Crónicas de un lava pisos

Por JD

INTRODUCCIÓN

La finalidad de un súper mercado es vender, vender a toda costa y con la menor posibilidad de pérdidas. Cuando digo vender no me refiere solo a la venta de los productos que se ponen a disposición de la clientela, sino también a venderse como marca, como servicio de calidad y como imagen; para esto el mercado cuenta con un gran recurso humano, y es muy apropiada la palabra recurso, solo manos y mentes a su servicio y con la misma finalidad: vender, ganar dinero y hacer que este súper mercado gane más dinero para así cumplir con ese ciclo sin fin en el que uno vende su fuerza laborar para vivir, como lo dice una canción de Los espíritus “Hacer girar la rueda que mueve al mundo”, la rueda del llamado capitalismo salvaje.

Trabajo para una línea de mercados reconocida a nivel nacional; mi departamento es el de imagen. Mi sucursal es la única que abre las 24 horas en esta ciudad, claro que hay más tiendas que permanecen abiertas las 24 horas, posiblemente de autoservicio, y por posible me refiero a que a veces nos toca ser atendidos desde una ventanilla, pero en este supermercado el cliente tiene la posibilidad de entrar y escoger lo que se llevará, a excepción de algunos departamentos como el de salchichería y mariscos, pero todo los demás están a su disposición.

Al ser 24 horas, el supermercado cuenta con un constante flujo de personas, entre clientes, personal de distintas áreas, promotores de distintas marcas, personal en bodega, además de personal administrativo y el personal nocturno. Entre estos últimos estoy yo, el colaborador de imagen. La imagen no es otras más que la limpieza. En pocas palabras, mi labor es trabajar en la vanidad del súper mercado.

Mis instrumentos de trabajo los iré presentando poco a poco, por el momento puedo decir que el turno nocturno lo cubrimos un guardia, un elemento de frutas y verduras, un carnicero, el subgerente nocturno, un cajero y yo. Cada quien tiene tareas que realizar durante este turno, el guardia da rondines y reporta cada media hora el estado de la tienda, el cajero además de cobrar limpia las cajas, el frutero saca merma (fruta o verdura podrida) y rellena sus vitrinas; el carnicero corta y empaqueta carne y las coloca en sus vitrinas, mientras el sub-gerente está encargado de poner al día las promociones de algunos productos. En fin esta es información que a grandes rasgos he ido observando, realmente de lo que sí puedo hablar es de mi área, pero para eso debo describir desde el principio ¿Cómo comienza mi noche?

 

9:45PM. TRANSCURSO

Esta ciudad se caracteriza por dormir temprano. A esta hora debo estar listo para tomar el transporte público. Por alguna razón (quizá sea el rumbo donde vivo) el transporte ya no regresa al centro de la ciudad. El supermercado donde trabajo está ubicado por la zona de la colchonera, la parada del trasporte es un lugar común, por lo regular no solo estoy yo, sino que me encuentro con personas que también trabajan de noche en la industria maquiladora; lo curioso es que ya nos ubicamos e incluso hemos tomado un taxi juntos para no faltar al trabajo a capricho del mismo transporte público.

Algo que debo dejar en claro es que yo entro a las 11:00 pm, así que arribo aproximadamente a las 10:15 a la zona de la colchonera y doy una corta caminata hacia mi trabajo. Casi diario (a excepción de mi noche de descanso) paso por un local de pisos y azulejos, un punto de reunión o mejor dicho un dormitorio para indigentes. Me resulta admirable como arman sus aposentos para dormir, parecieran sarcófagos de cartón alineados uno tras otro; mientras ellos se preparan para un viaje con Morfeo, yo camino a mi trabajo.

 

10:20PM

Debo confesar que de un tiempo a la actualidad me he vuelto algo sin vergüenza. La rutina de entrada es llegar y saludar, saludar a quien me encuentre. Esta es una hora ajetreada para el personal de cajas y para el guardia, es la hora de corte de caja. Por lo regular una de las dos puertas del súper ya está cerrada y el guardia anda dando rondín por las cajas junto a la jefa de esa área. Paso y saludo, saludo al frutero y entro por la puerta de bodega para llegar al área de personal, donde se encuentra el reloj checador, comedor, área de casilleros y baños.

