MEMORIAS DE NADIE: Ensenada frente al espejo de la democracia

Pérez: No lo entiendo, todos quieren vivir mejor, pero nadie quiere mejorar su entorno…

Ramírez: Lo siento pero la asamblea es a la misma hora que la pelea…

Don Nadie / A los 4 Vientos / Foto de portada: Pixabay Creative Commons

La responsabilidad es uno de los valores que más ha sufrido en la “era del vacío”. Más en particular, la responsabilidad cívica, social, ética y política. En los días posmodernos nadie quiere preocuparse ni ocuparse de nada que no le competa directamente, o le remunere financieramente.

Siendo Estados Unidos —y su imposición del capitalismo neoliberal, la sociedad de consumo y la muerte de los ideales— el origen de esta tendencia hacia la apatía, el desinterés, la indiferencia y la repulsión de cualquier asunto que implique responsabilizarse sin ver un interés económico (o hedonista) de por medio, es comprensible que México, Baja California y Ensenada también sean víctimas de esta cultura del “me vale madre”.

 

Ciencia y democracia: columna de Andrés Carvajal ilustrada por Power Paola
El arte del “valemadrismo”, descripción gráfica. Imagen de Power Paola.

Y claro, quién va a querer responsabilizarse del bienestar social que se vive en su colonia, su escuela, su centro cultural, su ciudad, siendo que en la actualidad se nos impone una visión del tiempo como el recurso que no se puede desperdiciar en absoluto, ¡cada segundo tiene que ser invertido en mí, en mi ego, porque yo soy lo más importante de este maldito mundo que me estoy acabando sin importarme el futuro de nadie, ni el mío chingado! Una falacia que se repiten quienes son incapaces de percibirse como diminutos pincelazos de una pintura mucho más grande y trascendental que sus finitas existencias.

 

Claro, tampoco podemos reprender tanto individualismo a quienes lo predican; finalmente estas personas son el síntoma de una enfermedad mucho más grave, compuesta por la pobreza, la educación precaria, la falta de lazos afectivos, los salarios de hambre, la incomprensión histórica de las condiciones sociales y económicas, la falta de ideales y valores, y la fuerte colonización cultural de Estados Unidos: no hay mejor método para esterilizar el pensamiento crítico y la responsabilidad social que convirtiendo al ser pensante en el amante de su opresión.

Para nuestra suerte, en México comienza a perfilarse una brecha para cambiar este panorama de indiferencia. Esto a través de mecanismos institucionales que buscan incentivar la participación ciudadana más allá de la elección de cargos públicos: plebiscitos, consultas, referéndums. El primero de estos ejercicios será la Consulta Nacional sobre el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, una obra que, si bien “no nos afecta directamente”, representa una oportunidad para expresar nuestro sentir sobre el manejo de los recursos públicos federales (300mmdp, es decir, la mitad del gasto público nacional, nada más…).

Esta consulta, promovida por el gobierno entrante de López Obrador, es totalmente inédita en nuestro país, y en ello radica su importancia. Es ahora cuando debemos abrazar la democracia en sus múltiples manifestaciones, y comenzar a manifestar nuestra opinión más allá de la opinología rampante de las redes sociales. Como ciudadanos comprometidos con nuestro devenir y el de las futuras generaciones, tenemos la responsabilidad de involucrarnos en la toma de decisiones del país. No más democracia representativa, ¡la era de la democracia participativa está aquí!

Imagen: México Decide

El reto está frente a nosotros, y más allá de la cobardía de quienes enarbolan con orgullo su indiferencia y apatía, debemos ser capaces de comprender las profundas implicaciones y consecuencias nacionales que pueden emerger si comenzamos a ejercer nuestro derecho a decidir el futuro del país de forma mucho más directa. Sólo así podremos restarle poder a la clase política mexicana, que si bien el gobierno ha dado un giro de 180 grados con el triunfo avasallante de Morena en todo el país, son los ciudadanos quienes finalmente deben ostentar el poder sobre sí mismos, es decir, ser su propio gobierno.

¿Se imaginan una consulta pública similar a la del NAIM, pero sobre la instalación de la planta cervecera de Constellation Brands en Mexicali? ¿O una consulta pública en Ensenada sobre la instalación de planta desalinizadora, o la realización de las carreras fuera de camino como la Baja 1000? ¡Seguramente el impacto en materia de participación cívica y política sería inimaginable!

Imagen de Pinterest

 

Por poner un ejemplo, este tipo de mecanismos democráticos permitirían que las encuestas que realizan los periódicos se convirtiesen en vías eficientes de participación y expresión democrática en la toma de decisiones de nuestro entorno.

Al ser asuntos de carácter público que ya no estarían en manos exclusivos de la clase política, sino de la ciudadanía, los mismos habitantes de Ensenada optarían por mantenerse informados para opinar con fundamento sobre su propio destino, incentivando así el diálogo y el debate público sobre el tema, y por ende reforzando la divulgación de información pública y el contraste de perspectivas con sus semejantes, ¡y precisamente eso es recuperar la política!

En Ensenada se ha inflado el mito de que este municipio fue la cuna de la democracia mexicana, tras la derrota del PRI en la entidad gracias al triunfo de cierto candidato opositor. Hoy esa historia tiene la oportunidad de repetirse y confirmar que esta ciudad posee una visión democrática respetable. Estamos frente al espejo de la historia democrática de este pueblo. Es ahora que debemos salir del charco de la indiferencia y de una vez por todas hacernos responsables de nuestro porvenir; sólo eligiendo podremos ser libres.