«¡Esto es una revolución, y ya nadie la va a parar». Crónica de una elección histórica

Son las ocho y media de la mañana del domingo 1ro de Julio 2018. El camión amarillo con blanco circula ya por la avenida, mientras a lo lejos las campanas de la iglesia se preparan para anunciar la hora de la confesión. Doña Beatriz, de 80 años, hoy tiene un compromiso que cumplir antes de acudir a la misa. Las decenas de experiencias que carga en sus arrugas la hacen andar lento pero a paso seguro. Camina por la acera de la calle águilas en dirección a la escuela primaria ubicada a dos cuadras de su hogar; ahí la espera una casilla donde emitirá su voto, al igual que 89 millones de mexicanos a lo largo y ancho de todo el país.

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos

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Una jornada electoral se desarrolla desde Yucatán hasta Baja California. El término “histórica” ha acompañado el proceso democrático desde antes del arranque de campañas. Desde el jueves 28 de junio (hace 3 días) se ha levantado una veda electoral por todo el país. Tras 90 días de bombardear a la ciudadanía con rostros, propuestas, corrupciones, abusos, colores y discursos (hipócritas, cínicos, vacíos, esperanzadores, necesarios, justos, usted nómbrelo), se respira un aire de hartazgo, ya no sólo de la clase política en el poder, sino sobre todo de un proceso electoral agotador; hoy ese hartazgo intentará cambiar la historia del país a través de las urnas.

A pesar del flujo informativo que en la última era han permitido las redes sociales, es probable que Doña Beatriz, ciudadana de otra generación (y por ende, de otros medios), ejerza su voto como lo ha hecho en elecciones pasadas. Para ella el cambio ya es inexistente, imposible. O quizás, quizás hoy, tras más de 80 años de una dictadura perfecta, Doña Beatriz ejerza un voto para desterrar, de una vez y por todos, a élite político-empresarial que desde décadas atrás ha usurpado el poder público en México para enriquecerse a costa de la miseria de un pueblo.

¿Se puede tener esperanza y optimismo de que mejore la situación tras tantas decepciones? En la atmósfera se respiran aires de cambio, pero quizás es demasiado pronto para anunciar cualquier cosa. En este país todo puede pasar; por ahora habrá que especular, pero el resultado está por verse.

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Un viento fresco sopla desde el mar a menos de dos kilómetros de distancia del Parque Revolución. Arrullados por la naturaleza, los árboles bailan a paso lento con los ritmos del verano. Sobre la acera algunos paleteros circulan por las esquinas de la cuadra, al igual que las risas de los niños y las ojeras de varios citadinos (trasnochados pero madrugadores).

Siendo las nueve y medio de la mañana, más de 500 personas hacen fila en este parque para emitir su voto en las casillas especiales, montadas “prioritariamente” para residentes que vienen de otras entidades de la república. La apertura de las casillas se ha retrasado no sólo aquí, sino en varias entidades del país; a las afueras del INE en la Ciudad de México el grito es el mismo que el de Juan Carlos en Ensenada: «¡Queremos votar!».

No es la primera vez que votar en una casilla especial se complica, y en realidad la impuntualidad en el inicio de las votaciones es lo de menos. Así lo afirma Roberto Aguilar, cachanilla de aproximadamente 50 años que espera, como cada elección, en la fila: “Lo que siempre pasa en estas casillas especiales es que dejan sólo 750 boletas, y no prevén que no serán suficientes para todos”.

Hoy hay dos casillas especiales instaladas en el parque, es decir, una disposición de 1500 boletas electorales. En el Gobierno Municipal hay otra casilla con la misma cifra. Desde ya comienza a correr el rumor de que las boletas serán insuficientes para garantizar el voto de toda la ciudadanía.

Llegadas las once de la mañana la fila rodea todo el parque revolución. Bajo el rayo abrazador del sol la gente espera, si bien el ambiente es de tranquilidad, ¿reflejo de que este cambio de régimen será pacífico? En el recorrido la gente va compartiendo sus comentarios: “Llevamos cinco horas esperando, y nos quedaremos más si es necesario, porque es un deber ciudadano participar en esta elección”, comparte un adulto con gafas oscuras. Más adelante una joven de treinta años reitera el reto de paciencia: “Llevamos 4 horas esperando para votar, la verdad si no alcanzamos a votar y se nos quita este derecho haré un video que se vuelva viral”, comenta con encono.

