Mi última batalla

Confieso que el triunfo de Morena con su candidato a la Presidencia de la República me ha llenado de contento. Desde que en 1964 ingresé al Partido Comunista Mexicano, mi principal batalla la he librado en la lucha por hacer de México un almácigo de sueños y de esperanzas. Junto a decenas de miles de comunistas quisimos hacer un país menos desigual, más democrático y apegado a los intereses del pueblo. En este empeño puse todas mis energías y no me arrepiento de ello. Resultado de todo este andar, guardo un montón de historias sobre aquellos camaradas que, sigilosos, reivindicábamos el derecho de hacer una pinta en los centros obreros o repartir volantes a las salidas de las fábricas donde los patrones o los cuerpos represivos a veces se cebaban contra los activistas del partido.

Jesús Sosa Castro/ A los 4 Vientos

De esa época ya quedamos pocos con vida. Muchos murieron sin haber visto una parte de esos sueños por los que lucharon desde siempre. Otros se replegaron para vivir en la tranquilidad familiar, los menos, seguimos dale que dale abriendo una brecha para empujar ideales, ideas y propuestas que eventualmente puedan servir a la recuperación de todo lo que exige el país para hacerlo un paradigma en el que crezcan lo mejor de nuestros sentimientos, la solidaridad y las virtudes del hombre.

Alimentando estos sueños pasé los mejores años de mi vida.

Nunca milité en ningún partido de la derecha ni me preocupé por tener puestos que me llenaran de dinero o de vergüenza. Con honor he recorrido los partidos de “izquierda” sin que en alguno me atajaran intereses bastardos.

Mi orgullo personal fue haber ocupado la responsabilidad del trabajo Obrero al lado de Valentín Campa Salazar y de Eduardo Montes Manzano. Haber sido responsable de las relaciones políticas con los Partidos Comunistas de América Latina, estar al frente de las Finanzas en el PSUM y haber sido miembro del Comité Central en ambos partidos 

Jesús Sosa Castro (al centro de la mesa, con mechón de canas y lentes), en esta fotografía histórica con el líder ferrocarrilero (extremo derecho) Valentín Campa Salazar, presidente a la República en 1976 por el PCM (sin registro electoral), y enseguida el líder del magisterio democrático Othón Salazar. En la foto aparecen otros grandes líderes de la izquierda mexicana: Arturo Nateras, Concepción Pérez, Pablo Gómez y Ramón Danzos Palomino.

Tuvieron que pasar cincuenta y cuatro años para que algunos de esa generación hubiéramos tenido la oportunidad de ver el fenómeno político logrado por AMLO y por Morena. Ver el triunfo contundente del pueblo en una primera etapa de su lucha por el cambio, no lo ha logrado ningún mortal en ninguna parte del mundo. A pesar de que a millones nos consta el trabajo que se hizo en todos los rincones del país, de saber y conocer la introyección de las ideas y propuestas de Andrés Manuel en la conciencia de la gente, a pesar, de haber oído pronósticos y estudios demoscópicos sobre nuestro triunfo; campeaba en el ambiente la idea de que otra vez nos arrebatarían la victoria.

Pero hay que revisar nuestros juicios.

Lo que hoy celebramos no sólo es un acto heroico del pueblo, de su despertar, de su hartazgo, irritación y encabronamiento. También contó y mucho, el tesón de su líder, de su trabajo incansable, de su seguridad y confianza en la gente, en el conocimiento profundo que tiene de la historia, de sus revoluciones y guerras, de los valores arraigados en el México profundo, en la temperatura social que todos los días tomaba en su contacto con ella, en el convencimiento de que los mexicanos saben defender sus derechos cuando así lo deciden y en el trabajo de miles y miles de activistas que recorrieron con él organizándola en los pueblos, regiones y Estados en donde apenas hace unos meses atrás eran territorios omisos a la lucha o de plano espacios de la derecha recalcitrante y rapaz.

Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México por la coalición Juntos Haremos Historia, pronuncia su discurso de victoria en Ciudad de México el 1 de julio de 2018 Foto: Manuel Velásquez/Getty Images (internet)

¡El triunfo del pueblo es el triunfo de AMLO! En esa calidad me siento partícipe y responsable de mi trabajo, de los aciertos, de mis errores y de mis críticas. Nunca he dejado de ejercer este derecho porque nunca he temido que me quiten nada que no haya conquistado por mi actividad, mis ideales y mis derechos. La experiencia que tengo de mi actividad en Morena habla de que entre más preparado estés, mejor conozcas los problemas y más te apoye la gente; la nomenclatura no te dejará pasar. La crítica no les gusta a los trepadores ni a los que han llegado de la mano del más chipocludo.

Aun así y a la mejor justo por eso, he disfrutado del triunfo del pueblo el 1º de julio. Lo he gozado porque siempre trabajé para lograrlo. Porque mis camaradas y amigos muertos por los mismos ideales que los míos, hubieran sido felices al ver esta primera victoria. En su honor me felicito por haberlo logrado al lado de millones y millones de mexicanos. Para mi esta ha sido la última batalla que libro. Los años se me han venido como un aluvión y ya poco me queda por hacer. Solo espero oír que los tambores de guerra que hoy vivimos, se vayan apagando al mismo tiempo que se van acabando los alientos de mi existencia. Si esto ocurre me sentiré más que satisfecho.

Imagen de portada: El Partido Comunista Mexicano de los años 70´s