“Todo va a estar… más o menos bien”. La destrucción meteórica de Él Mató a un Policía Motorizado

Frente a una multitud de jóvenes tijuaneros la micro-orquesta de los Three dan una muestra del poder instrumental que se puede alcanzar cuando los elementos encajan como lo hacen las consecuencias y las ecuaciones. Guitarra, bajo y batería, alumbrados por luces astrales, crean vibras que acompañan las atmósferas del Mous Tache. La melena china que cuelga de la cabeza del guitarrista parece reflejar la esencia del nombre de la banda. Si bien las puertas abrieron un poco tarde esta noche por el retraso del vuelo de la banda estelar, aquí estamos, de a pie, listos para volar por las olas del indie-argentino.

Redacción y fotos por Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos

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¿Exprimental-math? Puede ser. Detrás de los Three vuelan las figuras abstractas de un proyector que acompaña la explosión de sentimientos del power trío. Un vistazo alrededor demuestra que el patio del Mous-Tache se ha llenado con extrema rapidez, casi tan veloz como la agilidad con la que los músicos mueven dedos y baquetas.

En la pared de la izquierda el mural de lo que parece un Shamán (¿Bombay?) elevándose en un viaje de peyote. En la pared del lado derecha una serie de posters del concierto de hoy tapizan la superficie como en una obra de Andy Warhol. 

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Terminan los Three y anuncian a Maura Rosa, de quien he oído hablar pero nunca escuchado su música; siento esa intriga y emoción que despierta el acudir a un restaurante que te han recomendado muchos amigos.

Un compa con una camiseta de “Él Mató” acompañada por una camisa hawaiana parece ser el hermano gemelo de Santiago Motorizado; tras una breve conversación descubro que el compa hizo su propia lima. 

“Gracias por esperar tanto”, comparte Maura Rosa mientras da la bienvenida con Rogar, rola de su disco Cama en la Sala. “Lo que quieras te lo puedo dar…”, comienza a seducir la mujer con sombrero de copa al iniciar el cortejo de los visitantes de su alma. Detrás el baterista de barba amplia toca la tarola con un par de “baquetas-bombo”. Una esencia cautivadora como “soy tu ola” atrae hacia un camino con múltiples capas de sonido.

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Las influencias elocuentes de Siddartha y otras bandas de flechas depresivas se manifiestan en Maura, cuyo timbre de voz me recuerda ligeramente al de Carla Morrison, si bien la distancia es clara: las texturas de los instrumentos que la acompañan es de una complejidad y psicodelia que trasciende melodías y recetas simples.

Desde el techo del edificio “primario” del Mous Tache se disparan los rayos que fluyen con Maura, animaciones que mezclan lamentos, orgasmos, mantras, fantasmas y auras, hombres en fuego que bailan tango al ritmo de este vals fronterizo. La poesía arropa las letras de la artista, y hace que las fantasías viajen por dimensiones románticas y eróticas que se disfrazan de sigilo.

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Termina Maura y decido que esta semana estará en mi playlist, como lo ha sido con Él Mató durante los últimos meses. “Espero que toquen Amigo Piedra, pienso mientras la emoción comienza a condensarse, a la espera de que ya llegue el momento de la banda estelar.

“¡Gracias por caerle, nosotros somos Policías y Ladrones!”, comparte el tercer grupo de la noche, cuatro jóvenes que mezclan el indie con ese tipo de ritmo animado-californiano. El público no se ve muy responsivo, si bien el olor a hierba ya flota por los rostros expectantes por Él Mató; los aplausos son lentos, flojos.

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Ya había escuchado que el público de Tijuana es difícil: o ama o rechaza por completo una propuesta; no hay matices, o eso dicen. Me imagino que los tijuanenses saben por qué la onda happy-surf-rock-pop de los músicos en el escenario no conecta, si bien lo músicos no tocan mal. Quizás en Ensenada tendrían buena respuesta. Quizás ya han tocado demasiado en Tijuana. Quizás es que la gente ya está cansada de tanto esperar por Él Mató.

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Termina el show preliminar y una brisa anuncia a la banda estelar. “Ah, ¿quién te va a cuidar?”, las luces y la música convulsionan a los espectadores mientras nos sinceramos: “Quiero vivir con vos”.

