MEMORIAS DE NADIE: La sumisa cenicienta del pacífico

Pérez: Lo más terrible de esta distopía es que el sistema ha perfeccionado sus mecanismos para esterilizar cualquier pensamiento o acto de rebeldía auténtica…

Ramírez: ¿Ya vista la de Vénom?

Don Nadie / A los 4 Vientos / Imágenes por John Holcroft

Ensenada es de esas ciudades donde los contrastes sobresalen: se tiene una riqueza gastronómica impresionante, a la par que se tiene a miles en condiciones de hambre y pobreza; se tiene una riqueza ambiental de envidiar, a la par que se carece de una conciencia social que logre defenderla; se tiene una gran vista al mar, a la par que se tienen gobiernos y consorcios empresariales corruptos que prohíben su acceso; se tiene una bella fachada en el área turística de la ciudad, a la par que se tienen muertos tirados en las zonas populares; se tiene una “ciudad científica”, a la par que el pensamiento crítico brilla por su ausencia; se tiene indignación, pero no se tiene capacidad organizativa y mucho menos de acción para cambiar las cosas.

Algunos Don Nadies hemos reflexionado ya los motivos detrás del estatus quo monolítico que permea toda la vida social de la ciudad. ¿Cómo podemos permanecer tan pasivos ante la destrucción inminente de nuestro hogar por nuestra incapacidad de combatir lo que causa tanto malestar? ¿Cómo se consigue ignorar tanta descomposición social como si se tratase del vuelo de una mosca (“Ola de asesinatos, cinco en 48 horas”, decía el periódico de este lunes; en la semana ya van más de 9 muertos)? ¿Cómo se concilia una ciudadanía tan decente, noble y sagaz, con tanta falta de compromiso social, corrupción, violencia y abundante indiferencia?

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Las respuestas, a mi parecer (que no soy nadie para decir nada pero bueno), se encuentra en algunas de las siguientes áreas: 1. La ideología, 2. La falta de pensamiento crítico. 3. La desesperanza y falta de credibilidad que han dejado los gobiernos de mierda encabezados por el PRI y el PAN. 4. Todas las anteriores.

Cuando invoco a la ideología me refiero a toda ese aparato dominante que se ha introducido en nuestras vidas a través de los medios masivos, las instituciones, la escuela, el gobierno, la iglesia y por supuesto, la cultura fronteriza, para dictarnos cómo ser y cómo pensar: seguimos el libreto que nos entrega nuestro entorno social, asumiendo valores que no escogimos por nosotros mismos; en otras palabras, vivimos alienados.

Cómodamente asumimos existencias predefinidas, mediadas por trabajos precarios, impotencias políticas voluntarias y la adoración suprema del individualismo, la egolatraía y la competencia inhumana como los máximos valores de nuestros destinos. En el mundo de las clases bajas precarias, las clases medias pasivas y clases altas cínicas, no hay tiempo para ver por el otro, menos para pensar ni cuestionar si estamos en lo correcto.

Eso nos lleva al segundo punto. No nos han enseñado a cuestionar, al menos no lo suficiente. Porque inteligencia hay, capacidad de análisis hay, conocimiento hay, hasta tiempo libre hay (para algunos), pero cuestionamientos de las estructuras que nos rodean y flotan debajo de nuestras acciones colectivas e individuales no abundan.

La filosofía, para la mayoría de los ciudadanos de este puerto, es inexistente, o por lo menos no es una disciplina cuya esencia hayan integrado en su vida diaria. Las cuestiones sobre el sentido de la vida, el sentido de trabajar de forma esclavizante para ganar una mierda, el sentido de mantener a una clase gobernante voluntariamente inepta, mediocre, cínica y delincuente, no forman parte de la agenda diaria ciudadana.

A través de una educación “de calidad” nos han quitado la capacidad de criticar un sistema absurdo cuyo único fin es acabar con la libertad, la humanidad, la solidaridad, la justicia y peor aún, la esperanza. Y la fábrica funciona bien. Todos hacen lo que se supone que deben hacer, y ese “deber” poco se cuestiona, y si se cuestiona, no se resiste contra él.

Porque eso también nos han quitado. Nos han dejado sin la capacidad de oponernos a lo que no nos parece correcto. Con cautela y sutileza (en forma de chatarra cultural, tendencias, redes alienantes, desmemoria y creación de mitologías) se ha disparado un dardo sedante contra las posibilidades de imaginar, de soñar, de ver más allá de lo que hay, de estirar el pensamiento hacia otros mundos y formas más dignas de vivir.

Por esta falta de visión se puede responsabilizar a la partidocracia mexicana, quien ha sido la responsable de defraudarnos una y otra vez, aniquilando nuestra credibilidad en las instituciones democráticas que supuestamente llevan nuestro poder de pensar y decidir hacia acciones que mejoren el bienestar social. ¿Los resultados? Una ciudadanía impotente, incapaz de encontrar vías no institucionales para organizarse y evitar que se le siga exprimiendo la vida. El reflejo de esto se ve en el desencanto de la política, la dejadez, permisividad y sumisión que carga cada ensenadense. 

Da mucha lástima habitar en una ciudad como este puerto. Uno se vuelve loco viendo tantos contrastes que sólo causan un mínimo de indignación y tenues gritos de inconformidad entre la población. Hay tanta riqueza, honradez, creatividad y hermandad, como hay corrupción, desigualdad, abusos e injusticias. Y podrán llover muertos, pero mientras los cimientos ciudadanos no se muevan, la nula reacción seguirá siendo la norma.

Unos cuantos están esperando a que venga el nuevo gobierno a resolverles la vida, mientras otros más han construido una vida ideal (imaginaria) en la que se refugian para evitar reconocer los abusos paulatinos que sufren. Y claro, están los que sólo defienden aguerridamente sus privilegios, acumulados gracias a la explotación, abuso y control del resto de ciudadanos. La síntesis es que unos gozan del sistema, mientras otros lo sufren. ¿Y sabes qué es lo peor? Los que gozan no quieren que pienses, porque no quieren que los cuestiones; y los que gozan son los que te gobiernan.