SALTO CUÁNTICO: De ultraderechas a ultraizquierdas

“Todos deseamos un estado social mejor. Pero la sociedad no podrá mejorarse mientras no se efectúen dos grandes tareas. Si no se establece la paz sobre bases firmes, y si no se modifican profundamente las obsesiones dominantes con respecto al dinero y al poder, no hay ninguna esperanza de que pueda realizarse transformación deseable alguna.” «El fin y los medios» (1937), Aldous Huxley

Tal parece que los extremos se están definiendo como protagonistas en las elecciones para cargos públicos, cuando las respuestas a las necesidades y requerimientos de los ciudadanos en materias económica y social no alcanzan para equilibrar las desigualdades, surgen los líderes extremistas y demagogos que juran mediante medidas radicales poner orden donde nadie más ha podido.

José Luis Treviño Flores/ A los 4 Vientos

Mientras que en México surge el movimiento Lópezobradorista, enmarcado en la reconciliación, el bienestar, la amnistía, el perdón y la firme promesa de cambio de régimen a través una política itinerante y vanguardista que vino a romper paradigmas en el estilo y fondo para anexar voluntades populares, en Brasil la otrora revolucionaria visión de Lula da Silva ex presidente de esa nación que logró abatir en buena medida la pobreza extrema y re-direccionó  la economía hacia un modelo denominado “El desarrollo económico e inclusión social” increpando al modelo neoliberal. Fue tan exitoso el abordaje de una economía inclusiva sin demagogia que el diario británico The Economist señaló a Brasil como “un ejemplo del aumento del capitalismo de Estado en el mundo emergente junto con China o Rusia”

A su vez la sucesora de Lula, Dilma Rousseff tuvo igual visión y éxito en la implementación de políticas de Estado apegadas al mejoramiento social y económico.

No solo por su innovación e industria, también en equidad social, Brasil con ambos gobernantes, Lula y Rousseff, fue centro de admiración para América Latina y una viva luminaria que demostró con claridad que de México para abajo se puede y debe emancipar del gigante del norte en la búsqueda de relaciones comerciales más igualitarias y menos coercitivas.

Luiz Inacio Lula Da Silva y Dilma Roussefs, en la mira de la ultraderecha brasileña decidida a eliminarlos de la contienda política. Foto de 2010. Internet

Tanto Lula da Silva como Dilma Rousseff asumieron un estado de cooperación sin confrontaciones ideológicas radicales con el resto del mundo globalizado. El único error fue subestimar a la ultraderecha interna, que, al verse desplazada en sus privilegios y prácticas feudales, encontraron la manera de desestabilizar los avances sociales vendiendo al exterior una imagen de “peligroso comunismo” y dedicándose a explotar los miedos lógicos de años de sometimiento y colonialismo.

Dentro del tránsito de transformación por un cambio de régimen que conlleva hacia incertidumbres inherentes en todos los ámbitos, social, cultural, familiar, económico y laboral entre otros, obliga a replantearse un estilo de vida basado en la opresión, la exclusión por otro de inclusión y ponderación, el brinco no es sencillo y menos cuando el vasallaje es casi genético. De pronto llega un individuo que otorga una llave para quitar candados y asume una posición vanguardista donde todos caben, todos opinan y todos pueden participar, cuando jamás has sido tomado en cuenta ni para decidir si en tu cuadra hace más falta una luminaria que una banqueta, es impensable digerirlo a la primer masticada. Brasil pasó ya por este proceso y de la euforia desmedida de acariciar el sentimiento de saberse ciudadanos por vez primera, pasaron a la imposibilidad de creer una permanencia del cambio radical. Influyen muchos factores.

En un estudio de Luis Alarcón denominado Sociología, Realidad Social y Transformación, se afirma:

Marcha de mujeres brasileñas en contra de la ultraderecha. Foto: internet

“Estudiosos del tema han insistido en el hecho de que estamos viviendo en una realidad cuya dinámica está llena de múltiples acontecimientos. La complejidad y la rapidez con que se suscitan los cambios y la dificultad en conocer su dirección y naturaleza han llenado de cierta incertidumbre la realidad global. Así se habla de cambio de época, crisis de paradigma, tránsito hacia una sociedad postindustrial, postmoderna o postcapitalista (Drucker, 1994) y así, otros calificativos que procuran dar cuenta de ciertos fenómenos que han transformado a la sociedad moderna en los últimos años.

