A DOS DE TRES CAÍDAS: La inhumana estupidez de las turbas mexicanas.

¿Somos las personas, los humanos, seres superiores al resto del reino animal?

¿Es justificable robar por necesidad?

¿Es entendible la rapiña de animales y mercancías en un accidente carretero?

¿Se puede justificar el linchamiento de personas por la falta de seguridad?

¿Nos reconoceremos como bestias humanizadas o como humanos bestializados?

Arturo Ruiz, El Súper Cívico/ A los 4 Vientos

De acuerdo con cifras hemerográficas del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Azcapotzalco, de 1997 a 2014, en nuestro México lindo y querido, se contabilizaron 366 linchamientos.

Y de acuerdo con información de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) en 2018 se documentaron 25 linchamientos y 40 intentos de estos

En agosto de 2018, solo bastó un grito repetido y un rumor de boca en boca, para acusar, señalar y quemar vivos a dos campesinos acusados de ser roba chicos por una turba de personas, de mujeres y hombres actuando con odio, con coraje bestial e inhumano que golpeaban, atemorizaban, insultaban y que finalmente asesinaron a esas dos personas. Las cuales como se demostró posteriormente, eran inocentes de lo que se les imputó.

Pobladores de Acatlán de Osorio, en Puebla, el 29 de agosto de 2018 lincharon a dos hombres a los que acusaron de ser robachicos. Eran inocentes. Con sus celulares videograban el terrible crimen. Foto: Cuartoscuro.
Pobladores de Acatlán de Osorio, en Puebla, el 29 de agosto de 2018 lincharon a dos hombres a los que acusaron de ser robachicos. Eran inocentes. Con sus celulares videograban el terrible crimen. Foto: Cuartoscuro.

Eso no es de humanos, no es el accionar de un pueblo noble ni civilizado y por tanto no es justificable bajo ninguna circunstancia.

¿No era lo correcto haberlas detenido y presentado ante las autoridades?

Pero si queremos justificarlo, revisemos nuestra formación, nuestros principios éticos y nuestra comprensión de lo que entendemos por humanidad.

Hace apenas unos días, en Veracruz, un camión que transportaba reses, chocó con otro camión en el que iban algunos migrantes, como resultado, uno de los migrantes falleció, pero eso no fue impedimento para que una turba de personas empezara a robar el ganado, algunos animales fueron lazados y robados.

Otros fueron descuartizados en las inmediaciones del accidente y la gente reñía entre sí por llevarse parte de la carne o vísceras.

Fue un robo masivo, fue Fuente Ovejuna hambrienta y famélica, una masa de seres humanos oportunistas, que ante el accidente hurtaron y sacrificaron como animales a los animales.

El populacho exacerbado y unido en un acto delincuencial.

Ahí se mostró una parte del rostro del pueblo de México, un rostro que mucho no quieren reconocer por ser sombrío y bestial, un rostro de la pobreza que orilla al crimen y al agandalle.

Apenas hace unos días, en Tlahuelilpan, Hidalgo manos criminales abrieron un ducto dejando escapar por borbotones la gasolina.

La gente acudió con bidones, garrafones y cubetas para robarse la gasolina, aquello era una especie de aquelarre, en donde se veía a hombres mujeres y niños un tanto fuera de sí, bañándose de gasolina, sus cuerpos empapados del peligroso líquido contrastaba con su actitud casi festiva.

Antes de la explosión e incendio, hubo agresiones de algunos moradores que con palos y piedras replegaron al Ejército y a los policías.

La represión por parte de la fuerza pública no se dio… la muerte sí.

Una explosión e incendio, le costó la vida a por lo menos 79 personas que robaban la gasolina.

Esa turba humana, unida en el latrocinio de gasolina, se aprovechó de la ocasión, hasta que llegó el momento de la tragedia.

¿Quién es el responsable?.. Dice AMLO que años de miseria y abandono son la causa de que la gente actué así. Quizá.

Yo pienso que es el resultado de la ignorancia, más que de la pobreza, y de una cultura y educación mostrenca, que carece de valores comunitarios, de principios de honradez, de honestidad y que, por el contrario, premia al atrevido, al gandalla del barrio, al prepotente, al oportunista y a la lógica de que el que no transa no avanza.

La ignorancia es terrible y la auspiciamos; la ambición desmedida es enfermiza y sin embargo la justificamos; el oportunismo es sinónimo de pragmatismo y lo aplaudimos. El agandalle, el traicionar, engañar y mentir son actitudes “comunes” en amplios sectores de la población, sin distingo de clase social, si acaso, solo existen matices y eufemismos que las diferencian.

Es más común de lo que nos imaginamos en nuestra vida cotidiana, el pensamiento individualista y egoísta, resumido en el refrán de “primero mis dientes y después mis parientes”.

Tenemos una parte de nuestro pueblo inmerso en una cultura descompuesta y carente de valores, una facción del pueblo que vende su voto, su dignidad y hasta a sus hijas y novias.

Un sector de la gente que aprovecha la oscuridad para robar, para saquear y para delinquir.

Un sector poblacional de machos y hembras humanos sin principios, sin valores que abandonan a sus hijos, que enajenan su futuro ante el dinero sin importar su procedencia.

Un sector de la comunidad en donde el más fuerte, golpea, seduce y manda y lo demás conceden y de ser necesario postrándose y acepando condiciones y tratos indignos, esperando su oportunidad de hacer lo mismo…

Y eso, eso solo cambiará con la educación, pero también con la coerción y el castigo.

Duele aceptar que tenemos una parte de nuestro pueblo que actúa como malandrín y sin prejuicio alguno ante la delincuencia.

Y tenemos que aceptarlo para cambiar a través de la educación y el combate a la marginación.

Por todo esto, hoy tendré que verme frente al espejo con parte del rostro de un pueblo, que no es mi ideal del pueblo de México. Y eso me obligará a cambiar o a joderme.

¿Y usted, está dispuesto a cambiar y a ver la realidad que lo rodea? ¿O es de los que seguirán bajándose los pantalones ante los poderosos (sin distingo de siglas) y pateando a los desprotegidos?

Sería necesario entender que el amor y la comprensión son buenos sentimientos que debemos promover y aplicar, pero también comprender que hace falta la justa aplicación de la ley.

El Presidente Juárez no puso la otra mejilla ante los conservadores que iniciaron la guerra civil, ni perdonó a Maximiliano, ni a sus cómplices… los fusiló.

Porque efectivamente nadie ni nada, debe estar por encima de la ley… ¿O no?