Checo mi hora de entrada y dejo mi mochila, después bajo y me dirijo a la panadería, ya no hay nadie que atienda, tomo una bolsa y escojo dos panes para acompañar mi café; en lugar de dirigirme a cajas me hago el desentendido y me voy al comedor del personal, nadie me vio. En el comedor es común encontrarme a compañeros que ya van de salida, platicamos un rato y vemos la televisión mientras tomo café acompañado de mi botín.

 

11:00PM

Algunos días trabajo con mi jefe, es más rápido y cómodo, pero la mayoría de las veces trabajo solo, por medio de Whatsapp es como recibo instrucciones de lo que hay que hacer, que es ir a la entrada y sacar lo tapetes a la pequeña explanada de afuera. Parte de esto es saludar a “El blue”, quien se gana la vida lavando carros y juntando los carritos del mercado.

De regreso a la tienda veo el ajetreo en la zona de cajas un rato: dos cajas abiertas con enormes filas de clientes desesperados cada noche, ¡siempre hay gente! Después me doy un rondín por la tienda para ver cómo está el piso, recorro el súper mientras voy pensando lo que haré, después de un café se calienta el cuerpo, se comienza a soltar y me siento más ligero, por el uniforme, que es una camisa polo, una faja y un chaleco de color llamativo.

En el transcurso los clientes me preguntan sobre la ubicación de algunos productos, sinceramente muchas veces me hago el desentendido, más cuando la pregunta comienza con “Oye wey” o un “Ey”. La mayoría de las veces la pregunta es para saber si alguien está atendiendo en salchichería o en panadería. Algunas persona solo me dejan ver su descontento de la respuesta negativa y claro por otra parte me he encontrado personas muy amables que dan las gracias, bien dicen que en el modo de pedir está el modo de dar, aunque uno de los preceptos de la empresa es ser siempre “Formal y correcto”, nos traten como nos traten. Continúo con el rondín y dependiendo de cómo dejó mi compañero de la tarde el lugar, decido cómo iniciar la noche.

 

12:00AM. COMIENZA EL SHOW.

Comienza el show. En ocasiones lo primero es desmanchar. Este acto me ha hecho conocer mejor el piso, cada detalle, cada mancha que ya no se puede quitar, reconocer entre chicle pegado o caca de paloma seca; como dije anteriormente, es parte de la vanidad del mercado, un piso limpio y brillante.

Para desmanchar tengo que preparar el convertible amarillo (el carrito cubeta con trapeador) y andar por los pasillos. Haciendo esto ejercitas brazos, hombros, piernas y la paciencia. La gente es algo distraída (eso quiero pensar), aunque creo que es más el impulso por conseguir lo que buscan, porque aunque vean el piso mojado pasan por ahí, dejando sus huellas o las marcas de las ruedas del carrito. No puedo quejarme por eso, digo es mi trabajo, rápido se acostumbra uno a que literalmente pisoteen tu trabajo, pero se les advierte porque se pueden caer y siendo sincero he deseado que alguien se caiga para señalarle los letreros de piso mojado que se ponen por precaución.

En una ocasión le advertí a una señora que estaba a punto de pisar donde había un charco de agua provocado por la fuga en uno de los refrigeradores de congelados; se enojó, y cuando le dije que la advertencia era por su seguridad se enojó más, y así es como creció un centímetro más mi misantropía.

Pero de no estar desmanchando me toca lavar el piso, algo que considero muy divertido y relajante, echo a volar la imaginación desde el momento en que me pongo las botas y los guantes de hule. El primer paso para lavar consiste en bajar las cosas del almacén de imagen, que es el polvo o pasta para lavar, los discos con los que se talla el piso, un par de cubetas, extensión eléctrica, un recogedor, un jalador y un garrafón de agua potable, todo se acomoda en un carrito llamado plancha, que es una plataforma rectangular con ruedas.

Lo que sigue es dirigirme al lugar donde voy a lavar. Se cierra el área para que no pase el público. El piso se lava con una máquina (base circular y un manubrio ajustable) a la cual le llaman “La bailarina”. En la bailarina se ponen los discos que son de diferentes materiales, realmente no sé cuál es el nombre del material del que están hechos pero sé que uno le llaman pelo de cochi.