«En efecto, los procesos sociales antes referidos, suponen nuevas articulaciones en las relaciones sociales entre ciudadanos, partidos políticos y Estados (Alarcón y Gómez, 2000). Hoy presenciamos transformaciones que pasan por los Estados-nacionales hasta el redimensionamiento de las relaciones entre éstos y los demás actores del nuevo Sistema Internacional Multicéntrico (Cardozo, 1998). Tomassini, asume estos cambios como características particulares del fenómeno de la globalización. De acuerdo al autor este fenómeno; … comprende la difusión de un nuevo paradigma tecnológico, al mismo tiempo que la de los procesos productivos, los movimientos financieros, los cambios en los mercados laborales, los diseños organizacionales, la forma de gestión, la educación y las habilidades de la gente, los sistemas de información y comunicación, las formas de vida urbana y familiar, las pautas de consumo, publicidad y mercadeo, los conocimientos, valores y preferencias de la ciudadanía y, por ende, las transformaciones que afectan a la sociedad, la economía, la política, los núcleos urbanos, la empresa, la oficina, el hogar, y la utilización del tiempo libre (1995, 149).”

Bolsonaro llama al voto femenino a su favor, a pesar de las declaraciones misóginas que ha externado. Foto: interet

En la complejidad que significa asumir los cambios como “naturales”, conlleva a la aceptación del individuo inmerso en una dinámica ajena a su idiosincrasia “preferida”, es decir, si nunca has vivido otra forma de política, economía, cultural, social, familiar; no podrás aceptar los cambios otorgados por más atractivos que éstos sean. Así que, dentro del juego político por el poder, los radicales de ultraderecha o ultraizquierda, aprovecharán cada rendija de vacío ante la imposibilidad de un nuevo régimen de dar respuestas inmediatas a los lógicos tropiezos que implica una revolución social.

Dado que una sociedad no se transforma por decisión política de la noche a la mañana, sino que habrá de pasar por un proceso de reconstrucción, la población desesperada por siglos de sometimiento querrá ver sepultadas las prácticas anquilosadas que la han mantenido bajo el yugo de un neoliberalismo depredador, por una emancipación completa y definitiva. No obstante, el bien intencionado nuevo régimen, se enfrentará a una “jauría” asustada y acorralada, con dientes y garras afiladas, especializada en desmembrar cada intento democratizador, han perfeccionado con el apoyo de los grandes capitales globales, la extirpación de líderes honestos con imaginarios de sociedades avanzadas, socialdemócratas, conciliadores y catalizadores, señalándolos como un peligro a la estabilidad y los “valores” tradicionales, católicos, familiares, poniendo la diversidad sexual como un pecado capital  y un secuestro de la moral establecida.

Pese a que una sociedad prefiera vivir bajo el cobijo de una democracia incluyente, le es difícil asumir la ruptura de paradigmas por la incertidumbre que provoca el constante ataque mediático a dichos “valores” aprendidos a punta de represión doméstica en cada practica social, desde el núcleo familiar, las escuelas, las fábricas, oficinas y todo el andamiaje que soporta un Estado basado en el control de las voluntades humanas.

Declaraciones ultrarreaccionarias de Jair Bolsonaro que connotan su ideología ultrarreaccionaria. Jpg

Así que no es sorpresa que un Jair Messias Bolsonaro, conservador, ex militar y candidato de la ultraderecha brasileña a la presidencia, logre pasar por encima de cada logro social de sus antecesores, vendiendo el regreso a los ejes tradicionalistas que según las ultraderechas “soportan” todo el sentido familiar y social. Así que, antes de tener que pasar por una amarga espera por la democracia, es “mejor” regresar a lo conocido, a los que por siglos ha significado una “forma de vida”

En México, se acaba de fundar un Estado de posibilidad y hacia el cambio de régimen, al igual que Brasil, nuestro país atraviesa por una euforia colectiva y un amasiato democratizador, pero ya se observan las miradas lánguidas de los ciudadanos desesperados por observar las transformaciones prometidas. La paciencia no forma parte del diccionario de una sociedad oprimida hasta los huesos, y ya las ultraderechas y ultraizquierdas están aprovechando cada factor inherente hacia el tránsito de cambio, ocupándose por rescatar los “valores” tradicionales y trastocando la euforia por miedo. Andrés Manuel López Obrador deberá aprender de las experiencias brasileña, nicaragüense, peruana, salvadoreña, entre otras sociedades que intentaron dar el salto cuántico y se quedaron en el camino ante la embestida de la “jauría”.

