SALTO CUÁNTICO: De migración a migración

“¿Por qué hay gente que se cambia de país? ¿Qué la empuja a desarraigarse y dejar todo lo que ha conocido por un desconocido más allá del horizonte? ¿Qué le hace estar dispuesta a escalar semejante Everest de formalidades que le hace sentirse como un mendigo? ¿Por qué de repente se atreve a entrar en una jungla foránea donde todo es nuevo, extraño y complicado? La respuesta es la misma en todo el mundo: la gente se cambia de país con la esperanza de encontrar una vida mejor.”

Yann Martel

Los fenómenos migratorios en la historia de la humanidad conllevan procesos complejos y enfocados en las necesidades específicas dentro de las relaciones económicas capitalistas entre países desarrollados y los países denominados en vías de desarrollo. La dependencia obligada por medio de los proyectos macroeconómicos en suelos tercermundistas y con la venia de gobiernos corruptos que entregan recursos naturales, mano de obra barata y concesiones diversas en completa desigualdad, marginando posibilidades de desarrollo humano, industrial, de servicios, turísticos, de salud y cada iniciativa de pequeñas y medianas empresas nacionales. Los grandes potentados económicos que rigen las políticas de inversión en gobiernos latinoamericanos, negocian con las economías globales sin considerar el capital humano, cultural, ambiental, etnias ancestrales y la enorme diversidad que significa desde la Patagonia hasta la frontera norte con Estados Unidos en el caso de nuestro continente.

José Luis Treviño Flores/ A los 4 Vientos

En un estudio de Sandra Gil Araújo “Cartografías migratorias: migraciones internacionales en el marco de las relaciones Norte-Sur”, la investigadora explica:

Migrantes centroamericanos piden la solidaridad del pueblo mexicano. Foto: internet

“Los mecanismos de conexión entre países de emigración e inmigración son múltiples, pero existen algunos predominantes: los lazos coloniales y neocoloniales; los vínculos económicos (inversiones, comercio, turismo), reforzados con la internacionalización de la producción, y las redes migratorias, hiladas por los propios inmigrantes a partir de estas dinámicas pero que con el tiempo adquieren una lógica propia. La ayuda exterior, las intervenciones militares, políticas y económicas, e incluso la política interior (como la subvención a productos nacionales que dejan fuera de juego a las economías de los países dependientes) construyen, aun sin pretenderlo, puentes que favorecen las migraciones.”

La intervención depredadora, la transculturización obligada mediante acuerdos en telecomunicaciones sin restricción alguna, el bombardeo mediático de valores burgueses conservadores, la individualización de todos los procesos humanos, desde políticas laborales y educativas, logran con el tiempo la pérdida de identidad, de colectividad y por supuesto se incentivan la frivolidad y deshumanización ante la tragedia de una migración masiva forzada donde el riesgo inherente a la misma, conlleva a pérdida de vidas, violaciones a los derechos humanos, esclavitud, abuso en todas sus manifestaciones, desprecio, xenofobia y la propia implicación de la raíz etimológica de la palabra, “miedo a los extranjeros”, alentado de manera irresponsable por los lideres capitalistas, promoviendo una psicosis colectiva encaminada a que las poblaciones establecidas teman por su falso status quo, ya que, de seguir y apoyar las políticas mencionadas y los discursos de odio, más temprano que tarde las poblaciones serán alcanzadas y obligadas a migrar ante el desempleo, el hambre, la inseguridad y la desintegración social.

Mientras que, durante la consolidación de las potencias capitalistas la migración fue necesaria promoviendo rutas de trabajo agrícola, industrial y de servicios, hoy se promueve el no te muevas o te mueres.