Paso uno, esparcir un puño de pasta sobre el área; paso dos, echar el equivalente a medio litro de agua purificada –esta agua junto con la pasta es la que le saca brillo al piso–; paso tres, prender la bailarina y comenzar a mezclar el agua con la pasta. A veces me pongo los audífonos para escuchar algo de vapor wave. Dicen que la vida real no tiene soundtrack, pero en ese momento no siento que estoy en la vida real, estoy en mi propio mundo onírico, que según una canción de Maldita Vecindad de la noche son las cosas del amor, y heme ahí con la Dancing queen (La bailarina) y mis pensamientos.

De verdad le he encontrado el lado terapéutico a este trabajo, mientras lavo voy viendo mis adentros, voy pensando que quizá me pase lo que a Rockdrigo Gonzalez que ya no tuvo tiempo de cambiar su vida, estoy creyéndome un maestro agua como los de Ávatar con el vaivén de las olas de pasta y mugre, suspiro y pienso en el posible brillo que tendrá el piso, si podré ver el reflejo de mi alma en él, me vienen tantas preguntas sin respuestas como: ¿Por qué no estoy con mi familia? ¿Qué estará haciendo mi perro en casa? ¿Encontraré el amor por estos pasillos? ¿Qué necesito para ser feliz? ¿A Dios? ¿Al Diablo? ¿Mi madre? ¿El amor? Y de repente…

“¿Oiga puedo pasar?…”, ¡No! ¿Que no ve que le estoy buscando un sentido a mi existencia en este remolino de agua y mugre? Bueno, obviamente no doy esa respuesta, a veces ni siquiera escucho esta última pregunta por traer los audífonos puestos, simplemente la deduzco. Por lo regular le doy de seis a ocho pasadas con la Dancing queen, cuando comienzo a resbalarme quiere decir que el piso ya está limpio.

Paso cuatro, juntar y recoger el agua. Algo que olvidé mencionar es que lavo por tramos cortos, esto para evitar que se seque la pasta, si esto llega a suceder el piso queda más opaco que si estuviera sucio, por eso procuro dividir el espacio a lavar y usar bastante agua; el paso cinco es cambiar de lugar.

Una vez terminado de lavar, acomodo las cosas en su lugar, después me quito las botas de hule; estas botas rompen calcetines con una facilidad increíble, además de que sudan mucho los pies.

 

3:00AM. ENTREMÉS.

Trato de terminar de lavar a esta hora, aunque no siempre es exacto, a veces me paso por 20 o 30 minutos, pero se recoge rápido, el hambre es canija dicen, creo que por eso a esta hora soy más ágil. Muchas noches he ido sin llevar nada para comer y no por flojera, después de algunos meses aun no me acostumbro a dormir de día y trabajar de noche; cuando me despierto ya es tarde para cocinar algo.

Un amigo me comentó lo deprimente que se le hacía la comida que se prepara en los supermercados. Pobre, si cree que en la vida diurna es deprimente, debería ver la que se queda toda la noche: pizza seca que parece cartón con peperoni, pollo estilo Kentuky reseco acompañado de puré de papa echado a perder y dos que tres guisados rancios con valor de 40 pesos el platillo, y claro, con un súper descuento del 3% para los empleados; creo que anteriormente ya mencioné lo sin vergüenza que me he vuelto.

Por cátedras de un compañero de abarrotes aprendí a encender la máquina de capuchino y cómo despacharme jamón, también puedo hacerme el desentendido con las frutas o sencillamente comprar una sopa de vaso y prepararla en el microondas. Cuando hay presupuesto salgo a la farmacia 24 horas que está a un lado del supermercado, punto de reunión con choferes de Uber y policías, que tiene cocina con una variedad en el menú que se limita a tortas, burritos o sándwiches.

