nuestro ser; valoramos la cantidad y calidad de nuestras amistades. Cuando acaba un año repasamos lo logrado, lo leído, lo aprendido. Fundamentamos lo que somos y nuestro andar en esta vida a partir de lo que vamos sumando a nuestro ser, incluso cuando no son cosas materiales. Pero, ¿y qué tal si lo que nos define es lo que no tenemos y no hemos logrado ser?

Un ejemplo. Los que hemos tenido la experiencia de haber terminado una relación amorosa tratamos de salir de la tristeza (o cualquier sentimiento que nos genere) a partir de, por ejemplo, valorar lo que ganamos con la ruptura o las cosas positivas que están por venir. Sin embargo, a partir de la separación, todo lo que nos suceda, lo que lleguemos a pensar y la manera en que actuemos en nuestra vida, estará marcada por esa pérdida. La ruptura y el duelo experimentado me hace ser lo que soy. A partir de la ruptura pienso distinto, veo la vida de diferente manera, tengo distintas aspiraciones. Lo que soy se define por lo que dejé de tener en la vida.

La analogía de las Cartas muertas en el título de este micro ensayo lo retomé del texto Bartleby, el escribiente, obra maravillosa del estadounidense Herman Mellvile. En ella, el personaje Bartleby vive muerto en vida, sin decidir sobre sí mismo, vive en la completa nada. Su vida infructuosa se debe a que tuvo contacto con las cartas muertas; él se encargaba de leer cartas que nunca llegaban a su destino, enfrentándose así a la desesperanza que la vida ofrece cuando no acaba por concretarse, como las cartas que no alcanzaban al destinatario al cual se suponía debían llegar.

De manera similar, aunque menos extrema, nuestra vida es un acumulado de cartas muertas. Estamos constituidos o marcados por todo aquello que ya no es o nunca fue en nuestra vida. Usted y yo somos lo que somos porque dejamos de hablar con ciertas personas, porque no logramos estudiar lo que queríamos, porque personas cercanas a nosotros dejaron de existir, porque tuvimos fracasos amorosos, porque ya no laboramos donde solíamos hacerlo.

Nuestro hoy, lo que somos en la actualidad, está conformado gracias a lo que dejó de ser. Nuestra vida es un acumulado de cosas que nunca llegaron a consumarse o concluyeron. Nosotros estamos más cercanos a la nada que a la totalidad de las cosas. Buscamos tener más amistades, otros amores, más estudios, un mejor trabajo, más cosas materiales. Nada de esto está mal, sin embargo, nos falta reflexionar que tener ciertas cosas implicará la renuncia de otras. Por ejemplo, estar como pareja de una persona significará haber renunciado a otras. Ese abandono o renuncia será lo que nos defina, lo que nos haga ser una persona más o menos diferente el día de mañana.

No son nuestros logros lo que nos definen, sino nuestros fracasos, lo que ya no es o no será. ¿Quiere usted conocerse? Revise sus frustraciones, sus limitaciones, su pasado, sus duelos, sus desilusiones y desengaños. Ese acumulado de cartas muertas nos hacen ser lo que somos ahora. Viremos entonces la mirada hacia nuestro interior y la nada que nos define, abracémosla como deseamos alcanzar logros y acumular eventos, personas y cosas materiales en nuestro haber.