“Ah, mi voz desapareció…”, narra El Día de los Muertos, para luego seguir cantando la confesión: “De la galaxia renacer…”. La poesía argentina fluye por el Mous-Tach mientras la lluvia depresiva se filtra por los oídos: “Dame algo esta noche, esta noche es especial, tan brillante como el oro, en la oscuridad”. Las vibras de los Buenos Aires rebotan en los pechos bajacalifornianos.

¡Estalla la Síntesis O´Konor! Todos esos paseos en bicicleta escuchándolos se hacen presentes, y sin querer evitarlo recuerdo aquel momento hace cuatro años, cuando pude escucharlos por primera vez en su ciudad natal. Vienen a mí las escenas en que su música me ha acompañado (destrozado y/o reconfortado), y me siento como nunca en la dimensión donde Él Mató a un Policía Motorizado.

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La explosión de emociones grita contra el presente en la casa de las luces que estallan, libertad que te lleva a un camino de nostalgia e ira, aniquilando todo aquello que se construyó, hoy derrumbado por las convulsiones de la pasión; quedan sólo cenizas del fuego.

Como en los live-sessions, cada grito meteórico de Santiago viene con un empujón del vocalista hacia atrás, ¡la fuerza es demasiado poderosa! “Quiero que, te duermas…. ya es muy tarde…”. Es claro que para Santiago interpretar su música es un trance; como los buenos músicos, lo entrega todo en el escenario.

El show va excelente, si bien se percibe una falta de interacción con el público. Quizás se debe a que lo dice todo con la música. Casi en respuesta a mi pensamiento inicia el riff que me hizo reencontrarme con Él Mató hace un año: El Tesoro. “Ah, paso todo el día pensando en vos…”, una rola que es coreada por todo el público como si de un himno al desamor se tratase. El delay es rompe-almas, sabe cómo hiperventilar hasta la última vena del cuerpo.

A continuación sigue una de mis favoritas, rola idónea para incendiar los alrededores con aquel sonido alternativo-shoegazer: “Mi día favorita del mes”. El éxtasis se desborda por los nuevos discos y las nuevas drogas, y el guitarrista lo sabe, se ve obligado a estremecerse, inflarse, amplificarse hacia todo el público.

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“¿Cuántas veces les habrán roto la ilusión a estos boludos?”, pienso. “Ah, ¿por qué tuviste que decirme eso?”, me responde Santiago. “Sé que es lo peor, pero esta es la mejor versión de mí”, prosigue. Después de cada canción y cada refracción de aplausos Santiago levanta el pulgar y dice un “gracias” con risueño semblante.

“Esta noche me despierto y pienso en el tiempo perdido…”, dice el asesino de policías motorizados, quizás homenajeando a Proust. En el eco de tanto sufrimiento reflexiono que estas canciones son ideales para iniciar un romance a sabiendas de que está condenado al desastre o a convertirse en un fraude, un espejismo de lo que alguna vez hubo en el brillo de sus ojos.

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Las chicas bailan a mi alrededor, no pueden controlarse, nadie puede en realidad, se dejan llevar por el trance argentino que se ha metido por su garganta y ahora manipula cada una de sus extremidades; se ha apoderado de su voluntad.

“Desde el pueblo más lejano de acá…siguiéndote…”. La agrupación porteña nos lleva ahora por ese universo donde los sueños, los deseos, las añoranzas y las ilusiones siempre chocan con el cristal de lo que pudo ser.

“Todo llega a su fin”, dice Santiago, anticipando el cierre de un concierto que se ha tatuado en el jardín de los presentes. Truena entonces Más o menos bien, recordándonos que necesitamos un poco de plata para las cosas no se vayan a la mierda.

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“Ahora imagino que…” nos sorprenden los músicos motorizados, no sólo entonando que Ahora Imaginan Cosas, sino con una oda al romance: “Cuando juntes fuerzas las cosas van a estar mucho mejor…”, le canta Santiago a Jenny.

El parpadeo de las luces me recuerda lo itinerante y efímero que son las emociones, al igual que las desgracias y los conciertos. “¡Otra!”, gritamos aferrados, y la inesperada respuesta es una improvisada Chica Rockera. Y bueno, lo inevitable, el final, o mejor dicho, el “hasta pronto”.

Los músicos agradecen y nosotros sabemos que ahora los llevaremos con más fuerza como parte de nuestras vidas. No queda más que seguir con lo nuestro, sabiendo que, al menos por hoy y en este momento, todos compartimos ese sentimiento de que todo va a estar… más o menos bien.

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