A veces me la paso solo en el comedor, bueno, no tan solo, siempre estoy acompañado de buenos infomerciales en la televisión ¿Problemas de impotencia sexual? ¿Cómo preparar un estofado perfecto? ¿Su recibo de la luz siempre le llega alto? ¿Algún ser querido padece de pie diabético? Son las preguntas de todas la noches a las 3am, y claro, acompañadas de algún buen testimonio, aunque les preste poca atención se me quedan grabados por lo constante y repetitivos que son,

En ocasiones me acompaña el compañero de frutas y verduras, puede que pasemos el rato en el comedor o nos vamos a lobby a platicar con el guardia y el cajero, hablar de lo que pasa en nuestras vidas, chismes del supermercado o del algún tema de interés, entre albures y buena vibra, con comida robada o comprada; es la hora de la noche que más rápido se va.


4:00AM

Me pongo a deambular por la tienda. Una de las cosas que me gusta de este trabajo es que nadie me presiona, soy “libre” de alguna manera. Mientras camino imagino que estará haciendo mi perro, no sé, una fiesta canina, una marihuaniza total, pienso “¿qué pasaría si las manecillas del reloj giraran al revés?”. Luego me da el anhelo de que posiblemente no necesite trabajar, podría ser un feliz vagabundo recorriendo el planeta acompañado de mi french poodle.

Entre tanto pensamiento y análisis he dejado pasar detalles como una pareja en el pasillo de lácteos que posiblemente esté robando queso, unas personas que toman el pan y se lo van comiendo, algún teporocho embolsándose cerveza, señoras con depresión robando cremas o medicamentos, el tipo que siempre agarra duraznos o manzanas y que al verme me sonríe y me hace una señal de silencio. Es el punto en que sinceramente no me importa nada, es la hora en que quizá me encierre en el baño a revisar el Facebook y ver memes por un buen rato o me siente en el comedor esperando a que terminen los infomerciales en la televisión para escuchar el himno nacional.

Entre lo existencial que me pongo a esa hora voy recobrando fuerzas para continuar, curiosamente siempre pienso en la misma pregunta ¿Será que el disco de pelo de cochi podría sacarle brillo a mi vida? Como todas las demás, tampoco tiene respuesta.

 

5:00AM

La pulidora es una máquina de base circular, funciona con un motor de gas y tiene un manubrio parecido al de una motocicleta, pero es tan vieja y con tantas mañas que bien podría tener más similitud con el Halcón milenario de Star Wars. Ocupa conectarse a la corriente para encenderla, no le sirve la palanca de velocidades y hay que arrancarla desde el acelerador directo al motor (una placa de metal con un resorte).

Aun con estos detalles la pulidora ronronea como un Volkswagen, otra aventura está por comenzar, no sé si sea yo recorriendo la galaxia, yo cabalgando sobre los lomos de Pegaso o un Easy Rider en una road movie conquistando los caminos de mi vida; imaginar cualquier cosa es mejor que verme en el reflejo de alguna puerta de vidrio del área de congelados, como el patético lava pisos que recorre por enésima vez los pasillos del mercado.

Primero me dirijo al área donde lavé y con la pulidora quito los restos de pasta seca que quedó. Según el gerente la pulidora debe llevar el disco de pelo de cochi, porque según este mismo le saca más brillo al piso; tengo la esperanza que también le saque brillo a mi vida.

Doy un recorrido aproximadamente de 45 minutos, no siempre pulo todo el mercado, solo áreas principales como entrada, lobby, pasillo de lácteos, frutas y verduras y licores, lo demás lo dejo a la suerte o a la voluntad de mi humor a esa hora, llega un punto en que me enfado y apago la pulidora.

Después de guardar la pulidora salgo por lo tapetes. Para esto El blue ya los sacudió, solo queda colocarlos en su lugar, en la entrada del mercado. Mientras hago esto contemplo el cielo; me gusta ese color entre azul, morado y anaranjado, marcando el final de mi noche y el inicio del día para mis compañeros que van llegando.

 

6:00AM

Solo me queda cambiarme, checar y entre despedidas y saludos, salir del súper mercado.

No me puedo quejar, ni en esta que es mi última noche aquí. Dicen que el trabajo dignifica, creo que esto es relativo, pero en mi experiencia puedo decir que sí: el hecho de conectarme conmigo mismo me ha hecho valorar mi vida y valorar mi trabajo, y aunque cada día es pisoteado lo veo como una posibilidad de soñar y crecer, es como aquel que en cada derrota ve la oportunidad de comenzar de nuevo; al lavar el piso también me lavaba a mí.