SALTO CUÁNTICO: La reforma de la reforma de la reforma de la…

El magisterio nacional ha pasado por una buena cantidad de reformas en materia de planes y programas, antes de abordar la propuesta por parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que por cierto se centra en el rescate de la figura del docente como motor principal para el logro de los aprendizajes y su irrestricto respeto como profesional del ejercicio educativo.

Hasta el cansancio se ha mencionado la necesidad de quitar los aspectos punitivos de las evaluaciones docentes y el condicionamiento de permanencia, puntos álgidos que llevaron a enfrentamientos violentos principalmente de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), no por el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE) que asumió una postura negligente, tibia y desesperanzadora para con sus agremiados.

José Luis Treviño Flores/ A los 4 Vientos

Las agrupaciones de la sociedad civil, así como senadores y diputados de los partidos afines a la Reforma Educativa de la administración anterior, arremeten a diario con argumentos en torno a la desaparición del Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (INEE). Mencionan que es muy peligroso desmembrar un organismo que vigila el desempeño y calidad del ejercicio docente. La realidad es que jamás el INEE hizo tal cosa.

El instituto se dedicó a elaborar instrumentos de evaluación estandarizados y a sancionar laboralmente a quienes se negaron a ser partícipes de dichas evaluaciones. El INEE nunca proporcionó capacitación más allá de reglas y formatos encaminados a contestar evaluaciones de desempeño y exámenes, que por cierto no reflejaron ningún ejercicio contextualizado encaminado a la superación profesional o a la formación docente. Tan es así que dichos procesos de evaluación estaban plagados de una metodología discursiva que se prestó para involucrar evidencias, ensayos y tareas apegadas al cumplimiento de un requisito, no de un crecimiento académico que se viera reflejado en la práctica áulica.

Maestros y directivos vivieron un infierno administrativo que los orilló a descuidar sus verdaderas funciones, no sólo por la amenaza de perder la plaza laboral, sino por la carga estéril de llenado de formatos en línea y la preparación para contestar un instrumento que al final ni siquiera era relevante para el ejercicio mismo del desempeño. Finalmente las personas que fungieron como evaluadoras del proceso tenían rúbricas específicas, frías y sin espíritu pedagógico, que terminaron por descalificar o encumbrar dependiendo de una triangulación de información poco efectiva.

El gasto económico, social y humano fue devastador, deviniendo en el distanciamiento de las comunidades con las escuelas, padres de familia confrontados con los otroras líderes pedagógicos de sus hijos.

Si hacemos una retrospectiva el estado mexicano nunca se ha hecho cargo de cumplir el segundo rasgo de la educación pública, la gratuidad. En términos reales como pronuncia a cada rato AMLO, la  construcción de los edificios escolares y el otorgamiento del mobiliario inicial ha sido siempre la única participación del gobierno federal y no en todo el territorio, sabemos que existen regiones olvidadas a las que nunca han llegado ayuda, programa o auxilio alguno.

Pese a iniciativas que pudieron ser exitosas de existir continuidad, los cambios sexenales se la han pasado sepultando reforma tras reforma y programa tras programa por intereses contraídos con la visión empresarial y global según las exigencias de ofertas laborales.

La educación secundaria técnica tuvo un auge preponderante durante la urgencia de capacitación en artes y oficios en los 70´s; se equiparon los planteles para formar técnicos básicos según su región, hubo técnicas agropecuarias, torno, industria del vestido, taquimecanografía, entre otros oficios; las escuelas técnicas llegaron a tener una plantilla completa donde incluso había médico y enfermera, orientación vocacional, trabajo social, asistencia educativa y el personal docente.

Al igual que el boom tecnológico impulsado por el gobierno de Vicente Fox cuando se equiparon las escuelas con aulas telemáticas, pizarrones inteligentes y sistemas de cómputo con señal satelital, también antes hubo maquinaria para mecánica automotriz y carpintería.

Dotar de cierta infraestructura y tecnología requiere mantenimiento continuo y constante que ningún gobierno ha proporcionado, en el momento que llegan los materiales se convierten en responsabilidad de los planteles y de los padres de familia, quienes a la vuelta de dos ciclos escolares ya no pueden sostener su mantenimiento. Así que se vuelve al mismo círculo vicioso de priorizar infraestructura o mantenimiento, papelería o servicio de internet. Las cuotas de los padres más las actividades de recaudación han sido la única fuente para sostener las instituciones educativas que sobreviven apenas. Aunado a ello, el discurso despiadado de que los padres no están obligados a aportar la cuota voluntaria, pone a las escuelas en guerra financiera y a valerse de un sinfín de estrategias hipervigiladas que terminan por  arrumbar cada insumo tecnológico y técnico, puesto que no pueden dar continuidad, actualización ni mantenimiento.

