MUSA VERDE: ¿Cuándo cambiamos?

Los retos mundiales y locales con los que nos confronta el cambio climático no pueden esperar una solución durante la próxima generación. Es para hoy y nuestra. Nuestra responsabilidad es dejar un mundo habitable y productivo no sólo para los humanos, sino para la biosfera. No podemos existir sin ella, mantiene a los ecosistemas y los ciclos que hoy llamamos servicios ecosistémicos.

Horacio de la Cueva / Foto principal: internet.

¿Qué pasará con el cambio global y qué podemos hacer? Existe una multitud de modelos que hacen predicciones de como pudiera ser el futuro que pronto viviremos. Debemos imaginar e implementar una multitud de acciones que aún no existen y que nos ayuden a vivir en el mundo que viene. Sabemos que aumentará la temperatura promedio del planeta, incluyendo el aumento de la temperatura del océano, muchas regiones tropicales, áridas y semi-áridas se convertirán en desiertos y los eventos climáticos como temperaturas altas y bajas y tormentas y huracanes serán más extremos.

Ya el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) están haciendo ejercicios con expertos e interesados para identificar los sitios y poblaciones más vulnerables al cambio climático. Los ejercicios son una combinación sana de conocimiento e imaginación. Estos ejercicios identifican las zonas y los grupos más vulnerables de una región. El reto es determinar que podemos hacer para minimizar los impactos del cambio climático, el calentamiento global, mantener ecosistemas funcionales, aunque modificados, y encontrar formas de ganarse la vida para los residentes del área.

¿Cambiará mucho el mundo en los próximos diez años? No, pero si se seguirá desplazando hacia una nueva realidad. Si el año que entra también consideráramos los siguientes diez años tampoco habría mucho cambio. Si en vez de los diez años consideramos el mundo dentro de 30, 40 ó 50 años ya habrá cambiado. El problema es que el horizonte de tiempo después de 30 años es tan lejano que la incertidumbre de cómo será el mundo es muy grande; los planes a largo plazo pueden fallar. Mejor quedarse con ventanas a diez años que podemos seguir y planes a corto plazo que podemos modificar de acuerdo a las nuevas circunstancias.

A pesar de que conocemos la susceptibilidad de los sitios y las personas a ser afectadas por el cambio global aún no imaginamos los futuros posibles. A veces ni a la imaginación le gusta el cambio si este va contra nuestras costumbres. Algunos resultados de los ejercicios de predicción de los talleres de escenarios niegan que nuestra forma de vida cambiará. Creen firmemente que el status quo actual será el status del futuro y que podremos seguir viviendo como vivimos hoy, mismas ventajas y mismas carencias. Nuestras formas de vida no están diseñadas para ese futuro aún desconocido que estamos creando.

Foto: Calor Erbi

Es imperativo cambiar nuestra forma de vida no sólo para adaptarnos al nuevo mundo que se avecina, también lo es necesario para disminuir sustancialmente nuestra aportación de gases con efecto invernadero a la atmósfera. Es el aumento en la concentración de estos gases que no permite que el calor escape del planeta y que alimenta el calentamiento global. No podemos dejar de producir estos gases de un día para otro ni sus efectos desaparecerán instantáneamente. Sólo la reducción de su producción y su captura, principalmente en forma de bosques y, tal vez, macroalgas, pueden reducir a mediano plazo sus efectos de mediano y largo plazo.

¿Qué hemos hecho?

Durante cuando menos los últimos cinco años verano tras verano somos testigos de temperaturas más altas e incendios más frecuentes, calientes y destructores. Las capacidades de los gobiernos locales, estatales y federales para afrontar nuestra nueva realidad son limitadas. Los planes que se generan para combatir calor y fuego atacan los síntomas e ignoran la causa.

Siempre podemos adquirir maquinaria, equipo y capacidad humana para combatir incendios. A medida que los fuegos empeoran será más caro combatirlos y el costo económico y en vidas humanas aumentará. Podemos construir más refugios urbanos para escapar del calor e instalar cada vez más equipos de aire acondicionado en más construcciones para trabajar y vivir en confort.

Estas soluciones no atacan las causas del problema. No reducen los gases de efecto invernadero, contribuyen a su liberación. Me quedo con la pregunta con la que debemos despertar: tu ¿qué harás?

Además, pido que se encuentre y castigue a los culpables intelectuales y materiales de los asesinatoS de Miroslava Breach, Javier Valdéz y el secuestro de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

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