Este día el INE ha dispuesto 93 millones 900 mil 945 boletas electorales para la elección presidencial, mientras que en total, para las tres elecciones federales (Presidencia, Diputaciones y Senadurías), se han distribuido 281 millones 702 mil 835 boletas en todo México.

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En el distrito 03, correspondiente a Ensenada, hay 330 mil 18 electores: 77 mil 77 inscritos en la región de San Quintín y 252 mil 981 en el resto del municipio de Ensenada. Estas cifras permiten vislumbrar el movimiento masivo que se desarrolla este histórico día. De la colonia más humilde al centro cívico más abarrotado, hay millones de mexicanos acudiendo a las urnas a elegir el futuro del país.

Se prevé un voto masivo para el tres veces candidato, Andrés Manuel López Obrador. Contendiente por la coalición Juntos Haremos Historia y puntero de todas las encuestas, Obrador se perfila como la opción para un cambio de rumbo en México: de la política entreguista neoliberal —impuesta desde hace 30 años por el gobierno de Miguel de la Madrid y afianzada por Carlos Salinas de Gortari—, a un modelo nacionalista que recupere sectores estratégicos, muchos de ellos hoy privatizados o descuidados. ¿Será posible dar un giro a la izquierda? ¿Lo permitirán los poderes fácticos? Un cambio de paradigma está en juego; cada voto emitido cuenta.

 

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Un perro corretea en una calle del Parque de la Colonia Hidalgo. Entre los árboles sobresale un pequeño quisco que refracta con su blancura el sol veraniego. En el del quisco hay dos módulos compuestos por dos mesas que se distribuyen en ambos costados del recinto, cada uno atendiendo a un rango de electores de acuerdo a las iniciales de su nombre. Son las doce de la tarde.

Una señora con blusa de flores va marcando en la lista nominal las identidades que ya votaron. A su derecha se escucha el arranque de las hojas de votación, una para diputado, senador y presidente; éstas son intercambiadas por la credencial de elector. En la mesa de al lado reposan las urnas que albergan la voluntad popular ensenadense. Al final del quiosco, las casillas con la leyenda de «El voto es libre y secreto».

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En cada módulo del INE las tareas cívicas las desempeñan 5 ciudadanos seleccionados aleatoriamente para llevar a cabo el proceso electoral: un presidente, un secretario, dos escrutadores y tres suplentes generales. Este escenario se replica a nivel nacional: un millón 400 mil funcionarios de casilla a cargo de 155 mil casillas alrededor del país, en las que podrán votar 88.9 millones de ciudadanos que se encuentran en la lista nominal, aunque el promedio de participación en México es de 64%, según datos de los tres últimos comicios presidenciales (2000, 2006 y 2012).

Llegada la una de la tarde el flujo de gente comienza a incrementar en esta casilla. Vienen familias enteras, adultos y jóvenes en ropa dominguera, personas de la tercera edad con ese dejo de nostalgia en cada respiro y hasta niños cuya curiosidad embosca a los papás: “¿Qué es un senador? ¿Cuándo voy a poder votar yo? ¿Tú por quién votaste?”, disparan a sus progenitores. Los infantes nos recuerdan que hoy no decidimos solo por nosotros, sino por el futuro de las nuevas generaciones: es una responsabilidad de largo plazo.

«498, página 21», comenta el secretario de las casillas instaladas en el Parque de la Colonia Hidalgo, dirigiéndose a los ciudadanos seleccionados por el INE para participar en esta jornada de construcción ciudadana y generación de vínculos sociales. Extraños entre ellos mimos, asoman esas curiosidades de la democracia contemporánea: los vecinos sólo se conocen cuando les toca votar y permitir que se vote.

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DSC_0187En el evento también se manifiesta la mezcla de generaciones y sexos en la selección de funcionarios de casilla. Un señor de la tercera edad arranca las boletas electorales conforme llegan los ciudadanos. A su derecha una chava con cabello largo y 20 años en su rostro entrega las boletas, mientras una señora adulta recibe las credenciales y pone la mancha oscura sobre los dedos angulares.

