Crónica del varamiento de una ballena gris en la playa local de Ensenada

La mañana de este lunes 8 de abril, el Cronista de Ensenada, Arnulfo Estrada Ramírez, publicó en redes sociales un texto sobre el varamiento, muerte y posterior entierro de un ejemplar joven de ballena gris en la playa municipal –Playa Hermosa– de la ciudad de Ensenada, en donde “provocó un verdadera sensación” entre las personas que ahí estaban como bañistas o que, por curiosidad, se trasladaron al lugar para observar el acontecimiento que se presentó el domingo 7 de abril, y que es común en las costas del Pacífico peninsular bajacaliforniano durante la temporada migratoria del cetáceo que inicia en noviembre y concluye en marzo. A los 4 Vientos presenta íntegra la crónica de Arnulfo Estrada con fotografías de la organización Indomita Aventuras Educativas.

A las ballenas grises se les encuentra principalmente en las aguas costeras del Pacífico Norte. Se observan en mayor número a lo largo de la costa occidental de Canadá, Estados Unidos y México, pero cada año se ven también en número reducido en las aguas cercanas a la costa oriental de Rusia y Japón.

Al igual que la mayoría de las ballenas barbadas, las ballenas grises emprenden migraciones estacionales de las zonas de alimentación de verano y otoño a las zonas de invernación de las latitudes meridionales. En el Pacífico oriental, la mayoría de las ballenas grises se alimentan en los mares de Bering y Chukchi, así como en las costas del Pacífico norte de Canadá y Estados Unidos.

Estas ballenas dan a luz y se aparean en aguas situadas frente a las costas central y meridional de California, a lo largo de la península de Baja California y en el Golfo de California. Su recorrido de migración anual se ha caracterizado como el más largo registrado de cualquier mamífero – un viaje de ida y vuelta de hasta 20.000 km, que abarca una extensión de hasta 55 grados de latitud.

Su ruta de migración pasa cerca del litoral que se extiende a lo largo de las costas occidentales de México, California, Oregón, Washington, Columbia Británica y Alaska, un recorrido en el que a menudo se les puede ver desde tierra, así como desde embarcaciones.

Las ballenas grises se alimentan de una variedad de pequeños crustáceos – entre ellos las larvas de cangrejo y camarones llamados mísidos. Se ha documentado que se alimentan de pequeñas almejas en bahías fangosas poco profundas, o de larvas de peces en la columna de agua, pero su presa más común son crustáceos pequeños como pulgas llamados anfípodos. Pueden alimentarse succionando o desnatando el alimento en aguas intermedias o cerca de la superficie, sobre todo en el fondo, donde encuentran unos animalitos llamados anfípodos.

El apareamiento comienza a finales de otoño durante la migración hacia el sur y continúa en las zonas de parto y cría del invierno. Después de la concepción y un período de gestación de 11 a 13 meses, nacen las crías entre finales de diciembre y comienzos de marzo. Madres y crías se mantienen estrechamente unidas durante 7-8 meses hasta el momento del destete. Durante este período la cría consumirá hasta 189 litros de leche al día.

Madres y crías permanecen cerca de la costa durante la migración hacia el norte (generalmente dentro de los 200 m. de la costa), posiblemente para evitar los ataques de orcas. Las madres son muy protectoras, luchando a veces hasta la muerte para impedir los ataques a sus crías.

LA BALLENA VARADA CAUSA SENSACIÓN

Desde muy temprano, se reportó que una ballena se estaba varando en Playa Hermosa. Al principio, el ejemplar estaba flotando entre la rompiente de las olas, pero se terminó varando en un sitio ubicado frente a una de las rampas de acceso a la playa, justo enfrente del Hotel Marea Vista. A esa hora ya había varios usuarios de la playa. Fue verdadera sensación para la mayoría que no conocía de cerca una ballena gris. Unos la tocaban, otros se subían y la montaban. Hubo quien se recostó en ella. La mayoría posaba para la fotografía del recuerdo.

La ballena gris varada pertenece a la especie Eschrichtius robustus. Se trata de un ejemplar joven de unos dos años de edad, con una longitud total de 8.10 m (ocho metros, con diez centímetros). Su color gris claro, presentaba numerosas manchas moteadas de color blanco, que en realidad son cicatrices producidas por los parásitos que se incrustan en su piel y que luego las ballenas se quitan. Los parásitos más comunes de las ballenas adultas, son los crustáceos conocidos como piojos (Cyamus scammoni) y balanos (Cryptolepas rhachianecti).

El ejemplar, fue inspeccionado por investigadores del grupo ambientalista ICMME (Investigación y Conservación de Mamíferos Marinos de Ensenada), quienes tomaron diversas medidas al cuerpo y muestras para su estudio poblacional. Posteriormente, se procedió a dar sepultura al cuerpo, como medida precautoria para evitar riesgos a la salud por descomposición del ejemplar. Todo el proceso estuvo vigilado por personal de PROFEPA (Procuraduría Federal de Protección al Ambiente) y por ZOFEMAR (Zona Federal Marítima).

SEPULTURA DEL EJEMPLAR

Personal de PROFEPA y ZOFEMAR, consiguieron tres trascabos para remolcar a la ballena a un sitio de aproximadamente 500 metros de donde se varó a fin de sepultarla. Fue necesario cavar una fosa de unos 10 metros de largo por cuatro de profundidad en una zona justo arriba del nivel de marea más alta, ubicada a pocos metros de la desembocadura del Arroyo el Gallo.

Antes de arrojar el cuerpo a la fosa, una mujer se acercó al rostro de la ballena, la besó, abrazó y lloró por breves momentos.

Enseguida se procedió a sepultar el ejemplar. La maniobra total, se llevó a cabo en aproximadamente tres horas.

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