CLANDESTINO: Peña Nieto, su “Mea Culpa”

Hace unos días, la periodista Denise Maerker, presentó una entrevista con el presidente Enrique Peña Nieto, a pocos meses de que termine su gobierno. A pregunta expresa de la periodista:  Presidente,  ¿hay alguien a quien quisiera pedirle perdón?, Enrique Peña respondió:  “Mira…, perdón por los desaciertos, perdón por los errores, perdón por las fallas, perdón por la insuficiencia en varias explicaciones, y sobre todo, si a alguien agravie, si a alguien lastimé, le pido una disculpa, pero no trae un destinatario e particular, no lo encuentro, no lo tengo yo en mi conciencia, pero si alguien, con el ejercicio o con la manera en que goberné se sintió lastimado, afectado y agraviado, le ofrezco una disculpa”.

Álvaro de Lachica y Bonilla/ A los 4 Vientos

¿El Presidente Peña se estaría dirigiendo con su “mea culpa” a los 55 millones de pobres? ¿O a los 20 millones de mexicanos en la informalidad, angustiados para comprarles los útiles a sus hijos? ¿O a los familiares de  más de medio millón de homicidios, incluyendo los miles de feminicidios; además de miles de secuestros, otros tantos desaparecidos y cientos asesinados por disparos directos de las Fuerzas Armadas, en estúpidas confusiones, llamados “daños colaterales”, en el fuego cruzado contra ese creciente monstruo de las delincuencias lideradas por el narcotráfico?

Inaudito que nuestro Presidente no tenga en su conciencia el haber dejado un saldo de miseria, injusticias, corrupción, impunidad y autoritarismo; acrecentada esta catástrofe con las continuas y persistentes violaciones a los derechos humanos, torturas y desapariciones forzadas como las perpetradas contra los 43 estudiantes de Ayotzinapa, hechos que aún no han sido esclarecidos a cabalidad, pues al parecer están involucrados altos jerarcas de todos los niveles de gobierno. Con este “pedir perdón”, la percepción de Peña Nieto,  es que nosotros lo ”buleamos” sin razón, ya que él,  siempre  se condujo conforme a la Ley.

El pedir perdón en la comunicación pública de nuestros políticos, está devaluado por nuestra sociedad;  en la mayoría de los casos esto se debe a que sus  asesores, temen que al excusarse se auto incriminen y esto los afecte ante la opinión pública. Las figuras públicas raramente piden perdón porque eso demuestra vulnerabilidad que en la política equivale a ser débil.

Las madres de los 43 estudiantes de la Normal Riral de Ayotzinapa, desparecidos durante la noche del 26 de septiembre y la madrugada del 27 de septiembre del 2014, exigen justicia. Foto: internet/PGR

La clave en pedir excusas públicas radica en reconocer que pedir perdón es el primer paso para lograr una reconciliación. Pero se necesita hacer algo más. Una disculpa hueca equivale a un error de relaciones públicas porque se ve como una táctica para conseguir algo, que casi siempre es lograr que el público crea una mentira. Las disculpas honestas tienen que ir unidas de acciones. Una disculpa exitosa debe convencer al oyente que la persona que se disculpa está sinceramente arrepentida, no arrepentida porque la cogieron en el acto. Una disculpa debe contener una expresión como “lo siento”, que indica la declaración es una disculpa, una admisión de responsabilidad, una oferta de reparación del daño, o ya de perdida, una explicación.

El momento de pedir perdón, o el “timing” es clave. Sí se hace muy tarde, como en este caso,  la excusa es inefectiva y puede producir más coraje en los agraviados. Las disculpas tardías se ven calculadas y deshonestas. Peña Nieto cuando pide perdón, tiene que pensar que las disculpas  no tienen que ver con él, las disculpas son para el que ha sido ofendido.

Del jolgorio de la corrupción y la impunidad en estos últimos seis años, al teatro de pedir perdón, nuestros presidentes  priistas han hecho práctica y sistema: primero quebranto la ley y  luego me disculpo. Primero  robo y dejo robar, después pido perdón y asunto arreglado. Los mexicanos siempre olvidamos. Esa es nuestra trágica realidad, y todos la hemos avalado y permitido. Detrás de la “humildad” de Peña Nieto, pidiéndonos perdón, nos queda la impresión de la hipocresía del gobernante ante el desastre dejado a sus espaldas. La imagen que nos deja es la del funcionario, formado a la sombra de la corrupción y la superficialidad.

Los que pudimos ver la entrevista, nos quedamos con la idea de que no hubo arrepentimiento real de Peña Nieto, ni siquiera un rasgo de humildad. Tan sólo fue un acto dramatizado aderezado por su tono de aflicción cuya estrategia pareció diseñada con un solo objetivo: intentar revertir la ojeriza de los mexicanos hacia su persona.

Esto es lo que se  le llama estrategia política y, bajo ninguna circunstancia, lo podemos catalogar ni admitir como un perdón sincero. No señor presidente  Peña Nieto. Sus pedimentos de perdón, ni valen ni cuentan. Son, simplemente, meros formulismos políticos, frases hechas, lugares comunes. Y mientras él,  recoge sus tiliches para irse para gozar de su fortuna sospechosa; como cada seis años, los mexicanos nos quedamos a sufrir las consecuencias de sus malos gobiernos, con crisis económicas, políticas y sociales. Es tiempo de que se den cuenta nuestros gobiernos, que de  corrupción, los mexicanos ya estamos hartos. …De perdones y lloriqueos presidenciales, también.