Si AMLO no capitaliza cada paso dado con inteligencia, provocando una reeducación integral, asumiendo los cambios como procesos de politización continua desde su alma mater, MORENA y no forma cuadros de educación política a ras del suelo, los detractores utilizarán la ignorancia popular igual que siempre para fragmentar los anhelos democratizadores. Ya comenzaron mucho antes del triunfo en las elecciones, poniendo mote y etiqueta a cada propuesta social, cultural y económica. También “enfermaron” al presidente electo asegurando no llegaría a gobernar, esto, más los errores de apreciación y discursos populacheros como los de Vicente Fox, que no pierde oportunidad. Anexando la boda fifí de su brazo derecho César Yáñez y algunas declaraciones o actitudes impertinentes de sus allegados que se sienten encumbrados.

Pareciera que no significa mucho el folklore político fársico de descalificar, pero sí lastima y de manera contundente, también el arrastre de los valores tradicionales en una sociedad conservadora como la nuestra que preferirá la búsqueda de “confort” moraloide, que enfrentar transformaciones que implican parir ideas.

Entonces, volviendo al estudio de Luis Alarcón que en un párrafo por demás brillante concretiza:

“¿Desde dónde pensamos a América Latina y a nuestras realidades circundantes? Particularmente, creemos que esa es una de las razones fundamentales por las cuales nos alejamos cada vez más de nuestras sociedades, sobre todo en lo que respecta a la interpretación de las mismas, y los más probable es que toda nuestra producción intelectual haya sido permeada por visos del empirismo metodológico (Alarcón, 2000).”

También explica:

“Esto se refleja en la insuficiencia teórica que se traduce en la noproducción de lo genuinamente latinoamericano, al menos así lo entendemos. Nos quedamos en la descripción histórica y denigramos de todos aquellos (Freire, Mariátegui, Rodríguez, Martí) que con un organón teórico distinto lograron aproximarse a los contextos latinoamericanos, por supuesto desde otras perspectivas. Nos hemos subsidiado del pensamiento occidental por más tres décadas (Roitman, 1996), y hemos sido incapaces de leer nuestras realidades desde ellas mismas (Quijano, 1989), ni siquiera hemos interpretado lo que nos define como distintos (Moreno, 1995).”

Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México, se propone erradicar el régimen de corrupción y de privilegios, emprendiendo la Cuarta Transformación de la República que tiene como eje separar el poder económico del poder político. Foto: internet

Hemos tenido un bagaje enriquecedor latinoamericano nunca aterrizado a las masas y su politización efectiva, Andrés Manuel López Obrador tiene junto con su equipo un reto sin precedentes en la experiencia de la antropología social y sus implicaciones transformadoras. Las ideologías están muy devaluadas hoy día, trabajo especializado de los radicales por enterrar las llaves del pensamiento dialéctico.

“…la integralidad, el enfoque holístico, la intersubjetividad, el relativismo y la incertidumbre, entre otras, comienzan a formar parte de las categorías utilizadas por la ciencia en el proceso de conocimiento y explicación de la realidad; las cuales están acompañadas de una visión del proceso mismo de conocimiento que plantea que nuestra mente no sigue una vía causal, lineal, unidireccional, sino, también, y, a veces, sobre todo, un enfoque modular, estructural, dialéctico, gestáltico, interdisciplinario, donde todo afecta e interactúa con todo, donde cada elemento no sólo se define por lo que es o representa en sí mismo, sino y especialmente, por su red de relaciones con todos los demás» (Martínez, cit. por Ramos, 1997: 181).

Imagen de portada: Bolsonaro, el meteórico ascenso de la ultraderecha en Brasil. Foto: internet/ La Razón