DANZAR HASTA QUE LLUEVA: las oligarquías nunca entregan el poder pacíficamente.

  1. El apotegma según el cual las oligarquías nunca entregan el poder pacíficamente, lo conoce muy bien Andrés Manuel López Obrador. No puede ignorarlo. No hay modo. Un cuarto de siglo en la lucha por el poder ha sido su cátedra constante. Además de intensas lecturas y conversaciones políticas con múltiples personajes de la vida cultural, política, social y económica del mundo y en especial de nuestro país, pero en especial luego de miles de conversaciones con el tendero del pueblo, con el peluquero, con los estudiantes, con el policía del barrio, con el zapatero, con el pequeño industrial, el campesino y el obrero, ha construido su mundo político. Ese mundo que lo llevó a la presidencia.

Daniel Solorio Ramírez /A los 4 Vientos

  1. Por eso hoy lo vemos “navegando entre tiburones” y preparando su llegada plena a la silla presidencial. Ningún otro presidente de esta dolida nación ha tenido tanta oportunidad, por tanto tiempo, ni con tanta colaboración de centenares, de miles de millones de personas, como la ha tenido López Obrador. Ha tomado conciencia de que a partir del próximo primero de diciembre, no le está permitido ser únicamente presidente de todos los habitantes de este país. Sabe, tiene que saber, que este país necesita principalmente un jefe de Estado. Desde Lázaro Cárdenas no ha tenido uno que se ponga del lado de los desposeídos.
  2. El ya archifamoso “peje”(todos los caminos llevan a AMLO), no llegó a las riendas del gobierno por las tradicionales vías palaciegas. No se valió de la zalamería, ni del halago a los poderosos. No le fueron entregadas las riendas por los dueños de casi todo. No. Por el contrario, los confrontó, los enfrentó, llamó al “pueblo bajo”. Se convirtió en un predicador laico. Pronunció centenares, miles de discursos ante diez, quince, o miles de personas. Incansablemente repartió y recibió miles, millones de abrazos y felicitaciones. Recibió miles de peticiones e hizo promesas. Llevó por muchos años, a todos los rincones de la patria un canto de esperanza. El pueblo le respondió volcándose en las urnas para hacerlo presidente. Pero él sabe, no puede ignorarlo, que ser presidente es una pequeñez. También lo fueron otros indignos, Fox, Calderón. Por eso Amlo sabe que le corresponde ser jefe de Estado, es decir, un estadista. Ser presidente no basta para aliviar el dolor del pueblo.

  1. A partir del primero de diciembre empieza la verdadera lucha, por el verdadero poder político. AMLO tiene que saber, no puede ignorarlo, que con las riendas del gobierno en sus manos, tendrá que aliarse con el pueblo trabajador. De lo contrario no podrá conquistar el poder. Sin el pueblo, sin los treinta y tantos millones de mexicanos que le dimos nuestro voto, podrá ser a lo sumo presidente, pero no Jefe de Estado.
  2. Es una verdad axiomática que en efecto, las oligarquías nunca entregan el poder pacíficamente. Lo que hoy estamos viendo en este desgarrado país, es un proceso de entrega del gobierno en las manos de AMLO, pero no una entrega del poder, que permanece íntegramente en las manos de ese puñado de oligarcas, dueños de casi todo.
  1. La verdadera lucha por el poder empezará el próximo primero de diciembre, repito. Andrés Manuel López Obrador nos necesitará a todos. Todos nos necesitaremos más que nunca en la lucha por el poder. Esa lucha no es de AMLO sino del pueblo trabajador. Esa vieja lucha, hoy retoma a sus aires de la mano de un sólido liderazgo .

  1. Sin el poder, el gobierno es, si acaso, un grupo de ineficientes funcionarios. Así han sido tantos otros. Un comité al servicio de causas menores. Un grupúsculo al servicio de que todo permanezca igual. En cambio, con el poder en la mano, el gobierno es capaz de grandes y profundas transformaciones que aminoren el dolor del pueblo. Que eleven su dignidad. Que le permitan la vida decorosa de todos y cada uno de los habitantes de este país. Que ejerzan sobre los grandes ricos la presión suficiente para frenar su codicia, su ambición, su presteza a la acumulación sin límites. Y que, como escribiera en 1814 el Siervo de la Nación, se construya un ordenamiento jurídico que responda a los principios supremos establecidos en los ya bicentenarios sentimientos de la Nación:

“…Que como la buena ley superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales, que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto…”

  1. Observemos todos que hoy López Obrador vive nadando entre tiburones, como bien dijera Demian Bichir. No es su medio. Sólo en pocos momentos de su vida ha tenido que alternar con los poderosos, con los dueños de casi todo. Hoy lo está haciendo con presteza, con seguridad. Hoy está moviendo y acomodando sus fichas. A partir del primero de diciembre empezará a ser jefe de Estado. Aún no le conocemos. En esa fecha empezaremos a conocerle. En esa fecha empezará la verdadera lucha por el poder. En las urnas, el pasado primero de julio conquistamos únicamente el gobierno. Tenemos que conquistar el poder del pueblo. Tenemos liderazgo. ¿Qué hay dudas? Muchas, sí, claro. Hay muchas dudas, hay temores, hay desconfianzas, pero el pueblo avanza.
  2. Imagen de portada: AMLO Presidente. Foto: internet