SALTO CUÁNTICO:  Por Denise

Acabo de leer una columna de la periodista Denise Dresser en la revista Proceso. En ella manifiesta una opinión tal como su título enmarca “El presidente predicador”.

José Luis Treviño Flores/ A los 4 Vientos

Me da un poco de reserva contestar un análisis a una mujer que respeto y admiro, máxime que a su lado como humilde columnista soy pelusa de ombligo, no obstante, difiero de su abordaje en torno a la figura del ahora poder Ejecutivo a cargo de Andrés Manuel López Obrador. Entiendo que se debe mantener una postura crítica de todo funcionario público, estar muy pendientes de cada acción y decisión de Estado, más aún de un Presidente que se jacta de poseer una absoluta transparencia y rangos de comunicación efectiva sin precedentes con medios masivos y público en general (pueblo pues). Denise dice que AMLO es una especie de “cura ante su congregación”; imagino que tuvo cuidado de pensar ésta frase, ya que la principal congregación que asiste a sus conferencias mañaneras son periodistas, no feligreses, y no creo que estos asistan con un ánimo persignado cual devoto rebaño sin ideas propias.  

Cual embate a palos, Dresser no deja pellejo vivo del mandatario, ninguna acción queda impune de su mordaz y sarcástico ataque. Pienso, asumo, luego embisto.

Es muy sencillo opinar, todos tenemos esa facultad, escribimos porque podemos, expresamos porque tenemos la plataforma y por encima de todo, ahora que el gobierno de la llamada Cuarta Transformación manifestó el irrestricto respeto al periodismo y a la expresión pública, habrá que aprovechar cada espacio para dar rienda suelta a años de veda.

Me parece que para el nivel intelectual y experiencia en el ejercicio de la comunicación por parte de Dresser, haber utilizado motes de predicador, misa diaria, adoctrinador, salva almas, púlpito, homilía, deja entrever un rasgo de frustración secular no alineada. Denise machaca con furia de Santo Oficio invertido la “peligrosidad” de “catequización” del primer mandatario, como si las conferencias mañaneras estuvieran direccionadas tan solo hacia la salvación de almas.

Hablar de perdón, olvido, conductas correctas y moralización de la vida pública, dar datos y cifras que comprometen el ejercicio de gobiernos anteriores en prácticas aberrantes que hicieron colapsar las finanzas, la paz y la paciencia de los mexicanos no son señalamientos menores. Caricaturizar el esfuerzo hasta ahora al parecer auténtico, de un presidente que enfrenta a diario una horda de periodistas con cuestionamientos auténticos (algunos), otros con preguntas insulsas.

Es cierto que AMLO está pagando costos políticos al aceptar dar puestos a personajes oscuros y señalados por la sociedad civil y organismos afectados. Un Jorge Esteban Sandoval Ochoa, nombrado delegado del ISSSTE en el caso de Chihuahua, acusado de abuso sexual por colectivos de mujeres; el senador Cruz Pérez Cuellar por MORENA, que ha despertado encontronazos entre los militantes por el pasado cuestionable del funcionario que ha transitado desde el PAN, MC y ahora con la Propuesta Morenista. No todo es miel y dulzura por supuesto y si el presidente todo lo sabe desde el poder Ejecutivo, entonces habrá de cuidarse las espaldas ante acuerdos por debajo de la mesa para debilitar su movimiento transformador. Cada entidad tiene lo suyo y muchos desean seguir acumulando poder político al cobijo de la Cuarta Transformación.

El exgobernador priista Patricio Martínez y el expanista Cruz Pérez Cuéllar ahora senador por Morena que se rodea de prianistas en busca de la candidatura a gobernador de Chihuahua ¡por Morena!

Hay mucho que decir para continuar protegiendo el triunfo electoral del pasado 1º de julio, los ciudadanos merecemos el trato digno pregonado cada mañana en las conferencias en Palacio Nacional, abonar hacia una revolución emancipadora. No se trata pues de mistificar, tlatoanizar, entronizar o hacer del Presidente una divinidad acercada a un “poder superior” como dice Denise, sino de mantener una posición crítica y realista, pero sin dejar de observar una realidad trastocada a diario por Andrés Manuel con valentía, cosa que se le debe reconocer. Así que no todos observamos al primer mandatario bajo la lupa de Dresser, mucho menos la visión de homilía según Jesús Silva-herzog Márquez.

