LOS PERROS GUARDIANES: Lev Tolstói, Confesión sobre la nieve

        A veces Iásnaia Poliana daba gusto: mientras el abecedario aleteaba como la barnacla siberiana, el pan blando llegaba humeante a las mesas de la escuela.

Rael Salvador/ A los 4 vientos

         En ocasiones fue el amor quien brindó esa luz: se amanecía bajo cálidas sábanas de niebla y, 18 horas después, la oscuridad asemejaba una lila que se abría como un ojo comprensivo ante la desesperación de los hombres.

         Son largos los días, las noches no dan para mucho.

        Sofía Behrs, 18 años, joven y hermosa; Lev Tolstói, grande por su literatura. Ella, Atenea de las nieves, lleva las llaves que su cadera hace cantar… Son tantos los encuentros, que se aman en una paz que no permite la guerra.

         Pasadas las décadas, la sensual armonía de las esferas ofrece paso a la marcha bélica y la retirada final: “Cada día vivo más ajeno al mundo –reclama a Sonia–, pues deseo la soledad (…) Te pido perdón por todas las injusticias que haya podido cometer contra ti, igual que perdono con toda mi alma las que hayas podido cometer contra mí”.

        La palabras son fruto de su bondad amarga.

       Luego, el sentimiento de muerte. Los interrogantes planteados, cuando todo se ve como un error, sólo ofrecen vida a las palabras. Lev Tolstói, sobre las nieves de la enyerbada estepa, zancadas de por medio, ya iba o ya venía; la reflexión hacía de la dinámica un mal paseo. No quería o no podía, no lograba comprender; las dudas le estrangulaban la conciencia.

       Lev no olvida que asistió a la autopsia de aquella joven mujer que dejó su belleza en las vías del tren: Ana Karenina (pasos en la nieve que le recordaban los pasos de su madre).

      Ahora huía; el tren avanzaba a Estapovo, el país de las alondras.

      Los millones y millones que no pertenecían al círculo de lo humano, donde profería de humilde juez literario, ¿eran animales o personas? Tenía vocación para la horca, mas también, como lo habían demostrado sus libros, para vivir y comprender el sentido de la existencia. La lógica se encontraba trabada en un nudo que no exigía lógica.

      Entonces, en su breve posibilidad, como una epifanía, se ofreció una esperanza. Lev habló consigo mismo, incurrió en la confesión; el “científico”, “el filósofo”, el hombre de letras”, el “gran Tolstói», cedió a la conversación espiritual.

Interpretación del artista Fernando Vicente del gran escritor ruso Lev Tolstói y su obra cumbre «La guerra y la paz». Imagen publicada en el periódico El País (internet)

     –Consideré a la enorme masa de gente sencilla, analfabeta y pobre, que ha vivido y vive todavía, y vi algo totalmente diferente. Vi que ninguno de esos miles y millones de hombres, ninguno, salvo raras excepciones, pertenecía a mi categoría. (…) Resultaba que toda la humanidad tenía un conocimiento del sentido de la vida que yo había pasado por alto y menospreciaba. De esto deducía que el conocimiento racional no saca a la luz el sentido de la vida, sino que excluye la vida. Mi vida no es una broma estúpida y cruel que alguien me ha gastado, sino el temor de reconocerme en la fe. Al reflexionar sobre Dios, olas gozosas de vida se alzan ante mí. Pero no duran, porque mi mente prosigue su trabajo: “El concepto de Dios no es Dios”, me digo. El concepto de Dios es algo que está en mí, que puedo evocar o no. Eso no es lo que estoy buscando. Yo busco aquello sin lo cual no puede haber vida.

      ¿Dónde está la ramita verde en la que encuentra escrito el secreto de la felicidad eterna?

        En su delirio moribundo, la «confesión no se da…»

 

         Y, de nuevo, los pasos avivan su andar entre la vías; bajo la oscuridad frenética de la botas, la nieve se derrite y, ya en cruz, ya en la diversidad insumisa de los ángulos, los hierbajos asoman rotos en el agua de vidrio, y todo alrededor del autor de Guerra y paz comienza a finalizar.

         Él vuelve a sentir el imperante deseo de matarse.

         10 de noviembre de 1910, la pulmonía fulminante lo consigue.

Imagen de portada: Paul Dano, Lily James y James Norton, interpretan a Natasha, Andrei y Pierre, los protagonistas de la obra clásica de Lev Tolstí, «la guerra y la paz», para la serie estrenada en octubre de 2017 por Film & Arts (foto:internet)