LOS PERROS GUARDIANES: El lado frágil de la luz*

La carne no es muy vasta, se la recorre enseguida”. Niko Kazantzakis.

        Otro mundo habita bajo las pisadas del exterior; un lugar donde el lado frágil de la luz revela maravillas esculpidas en la oscuridad.

Rael Salvador/ A los 4 vientos

En un pausado proceso milenario, en un ir y venir continuo, reconstructivo, siempre imprevisto, el vientre de la tierra incuba formaciones espectaculares.

La obertura nos invita al paso a desnivel, a recorrer las circunvoluciones de los subterráneos prometidos; vamos a la eternidad para asistir a la revelación…

Vemos, pero aún estamos ciegos, inéditos ante la maravilla.

Estalactitas que discursan la belleza en forma de asamblea de agujas; estalagmitas que se imantan al cielo de la cueva y predican con sus enhiestas coronas mínimas; coladas donde el silencio de las dimensiones se amasan y se reconfiguran; banderas gravitando lo insondable; ovulaciones de perlas y estrías de lo infinito en un mapa mineral del inframundo.

La caverna se traga el grito de su abismo y deja discurrir el magma inverosímil de lo mutante. Estallidos pétreos hipnotizados por su propio encanto, riachuelos incinerados circulan por las abiertas venas de las piedras y cantan su ronco eco al vacío.

¿Qué tipo de oscuridad es ésta, que fortalece de barrancas las raíces de lo que nos alimenta por fuera?

¿Qué honduras hacen el milagro descomunal de estas formas que sólo vislumbramos con luz postiza?

¿Qué leemos en los vicios purificados de cada profundidad adherida a nuestro asombro?

La finísima película de una cartografía de agua ha quedado salitrada en los fondos de esas catedrales imprevistas, donde el altar puede ser un filón… que por su magnitud o su belleza nos pone ante lo divino.

A su vez, la sutil mascarada de las rocas configuran rostros añejos, procesiones de muecas que exaltan nuestro temor primigenio, que luego transformaremos en caravanas de gestos, gracias a los benévolos trazos que nos dibuja la razón.

Amplias galerías se anidan en lo insondable, bocas de roca abierta, donde la magnolia de fuego clausura su hondonada de tiempo y cenizas.

Lugar de espejos foto-geográficos, donde lo diminuto se pierde y lo gigante nos parece diminuto…

Dentro de estas cúpulas extáticas habitan profundos abismos rellenos de especulaciones oscuras; ahí los cañones subterráneos movilizan extensos ríos que descargan holandas disfrazadas de cascadas a la pureza de los lagos ocultos.

Un haz de voz artificial modifica con su luz el descubrimiento, y las coordenadas, de oído, como serpientes ciegas, se mimetizan en sus sombras de resguardo.

La caverna, siempre fracturada y simada por el desborde subterráneo, acuna mares cristalizados en mariposas, y la mágica infrageografía de México, para dejarnos a la vista, a través del Ojo de la Reina y las formaciones de Yaax-Nik, este singular elogio de páginas, un libro de espeleología comparada que Carlos Lazcano, de manera elegante y sutil, ha bautizado con el nombre arquetípico de “Privilegios de la luz”.

       *Prólogo al libro de Carlos Lazcano Sahagún, “Privilegios de la Luz” (edición del Grupo Cementos de Chihuahua).