Ahora bien, decir neoliberales, conservadores, corrupción e impunidad hasta el cansancio, como un mantra matutino, palabras que nos han acompañado en la intrínseca cotidianidad de un nacionalismo usurpado por auténticos ladrones, irrita a la más o al más camuflajeado pequeño burgués, que vive como dice la canción de Silvio Rodríguez Canción en Harapos: (…) “Qué fácil es protestar por la bomba que cayó, a mil kilómetros de ropero y del refrigerador. Qué fácil es escribir algo que incite a la acción, contra tiranos, contra asesinos, contra la cruz y el poder divino, qué fácil disfraza su máscara el pequeño burgués”.

Quienes no han trabajado a ras de tierra, vivido bajo el yugo de un salario mísero, sobrevivir apenas, sin poder planear por no tener asegurado el trabajo y el pan, claro que observan al presidente como un “loco orate que se siente héroe”, su discurso es para los desposeídos, no para pequeñoburgueses. Y sí, la mayoría votante está en la clase trabajadora y en jóvenes y mujeres que observan en AMLO una oportunidad distinta.

El presidente no solo está gobernando, está haciendo campaña permanente, se planta ante miles de ciudadanos en las plazas públicas, teatros, auditorios, redes sociales y en Palacio, con el mismo discurso de hace décadas, pero ahora desde el poder.

Denise Dresser apoyando la candidatura presidencial de Margarita Zavala en 2018

¿Qué acaso no estamos todos hartos de la falta de empatía con el poder público? Me parece exagerado y poco inteligente tacharlo de apóstol y a los seguidores de discípulos, cuasi canonizar la figura presidencial tan solo por, (desde la perspectiva Dressiana) de no acomodarse a su visión deseada de figura presidencial. México no es propiedad de los intelectuales encumbrados en materia de interpretación de la realidad, México no es la visión de Denise, Silva-herzog y otros, México no pertenece a una sola corriente de pensamiento. Octavio Paz dijo: “Todo es hoy. Todo está presente, todo es aquí. Pero también todo está en otra parte y en otro tiempo. Fuera de sí y pleno de sí…” y en esos tres puntos suspensivos cabe toda la cosmología de nuestro país.

Max Weber, en la Sociología del líder carismático y la actitud carismática, dijo que “es revolucionaria y transvalora todo; hace que un soberano rompa todas las normas tradicionales y racionales”. También dijo: “Sólo quien está seguro de no quebrarse cuando el mundo se muestra demasiado estúpido o demasiado abyecto para lo que él le ofrece; sólo quien frente a todo esto es capaz de responder con un, sin embargo; sólo un hombre de ésta forma construido tiene vocación para la política.” 

Sacar de contexto o utilizar frases de gigantes de la sociología y la literatura para ponerlas a modo, es un ejercicio trivial y trillado para argumentar posturas personalistas. Mejor, mucho mejor, poner al servicio del lector, el enorme bagaje multicultural e histórico para que este elija su manera de interpretar la realidad.

Desmodernizar desde una percepción peyorativa tampoco es definitivo ni absoluto, la modernidad no necesariamente está emparentada con progreso y una globalización efectiva. Regresar a formas de convivencia basadas en el humanismo y la atención por los más pobres no significa tampoco retrogradar.

Mary Louis Pratt en su estudio Globalización, Desmodernización y el Retorno de los Monstruos, enfatiza: 

“La incapacidad del neoliberalismo para generar pertenencia, colectividad y un sentido creíble de futuro produce, entre otras cosas, enormes crisis de existencia y de significados que están siendo vividas por los no consumistas y los consumistas del mundo en formas que la ideología neoliberal no puede predecir ni controlar. Los monstruos chupadores, los riñones robados y los cerebros recuperados, las vírgenes móviles, los rollos telepáticos y los discos pirateados son los síntomas de estas crisis, y también los agentes inescrutables de un futuro cuyos contornos desconocemos.”

Así pues, Denise Dresser, ni profeta, ni loco, ni apóstol, ni cura, sino un líder carismático que esperamos haga posible la transformación desde la perspectiva de un nacionalismo entendido como catapulta hacia su inmersión en el mundo ya inevitablemente globalizado, pero con identidad y pertenencia, con la dignificación de nuestra nación y nuestra propia emancipación de un pasado podrido de corrupción y de otros falsos líderes e intelectuales de mejor postor.