A DOS DE TRES CAÍDAS: Yo no olvido el año viejo

“EL Cuervo observó a las personas que por fuera deseaban parabienes para un nuevo ciclo anual, mientras por dentro afilaban sus mejores armas para sobresalir sin importar cómo.

Arturo Ruiz, El Súper Cívico / 4 Vientos

Vio abrazos y sonrisas, personas vistiendo sus mejores galas, evocando lo bueno del año que terminaba y escondiendo con hipócrita tolerancia los sufrimientos y heridas recibidas.

El Cuervo, sintiéndose un tanto solo, recordó a la bella y sencilla Flor que conoció en el verano y con la cual trabó una buena amistad; tan buena como puede darse una amistad entre una planta y un animal, por supuesto.

Así, el Cuervo llegó volando al prado donde vivía la Flor y en su lugar sólo vio hierbas secas y semillas esparcidas.

Entendiendo que aquella Flor ya se había ido, levantó el vuelo hasta lo más alto de la estratosfera volando en amplios círculos mientras abría y cerraba con vigor sus poderosas alas, y cuando por fin pudo llegar al cenit del cielo, descendió en picada, pero haciendo girar su cuerpo como si fuera una espiral.

Y dicen los que lo vieron que fue tal la furia de aquel vuelo, que de ese frenético ascenso y descenso se formó un enorme torbellino que borró todo lo que encontró a su paso.

Mientras esto sucedía, el cuervo volaba a nuevos lares pensando que lo nuevo solo puede surgir cuando no se deja nada atrás, todo los demás deseos y propósitos terminaran siendo una mera continuidad de lo ya vivido.

Frenó de pronto su vuelo y sin volver la vista atrás, lanzó un graznido que llamaba a futuras vivencias.”

Foto: Hius

Pues sí, se fue el 2018, no ganamos el mundial de futbol soccer, murieron muchos amigos, muchos proyectos se quedaron en el tintero, se lograron objetivos y se trazaron metas. Se rompieron lanzas, compromisos y amistades.

Ganó AMLO y ganó así el Pueblo Mexicano; perdieron los Fifís, los transas, los corruptos prianistas, temblaron los que dese arriba se empeñaron en joder al pueblo, usando a políticos sin escrúpulos y sin moral alguna.

Este 2018, vi morir amigos, supe de la muerte de valientes periodistas y defensores de derechos humanos, me sentí terriblemente lejos de mi madre y hermanas. Al paso del tiempo advertí traiciones ya anunciadas y conocidas.

Para finalizar este ciclo anual, vi el asombro y estridencia mediática y política que causo la muerte de una pareja de millonarios políticos, ambos cónyuges, ambos henchidos de poder político y económico, ambos compartiendo el destino de Puebla desde la esfera pública.

Su muerte debido al desplome de un lujoso helicóptero privado, causo alerta, alarma, llanto de propios y extraños, exigencias de investigación a fondo sobre ese hecho, la “canalla política” se transformó en loro de un millón de voces que sin el menor escrúpulo inocularon el veneno de un supuesto asesinato político…

Y una semana después mueren SIETE NIÑOS, siete pequeños pobres, murieron en una casucha de madera, de esas en donde viven los pobres. Pero esas muertes no causaron revuelo, ni exigencias, ni nada, es mas no removieron conciencias.

La rana y el alacrán (Imagen: Facebook).

Esto es así porque es de sobra conocido que, en nuestra tierra, la muerte de los pobres, de los sin nombres, solo engrosan las estadísticas de decesos… Pero a mi si me duelen.

Y como esos siete niños de Iztapalapa, a lo largo y ancho del país, cada invierno mueren niños pobres, mueren por incendios, por enfermedades curables, mueren por intoxicación… ¡mueren por pobres, Carajo!!!

A la par, mientras esto sucede, nos mueve más la agenda política y el futurismo electoral, nos asombra la conversión de tricolores y azules en morenos, lo cual está bien porque así se fortalece la fuerza política del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Solo queda esperar que esos conversos lo sean de verdad, no vayan a resultar como el alacrán aquel que habiendo quedado varado a mitad de un río sobre una roca, ante la creciente del caudal.

Y viéndose en tan terrible situación, le pidió a una rana que lo sacara del agua sobre su lomo, la ranita lo pensó, sabiendo que el Alacrán suele picar e inyectar su letal veneno a quien se le acerca. Pero compadeciéndose de la situación del alacrán, accedió a llevarlo, y estando los dos en la corriente del río el alacrán pico mortalmente a la rana y cuando esta le pregunto porque lo había hecho, el arácnido solo respondió: es mi naturaleza. Y así, el caudaloso río se llevó a ambos…

Ojalá no le pase eso a MORENA, porque sin filtros pueden entrar uno que otro alacrancillo por ahí… ¿O no?

PD. ¿Recuerdan algunos de ustedes la canción de “El año viejo”? Una canción que fue interpretada por el mexicano Tony Camargo, del compositor colombiano Crescencio Salcedo; pues resulta que esta rolita guapachosa cumple este año su 65 aniversario y que además entre los de mi clase social ya se volvió un clásico… porque así es, yo no olvido al año viejo… Ajua!!!

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