El ejercicio democrático resulta un campo de cultivo perfecto para construir comunidad. Surgen preguntas: “¿no sería interesante que este ritual de toma de decisiones y reuniones colectivas se dieran con mayor frecuencia? ¿Será éste el inicio de una transición hacia un modelo de democracia participativa?”. Ideas utópicas que guían añoranzas nacionales.

Simpatizantes y militantes del PT, MORENA, PAN, PRD y PRI supervisan el proceso con sus respectivas listas nominales. Van tachando nombres a la par que el responsable de la casilla. Algunos han encargado pizza para aguantar la jornada, otros se trajeron lonche: burritos, jugo y papitas asoman debajo de sus sillas. «¿Y la torta?», pregunta bromeando un señor de la tercera edad a un joven que lo acompaña. «Al ratito», le responde con humor.

Algunos infantes juegan en los columpios de alrededor mientras sus padres deciden su porvenir. A mi derecha una niña salta y juega para luego preguntarle a su mamá: «¿por quién vas a votar?». Ella responde: “No lo sé aún…”. “Ojalá que por alguien que te dé un mejor futuro…”, pienso antes de retirarme y seguir la travesía de este día histórico.

 

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La calma que distingue a los domingos ensenadenses no se ve muy alterada en esta jornada electoral, al menos no por la zona sureste de la ciudad. En la intersección de la calle México y la avenida Águilas la gente espera camión detrás de un rotulo de Jorge Ramos. En Baja California los candidatos de Morena han salido ganadores en las encuestas, pero aún no se puede dar nada por sentado.

«Protesta, hay otro mundo que es posible. Y si no piensas en gritarlo, aquí nadie va a venir a hacerlo por ti. Haz que las calles hablen», grita un hip-hopero desconocido por UABC radio. Poco después aparece un spot del INE, tan repetido en los últimos meses que seguro ha producido el efecto contrario a su sentido original de incentivar el voto: “¡Voto libre!, ¡Vota libre!, Es mi decisión, voy a elegirlo yo, investigo las propuestas, elijo y exijo”.

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Quizás el error de todo nuestro sistema político es precisamente limitar nuestro compromiso cívico al voto representativo. Claro que la dinámica laboral contemporánea no suele permitirle a la sociedad involucrarse con mayor responsabilidad en los asuntos públicos y sociales de su comunidad, pero ello no significa que el tiempo sea nulo. Unas horas de las que se invierten en actividades ociosos bien pudieran aprovecharse para construir una mejor sociedad.

Este domingo es un buen ejemplo para desterrar cualquier oposición a la participación activa. ¿A caso no podría replicarse este ejercicio de organización comunitaria en las colonias cada quincena? Es evidente que no todos podrían participar, pero con un miembro de cada familia en el acto ya iniciaría una transformación impresionante. Bien lo señalaba hace unas horas Tania Gallaga, activista defensora del agua en Mexicali Resiste, al publicar en Facebook el siguiente mensaje: “El deber cívico no termina a las 6pm”.

 

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En días anteriores la desinformación y el miedo han hecho de las suyas. En las conversaciones previas a este domingo la gente no paró de expresar sus legítimas dudas: “¿Crees que haya fraude? ¿Crees que se anulen las elecciones por la violencia? ¿Es cierto que el lápiz del INE se puede borrar?”.

Las redes sociales han sido un elemento indispensable en esta elección. Como ocurrió a lo largo de la campaña, el flujo informativo por Facebook, Twitter, Instagram y demás redes ha permitido que hoy se conozca al instante el asesinato de militantes perredistas en el Estado de México, la intervención del crimen organizado en la instalación de casillas en Guerrero y el arresto de militantes involucrados en la compra de votos en Coahuila, por mencionar algunos ejemplos de los hechos nacionales. Además han permitido comprobar que el problema con las casillas especiales no fue algo exclusivo de Ensenada o Tijuana, sino que fue un fallo a nivel nacional.

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Aristegui Noticias, portal informativo de vanguardia en la era digital que ha inspirado a proyectos periodísticos independientes a lo largo y ancho del país, ha mantenido desde temprana hora una transmisión permanente para analizar el transcurso de la jornada electoral, realizando entrevistas y mesas de análisis con periodistas y colaboradores de su plataforma editorial como Jenaro Villamil, Julio Astillero, Pedro Meyer, entre muchos otros.