Desde finales del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, Latinoamérica ha contribuido enormemente en un doble rol de explotación, una con mano de obra en territorio estadounidense, irregular, sin prestaciones, esclavista y otra en la depredación directa a sus recursos naturales. Hoy que la robotización de los procesos productivos y la especialización en el saqueo de recursos naturales requiere más de negociaciones a priori con los gobiernos de México hacia abajo, para que con su permiso continúen invadiendo, y con maquinaria de alta tecnología con muy pocas necesidades de ejecución humana, la política del descarte y la segregación son pues, el pináculo del modelo neoliberal

Entonces, ahora que las décadas dedicadas a la explotación desmedida se convierten en migraciones masivas, Latinoamérica ya no significa un recurso humano de crecimiento para las potencias capitalistas, ahora significa terrorismo, delincuencia, una horda de parias invasores que estorban para el logro y consolidación de un neoliberalismo asesino.

Jair Bolsonaro, presidente electo de Brasil Foto: Paullo Allmeida/Folha de Pernambuco

La peor parte es cuando los mismos latinos ante dicha pérdida de identidad forzada, la desesperación ante la inseguridad y el hambre, llevan al poder a líderes neofascistas de ultraderecha como Jair Bolsonaro en Brasil o un Mauricio Macri en Argentina. Mientras que la desesperada carrera por alcanzar gobiernos más tolerantes y con economías incluyentes, deben luchar con oligarquías nacionales aún más ignorantes y racistas que primero venderán cada acción, tierra y recurso, antes que permitir la democracia.

 El más reciente ejemplo con la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la ciudad de México que en un duro golpe a los proyectos macroeconómicos insensibles, despertó la caja de pandora oligarca mexicana contra el futuro nuevo gobierno y cambio de régimen de Andrés Manuel López Obrador.

Cuando los intereses exclusivos de la élite empresarial son tocados, cualquier iniciativa popular se convierte en ilegalidad, desobediencia y peligro inminente para la estabilidad económica, la suya por puesto.

Todo está dispuesto en un momento histórico donde convergen realidades provocadas por el mismísimo nuevo orden mundial, que sin duda y sin reserva alguna, masacrará ríos de gente migrante con el permiso de gobiernos entreguistas y justificando cada acción represiva con el fantasma del terrorismo y la delincuencia.

México no es la excepción con el actual régimen, actuando como vil sirviente ante las demandas de Donald Trump para contener a los miles de centroamericanos que lógicamente se dirigen al origen de su miseria y la nuestra, Estados Unidos de Norteamérica.

Migrar de un régimen a otro, es tan duro como migrar de un país a otros en la búsqueda de una mejor vida, más digna, que nos fue arrebatada hace mucho, por lo cual, no existe otra manera de recuperarla que arrebatando también lo que nos pertenece. El nuevo futuro gobierno de nuestro país deberá mostrar el talante que lo llevó al poder, no importa cuánto chille la oligarquía, cuantos mercenarios envíen a desprestigiar las iniciativas populares, hasta donde llegue y hasta quien llegue la mierda de corrupción contenida. Hoy México no solo es la esperanza de sus ciudadanos, es el faro del resto de Latinoamérica y más vale que AMLO cumpla su frase más socorrida desde la campaña: “No mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, este pueblo que tiene toda su fe puesta en un líder sin precedentes en la historia. Migraremos todos, no nos detendremos hasta alcanzar el imaginario que nos prometieron, justicia, igualdad, equidad, democracia.

El viacrucis de los migrantes. Foto: Leah Millis / Reuters

“El dinero de los países ricos viaja hacia los países pobres atraído por los jornales de un dólar y las jornadas sin horarios, y los trabajadores de los países pobres viajan, o quisieran viajar, hacia los países ricos, atraídos por las imágenes de felicidad que la publicidad ofrece o la esperanza inventa. El dinero viaja sin aduanas ni problemas; lo reciben besos y flores y sones de trompetas. Los trabajadores que emigran, en cambio, emprenden una odisea que a veces termina en las profundidades del mar Mediterráneo o del mar Caribe, o en los pedregales del río Bravo.” 

Eduardo Galeano

Imagen de portada: Caravana de migrantes hondureños y salvadoreños. Foto: internet