SALTO CUÁNTICO: Cosmogonía

“No me creas demasiado optimista; conozco a mi país, y a muchos otros que lo rodean. Pero hay signos, hay signos.”

Julio Cortázar.

Criticarán los conservadores hasta el tuétano, pero las imágenes previas a la entrega del Bastón de Mando por parte de las comunidades indígenas al presidente de la República Andrés Manuel López Obrador, en una ceremonia fresca, auténtica, llena de humildad y grandeza ancestral que mostró al mundo el México autóctono de raíces vigentes, sólidas y jamás sepultadas pese a siglos de coloniaje.

José Luis Treviño Flores / 4 Vientos / Foto principal: Animal Político.

Por más que la despótica oligarquía y sus esbirros políticos de ultraderecha mantuvieron el velo del olvido y el descarte, mostrando únicamente la frívola parafernalia de un folklore a modo sin la esencia de sus protagonistas, la población indígena sigue ahí y no deberá ser más icono de oscuras pretensiones políticas.

Pudieran los detractores pensar una evocación del espiritismo de Madero o un regreso a las supersticiones paganas fuera del catolicismo. La realidad es que el sincretismo pronunciado a lo largo de los siglos jamás ha sepultado los símbolos más arraigados en el imaginario de los compadritos de la tradición mexica.

Se sigue danzando a la madre tierra Tonantzin y se continúa arrojando a los 4 puntos cardinales la energía primigenia de la mándala humana, poniendo como centro de poder, semejante a su significado como ombligo de la luna, ahora y siempre en medio de la América Latina toda a México como derrotero de esperanza iniciando un trayecto que no debe tener marcha atrás.

La profunda humildad confundida con sumisión por ladinos y criollos, mostró en el Zócalo, el pasado primero de diciembre, cuánto orden y religiosidad sin dogma tiene nuestro pueblo y es capaz de ligarse a un poder superior de creencia compartida, dejando a un lado cualquier prejuicio de fe aprendida.

Foto: SDPNoticias.com

No fue el mexicano católico fanatizado el que vimos, fue el vibrante origen de un pueblo que se niega a perecer a entregar su dignidad.

Los brazos arriba y la mirada en un horizonte imaginado, la fuerza de creer que podemos ser libres por fin, impregnados del copal y las flores, dando el mando a un presidente elegido por todos. Solamente quienes vivimos la esencia del olor a tierra mojada, hollín, pisar el barro, andar entre el aroma de tortillas recién hechas y los frijoles de la olla, el chile de molcajete, la algarabía del día de muertos, los tianguis y el jolgorio, sabemos qué se siente ser mexicano y cuánta rabia da no poder sentir nuestro lo que tocamos a diario desde niños.

Es por ello que la ceremonia de investidura, no la del Congreso, sino la de la plaza entre el Palacio Nacional y la Catedral, ahí el pueblo todo puso nombre a su desafío. Ya no se trata de empoderar un caudillo rebelde porque sí; AMLO y sus seguidores más devotos ante los ojos de sus críticos oscilan entre el fanatismo y el culto a la personalidad, pero, ¿acaso México todo no ha puesto sus confianzas sin menoscabo a otras fuerzas políticas?

Una y otra vez hemos sido traicionados pese a la entrega sin prejuicios de nuestros rumbos como nación a personajes oscuros que se han aprovechado de la siempre visión en la fe de mejores tiempos con discursos incendiarios, apasionados y cargados de esperanza. El ahora sí es la buena, se convierte siempre en mayor hastió plagado de engaños y falsas expectativas.

Nunca antes un mandatario se había arrodillado ante nada ni ante nadie, esa imagen que quedó para la historia debiera significar el lema de Andrés Manuel: “gobernar con el pueblo y para el pueblo.” Y si así no lo hiciere, que el mismo pueblo se lo demande, porque no puede realizar semejante acción de nobleza y humildad de profundo humanismo y pasar por encima cual líder fantoche.

Foto: El Siglo de Torreón

Sus palabras, como cuchillo afilado, están guardadas en la esperanza de cada hombre y mujer mexicanos que por décadas asumieron que jamás nada iba a cambiar. El gran pero es si ésta vez sabremos exigir que se cumpla lo prometido, y no sentarnos a ser espectadores de un solo hombre para convertirlo en un caudillo amargado.

Una transformación y cambio de régimen no es guardarse en pupa esperando una metamorfosis darwiniana sin intervención de nadie, como sociedad no debemos quedar catatónicos ante semejante hecho histórico. Creer no es suficiente cuando abandonamos las expectativas. Que no sea una catarsis perene de ruptura con los símbolos del neoliberalismo, abrir Los Pinos, vender el avión presidencial, clausurar el Nuevo Aeropuerto no significan nada si sobre sus escombros hacemos una bacanal. Construir y trastocar en cada proyecto de transformación social, cultural y económico, es un reto sin precedentes que requiere un ejercicio de reeducación y ciudadanización.

Así pues ningún acto público, ningún discurso, ninguna buena intención, ninguna ley, ningún proyecto de nación prosperarán si nos sentamos a criticar, a menospreciar y a hacerle el caldo gordo a la ultraderecha cayendo en su absurdo conservadurismo. De todos depende; no de un presidente arrodillado que deberá estar a la altura 6 años de sus propias convicciones, pero no confundamos el querer con el hacer, la puerta está abierta, el camino está apacentado, comulguemos en el imaginario más sublime de una nación como la nuestra de una cosmogonía profunda y ancestral, ser libres.

“Sueño un país que ignore el sufrimiento, en el cual nadie de soledad padezca y los corazones se atrevan a la esperanza sin que un manto oscuro sus deseos ennegrezca.”

Emile Armand

Si deseas leer más de SALTO CUÁNTICO, haz click en la imagen: