A DOS DE TRES CAÍDAS: Dios no ocupa intérpretes, él habla hasta en  éxodos.

“Una gota de agua del rocío mañanero, se desliza por el haz de una hoja, por su envés, una Catarina avanza y llega al extremo superior de la planta, el sol brilla y se refleja en la planta húmeda, en la minúscula gota de agua, en el lustroso caparazón naranja con vivos negros de la Catarina.

“Un pequeño niño se acerca a la planta, ve con curiosidad innata a la Catarina, extiende su dedo hacia ella y esta sube a su pequeña falange, el niño eleva su mano y el insecto, abriendo sus élitros despliega sus membranosas alas y levanta el vuelo hacia el sol…

“Una mujer, anciana ya, reposa, desfallece para ser más preciso, está en espera de la muerte. Su cara surcada de arrugas, su mente surcada de recuerdos y su alma agitada de tantos y tantos sentimientos vividos.

“En su lecho de madera, en una esquina asoma sus alas una blanca mariposa recién salida del capullo, sus escamosas y nítidas alas, aún están endureciendo, el sol está en su punto más alto, a los lejos, se ve a un niño en el campo y más allá, se aprecian montañas de rocas y bosques profusos, el sol sigue su viaje y la mujer expira, su alma se va, tenue… y junto a ella, en otro plano, la nívea mariposa levanta un vuelo sublime, hacia el sol…

“En la roca aparentemente, desnuda se ven escamas rugosas, amontonamientos de colores escamosos, son líquenes simbiótica forma de vida entre hongos y algas, ese liquen devasta lentamente la piedra y la piedra aporta así su parte a la tierra, en ésta yacen restos de plantas, animales y uno que otros sueño ya caído y olvidado, todos son parte de la tierra.

“Un hombre maduro abre la tierra, cavando una tumba, cerca de él, el féretro con el cuerpo de su madre a quien regresa a la tierra. Y el sol cae y un niño que ya desfallece de cansancio empieza a soñar que una Catarina lo llevara volando a conocer el mundo y siempre siguiendo al sol… al cálido sol.”

Veo en televisión, en las redes sociales y oigo en la radio en forma cada vez más frecuente a ministros religiosos, pastores, sacerdotes y líderes de distintas sectas, todos ellos parecen hablar de amor y sin embargo, se descalifican unos a otros, siembran temor a dios entre sus oyentes y feligreses y todos se dicen dueños de la verdad y aducen que su dios es el verdadero. Como si eso importara.

Arturo Ruiz, El Supercívico/ A los 4 Vientos

Dios o el Gran Arquitecto de Universo, no ocupa intérpretes, no ocupa templos, ni sacrificios, ni aportes monetarios.

Quizá ocupa que todos comprendamos que la naturaleza misma es nuestra deidad, que nuestra razón no debe obnubilarse por fanatismos sectarios y que la fe es un instrumento poderoso que nos permite impulsar y creer en nuestros sueños más profundos de amor, libertad y felicidad.

Ahí está esa deidad, dentro de cada uno de nosotros, en las plantas, los demás animales, en las miradas y sueños, en las almas cálidas y frías, en los versos, fragancias y cantos de las aves.

Y viene un éxodo de Centroamericanos, tan cercanos a nosotros, que parecemos los mismos y sin embargo, los discriminamos los estigmatizamos, tal como a los nuestros los estigmatizan en tierras de anglosajones, tierra a la que llegaron como inmigrantes y que posteriormente saquearon y robaron a los habitantes nativos de América del norte.

El viacrucis de los migrantes, un fenómeno social en el mundo del neoliberalismo. Foto:internet

Esos hondureños están huyendo del terror, de la violencia,  de la pobreza y de un gobierno que ha privatizado todo hasta los servicios de salud.

Esos seres humanos, esas personas son como nosotros, pero viviendo otra realidad, y de lo que sucede ahí en Honduras no tenemos informes profusos en redes y medios de comunicación… ¿Para qué? si Honduras no es socialista, si en Honduras no hay petróleo como en Venezuela… y escuchamos decir en la tierra del Emperador Trump: pobres venezolanos bajo el yugo de Maduro y peligrosos hondureños, maras ignorantes, manipulados y hambrientos que no entienden al capitalismo progresista del neoliberal Juan Orlando.

Los migrantes acampan donde llega la noche y el cansancio extremo. Foto: internet

Trump no quiere a los hondureños fuera de Honduras, no los quiere en su país, y exige a los gobiernos de México, Guatemala y el Salvador que detengan a los migrantes, él no los quiere en los USA, no le sirven, no los necesita, los hondureños valen más sometidos al yugo bananero de Juan Orlando Hernández presidente de Honduras, reelecto con graves señalamientos de fraude y corrupción.

Y aún así, los torpes, ignorantes y petulantes mexicanos de todas las clases sociales se espantan, se indignan y exigen mano dura y la expulsión de los hondureños de tierras mexicanas; son tan idiotas que no se dan cuenta que ellos son como nosotros, no nosotros como los gringos… Parecen no entender estos racistas ignorantes que  todos migramos en algún momento, nadie es totalmente nativo de ninguna parte, todos somos pasajeros temporales en la tierra, en la vida y en la muerte.

Y no entendemos que no basta rezar, ir al templo, leer y orar las palabras sagradas, si en la vida real somos incapaces de ayudar al prójimo, de tender la mano al necesitado y si ponderamos como más importante la acumulación de bienes antes que el bien común.

Exhausto, un niño se queda sentado en el suelo, sin más compañía que su mono de peluche, entre migrantes hondureños que son parte de una caravana que intenta llegar a los Estados Unidos, en la ciudad de Guatemala, Guatemala, 17 de octubre de 2018. Foto: REUTERS / Luis Echeverria (reuters_tickers)

Es cierto, amar duele pero duele más saber que la humanidad se pierde en su vanidad, sus sofismos y ambiciones y que por ello destruyen todo, derrumban todo, para ir construyendo su propio ataúd en forma de templos o castillos y en éstos se atreven con gran cinismo a hablar sobre la palabra de dios… ¿o no?

Pd (vi en el éxodo que recorre tierras mexicanas a un niño centroamericano que casi desfallecía, lo vi con sus pies reventados, desnutrido, pero en el brillo de sus ojos, creí ver sus sueños y a un poco de dios…)