A DOS DE TRES CAÍDAS: México duele por sus muertos

 Mi país es un país con historias de muertos, muchas veces idealizados y otras veces no tanto, por el contrario, algunos muertos son estigmatizados y hasta satanizados.

Arturo Ruiz, El Súper Cívico/ A los 4 Vientos

En mi país ha habido crueles matanzas desde lo más profundo de su origen, dicen algunos estudios arqueológicos que, en el año de 1487, durante la ceremonia del Templo Mayor se sacrificaron entre 10 mil y 80 mil 400 personas.

En las fiestas floridas, morían guerreros de dos bandos y los prisioneros eran sacrificados en el templo ofreciendo su corazón a Huitzilopochtli, el dios de la guerra.

Esas muertes eran parte de una cultura de una cosmovisión de los pueblos prehispánicos que así expresaban su respeto a los dioses y reafirmaban su estructura social.

En la historia nacional se venera a los muertos de los próceres de la independencia, algunos de los cuales no solo fueron ejecutados sino descuartizados y sus despojos colocados en plazas, calles y templos como escarmiento a los sublevados.

Señala un estudio de Marco Antonio Landavazo, del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, titulado Guerra y violencia durante la Revolución de Independencia de México. Que varios líderes insurgentes, después de muertos, se les cortaba la cabeza para exhibirla.

Hay varios testimonios al respecto, pero el más notorio es sin duda el del propio cura Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y José Mariano Ximénez, cuyas cabezas, tras ser aprehendidos el 21 de marzo de 1811 en Acatita de Baján, juzgados en Chihuahua y posteriormente ejecutados, fueron enviadas a Guanajuato y expuestas en jaulas en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas.

Otros insurgentes presos fueron ejecutados y sus cuerpos descuartizados o arrastrados por caballos en las principales calles de los lugares donde se ejecutaba el castigo, como sucedió con los rebeldes José Antonio Torres y Benedicto López.

Esa era una expresión de la violencia realista, pero también de parte de los Insurgentes hubo violencia extrema contra hacendados, españoles, criollos y población civil en general, pero al parecer esas muertes pueden justificarse al existir una GUERRA CIVIL, una lucha intestina por el poder y la emancipación de la Nueva España del dominio de la España Peninsular.

Durante la guerra de Reforma, en la intervención francesa y posteriormente en la Revolución Mexicana, millones de personas murieron en los campos de batallas y en los combates realizados en pueblos y ciudades de nuestra nación, la tierra mexicana ha sido reiteradamente regada con sangre de sus hijos.

Fusilamiento de prisioneros durante la Revolución Mexicana de 1910. Foto: internet

Pero en todas estas muertes, existía una razón, la sublevación, la guerra civil y la defensa de la soberanía nacional, o el derrocamiento de gobiernos usurpadores.

A diferencia de estas muertes, en Tlatelolco el día 2 de octubre de 1968, en la realización de un mitin estudiantil, en tiempos de paz, el Gobierno Federal encarnado en Gustavo Días Ordaz, usó al ejército para reprimir, asesinar, encarcelar y desaparecer a cientos de estudiantes y otros civiles.

Los muertos de la Noche de Tlatelolco no fueron resultado de una guerra civil, fue el asesinato de hombres y mujeres jóvenes, indefensos, desarmados que cayeron ante las balas y bayonetas de soldados asesinos que siguieron la orden de asesinos mayores, de asesinos cobardes y caligulescos que desde sus aposentos dieron la orden de masacrar a personas indefensas.

Esos asesinos creyeron que, asesinando, encarcelando y torturando acallarían las voces de libertad civil y política que reclamaban los estudiantes, obreros y campesinos hartos de un sistema represor y castrante de las libertades individuales.

La revista ¿Por qué? , dirigida por Mario Menéndez Rodríguez, fue el único medio que en octubre de 1968 se atrevió a denunciar la masacre de Tlatelolco cometida por militares durante el gobierno de Gustavo Diaz Ordaz. Foto: internet

A estas muertes siguieron las de los grupos guerrilleros de la década de los setentas, en donde en forma sumaria muchos de ellos fueron asesinados y enterrados en fosas clandestinas y todos a manos del gobierno.

Caso emblemático fue el caso de violación de derechos humanos de Rosendo Radilla Pacheco por parte del Estado mexicano, emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, recordemos que él fue un campesino del estado de Guerrero, fundador de la Liga Agraria del Sur Emiliano Zapata, en 1965. Y fue desaparecido por elementos del ejército mexicano quien o consideró sospechoso por componer corridos.

Rosendo Radilla no volvió a ser visto con vida, después de que testigos lo vieron “preso” en un cuartel militar.

Por esta razón, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos, condenó al Estado mexicano por la desaparición forzada del Sr. Rosendo Radilla en el periodo conocido como la Guerra Sucia; agravado también por la existencia de violaciones sistemáticas y masivas a los derechos humanos.

En México las matanzas sin culpables y en muchos casos con la participación, complicidad o complacencia del ejército y policías han seguido presentándose, como en los casos del Halconazo del 10 de junio de 1971, Aguas Blancas del 28 de julio de 1995, la matanza de Acteal del 22 de diciembre de 1997, la Masacre de Tlatlaya del 30 de junio de 2014 y la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa del 26 de septiembre de 2014.

Trailers frigoríficos cargados con cientos de cadáveres ante la saturación de espacios en las morgues del estado de Jalisco, debido a la cantidad de víctimas del crimen organizado. Foto: internet

Entonces México duele, por sus muertos, por sus desaparecidos y por la indolencia de los gobernantes en turno.

Y México duele también por los otros muertos, los asociados al crimen organizado, los feminicidios, los miles de desaparecidos, los ejecutados y los que mueren a causa de enfermedades o lesiones por indolencia de las autoridades de salud que carecen de medicamentos o de camas y médicos para atender a los enfermos, generalmente a los más pobres del país.

Duele el dos de octubre del 68 y duelen todos los muertos que mueren temprano y de forma violenta y absurda en mi país.

Que la memoria no se borre está bien, pero sería mejor que no permitamos más masacres ni más crímenes sin castigo… ¿O No?

Imagen de portada: 2 de Octubre no se olvida. Foto/internet