Y claro, la ciudadanía también se ha dedicado a documentar desde sus dispositivos móviles este proceso electoral: transmisiones en vivo de entrega de despensas, videos sobre las filas enormes para poder ejercer el voto, tsunami de selfies mostrando el dedo angular marcado como evidencia de participación electoral, y así un largo, largo etcétera. Los memes, imperdibles, han alimentado la cascada comunicativa que hoy conecta a todo México.

 

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«Tienen carteles de soy foránea y quiero votar», comenta una joven güera a su acompañante, en referencia a carteles que han aparecido en el Parque Revolución tras seis horas de hacer fila para poder ejercer el voto. Son las cuatro y media de la tarde, y faltan menos de dos horas para que se cierren las casillas en esta región del país.

En una banca una pareja de mujeres dialoga entre sí: «¿y usted, de dónde es?». “De Michoacán”. “Órale, nosotros somos de Sinaloa, nos vinimos a trabajar porque allá la situación está muy difícil”.

En la fila hay mexicanos de Jalisco, Oaxaca, Puebla, Veracruz, Guanajuato, Sonora, Zacatecas. Gente de toda la república se ha congregado hoy en este parque para emitir su sufragio. Claro, también ha venido gente que no ha cambiado su domicilio en el INE y gente que no quiso votar en la casilla de su sección y prefirió aprovechar que estaba por acá para utilizar una boleta de casilla especial.

Alrededor del parque se ha extendido el cansancio y la impaciencia. Si bien la gente no desiste de su derecho al voto, los ánimos comienzan a transformarse en frustración.

En el centro de la plaza es donde se lleva a cabo la votación. Debajo del quisco del parque dos módulos atienden a los más de 500 congregados esta tarde para emitir su voto. Por las filas del lugar se ha esparcido el rumor de que no alcanzarán las boletas. Algunos ciudadanos, inconformes ante la inminente imposibilidad de efectuar su sufragio, han optado por salirse de la fila y comprar cartulinas que levantan en alto con consigas como: “El INE no está garantizando mi derecho al voto”, “Exijo mi derecho al voto”, “Quiero que mi país cambie”.

Dadas las 4:50pm el drama se intensifica. A unos metros de los módulos una señora de la tercera edad que padece problemas epilépticos se ha desmayado, según su acompañante por permanecer tanto tiempo bajo el sol y por el estrés que le provocó la situación de tensión por la falta de boletas electorales. Policías y paramédicos atienden a la señora, mientras el ambiente sigue tenso.

DSC_0231La percepción de que muchos no alcanzarán a votar se esparce como la pólvora en un día festivo mexicano. Roberto Arroyo, joven de Mexicali, comparte su testimonio: “Todos debemos tener la misma oportunidad de votar. Es la primera vez que yo voto, hemos visto mucha saña en contra del pueblo, y con el candidato por el que voy creo que hay una oportunidad de un mejor futuro. Tenemos esperanza de un cambio para el país”.

Dan las cinco con veinte minutos. Comienza a haber confusión y a multiplicarse las preguntas: «¿Por qué esas boletas no se pueden utilizar? ¿Por qué no alcanzaron las boletas? ¿Ya no hay boletas para foráneos?». Estos comentarios son expresados ante ciertos funcionarios de casilla que comienzan a tachar boletas excedentes, correspondientes a los representantes de partidos políticos.

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«Nuestro voto se va a ir al PRI, el INE debería de haber dado más boletas…”, expresan los inconformes. Aquí lo lamentable es que sean los mismos ciudadanos, funcionarios de casilla por un día, quienes reciben los reclamos, pues ellos nada pueden hacer para solucionar la falta de boletas ni el enojo social.

José Luis, un joven que hoy es escrutador, trata de explicar la situación: “Durante el simulacro nos dijeron que todas las personas podían venir a votar aquí, es decir, alguien que no sea foráneo, sino residente local, puede votar aquí, porque no le podemos negar el voto a nadie. La gente está enojada, y los entendemos, pero también era cuestión de que la población fuera a su casilla a votar; por otro lado, el INE pudo haber dicho que estas casillas fuera exclusivas para foráneos. Me parece que es una falta de cultura el no entender, querer hacer escándalo y hacer las cosas más difíciles para todos”.