Por otro lado las cooperativas escolares funcionan mediante un concesionario que paga una renta semanal vendiendo comida chatarra y a costos altos para el alumnado. Dicha renta se convierte en recursos propios, que se asumen complicados de utilizar, al tener que solicitar las direcciones de las escuelas, tres presupuestos para poder comprar desde hojas, hasta pintura o mesa bancos. Los servicios educativos de las entidades ponen lupa a las aportaciones tanto de padres como de recursos propios, los gobiernos estatales y federal no dan un peso, pero fiscalizan cada centavo aportado.

Ninguna reforma tendrá impacto mientras las comunidades escolares continúen auto sustentándose confrontadas y responsabilizando a los maestros del fracaso educativo. Una verdadera educación gratuita debe proveer todos los recursos y herramientas para el logro educativo. Las cooperativas deben ser verdaderos comedores con dieta balanceada y a bajo costo.

Cada institución debe poseer no solo tecnología sino infraestructura adecuada y en armonía pedagógica que fomente ambientes de aprendizaje. Con buenas intenciones no dará México el salto cuántico de una educación mediocre a una de calidad. El personal existe, el talento también, pero ningún profesional de la educación debe estar enfocando todo su potencial en solucionar cómo poner un tornillo, reparar una ventana, conseguir un foco, antes que enseñar.

Para sacar al sistema educativo del abismo medieval, el gobierno federal y estatales deben asumir y destinar presupuesto integral, de lo contrario continuaremos observando con miradas lánguidas y ociosas a países que destinan millones para hacer de la educación pública, gratuita, laica y obligatoria, la piedra angular del futuro, donde ricos y pobres comparten el mismo espacio pedagógico en escuelas sembradas a lo largo y ancho de su territorio que lo mismo da, estudiar en una urbe que en una región rural como Finlandia por dar un ejemplo.

Hablar de educación de calidad e integral, es un binomio peligroso que ya en el 2006 en la llamada originalmente Reforma Integral de la Educación Secundaria (RIES), pasó casi de inmediato a renombrarse RES, quitando la palabra Integral por las implicaciones de compromiso gubernamental imposible de cumplimentar con una política educativa neoliberal diseñada para simular y solo formar perfiles mediocres de egreso de educación básica por la difícil tarea de un trabajo áulico con todo en contra. El discurso pedagógico de una formación basada en competencias ya demostró el fracaso formativo al extenderse hasta el nivel superior con egresados incompetentes y faltos de habilidades básicas de lectoescritura, pensamiento matemático, científico y artístico, no se diga la formación en valores, civismo y actitudes de inclusión, trabajo en equipo y equidad. Por el contrario, se forman generaciones individualistas, apáticas y mal preparadas en su mayoría.

La iniciativa mandada por Andrés Manuel López Obrador al Congreso, plantea en la reforma al artículo 3ero constitucional, “La educación es un derecho de toda persona para alcanzar su bienestar. El  Estado garantizará su impartición, la cual deberá cumplir con los principios de ser universal, gratuita, laica, obligatoria, democrática, integral, equitativa y de excelencia”

Sólo con éste apartado, AMLO o se encumbra o se sepulta políticamente. Cada adjetivo, desde universal hasta excelencia, implican un altísimo presupuesto y respuesta progresiva a mediano plazo sin eclipsar un ápice el objetivo final que versa: “La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano (…). Dichas propuestas de reforma no deberán ser más un discurso estéril o de lo contrario estaremos condenados a la eterna mediocridad como país.

Se sabe que la ahora oposición de ultraderecha hará hasta lo imposible por frenar cada iniciativa en beneficio de las mayorías y renegando por su amada política macroeconómica que jamás logró aterrizar hacia la mejora social, todo lo contrario, hoy por hoy la república sigue secuestrada por el crimen organizado y la pobreza extrema.

Debemos otorgar a éste nuevo régimen que comienza el beneficio de la duda más allá de la presente legislatura y sexenio, ya que salir del terrible abismo de impunidad y corrupción no es tarea sencilla.