 

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Cinco y media. Se cierran casillas en el primer módulo y hace erupción la inconformidad. “Aquí en Ensenada hay mucha gente de otra ciudad, ¿cómo que no van a alcanzar las boletas? ¡Llevo 6 horas aquí! ¡Se quieren robar nuestro voto!”.  

Una vez más la falta de precaución del INE ha decepcionado a parte de la ciudadanía. Trato de imaginar qué sienten estas personas: verse incapaz de ejercer el derecho al voto en una elección que representa una posibilidad histórica de cambio. El enojo hierve en las venas.

La gente en la fila, mucha todavía ignorante de la situación que se está suscitando en las casillas, permanece con la idea de que hoy podrá votar por el candidato que más lo convenció. El mosaico de ciudadanos es amplio y diverso. Una señora con bebé en brazos, un abuelo jornalero con la gorra bien puesta, adultos con la camisa de la selección, turistas con vestuario veraniego. Ninguno de ellos votará hoy.

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“Mamá, nos hicieron venir para acá y ya se acabaron, ya vámonos”, comenta un niño a quien lo llevan de la mano. “¡Se acabaron las boletas!”, grita con fuerza uno de los inconformes, rompiendo la poca tranquilidad que permanecía intacta en el lugar.

El aire del parque duplica su densidad. La gente comienza a amontonarse frente a los módulos electorales y a disparar reclamos y gritos contra los funcionarios de casilla. La policía interviene y establece un perímetro alrededor del módulo para evitar conflictos con la ciudadanía encolerizada.

“Todavía nos dicen que si seguimos inconformándonos van a cancelar los votos aquí emitidos”, expresa una señora de blusa negra. “No fui a trabajar por votar”, comenta un hombre moreno. “¡Queremos votos, queremos voto, queremos voto!”, grita parte del colectivo congregado frente a los policías.

“Ya se quitaron el chaleco los del INE, para evadir la responsabilidad”, señala otro de los reunidos. “Si saben que son 4000 cabrones foráneos, ¿por qué sólo envían 1500 boletas? Que nos den la oportunidad de votar”, expresa un joven con camiseta de una banda de power metal.

“Esto es algo planeado, quieren arrebatarnos el voto. Y como siempre nosotros nunca decimos nada, por eso hacen y deshacen”, comenta otra ciudadana, y concluye: “Pero esto es una revolución, y ya nadie la va a detener”.

 

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“Bro, me dicen fuentes del PAN que arrasó Morena en todos los Estado. Los panistas ya están dando por hecho que perdieron no solo la elección presidencial, sino también las cámaras: Morena tendrá mayoría en el Congreso”. Esto lo comenta por teléfono Jorge Gómez, un colega que hoy está cubriendo la jornada electoral en la Ciudad de México.

Varios colegas de la prensa local nos reunimos un momento y compartimos comentarios acerca del transcurso de la jornada electoral. Son las seis y media de la tarde, y el mensaje anticipado del triunfo de Obrador ya circula a los cuatro vientos. “¡Murió el mal gobierno!”, gritan con euforia varios de los ciudadanos que permanecen cerca del quisco del Parque Revolución, esto tras al mensaje de José Antonio Meade, quien reconoce que de acuerdo a resultados preliminares, su coalición no saldrá ganadora en los comicios presidenciales.

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“¡No pudieron a pesar de que no nos dejaron votar, ¡ya ganamos!”, comienza a decir la gente. Banderas de Morena llegan al parque revolución para festejar el triunfo del tabasqueño. Los discursos de éxito afloran: «¡Presidente, presidente!».

Armando Ayala, gerente de PSN en Ensenada y Coordinador del Movimiento de Regeneración Nacional en Ensenada, se acerca, da amplios saludos y estrecha su mano con todos los colegas de los medios de comunicación; extiendo mi mano como el resto de los periodistas pero el ex candidato la ignora, lo que me pone a pensar que seguro guarda rencor por lo publicado en 4Vientos sobre la presunta censura al periodista Jorge Díaz durante estos comicios electorales. Gajes del periodismo independiente y crítico, supongo.

En la casilla al lado del quiosco los ciudadanos seleccionados para ser funcionarios van contando los votos. La mayoría de Morena comienza a ser evidente. Basta con ver el bonche de boletas correspondiente a Obrador para darse cuenta de la victoria abrumadora que se avecina, tan anticipada por analistas, casas encuestadoras, periodistas y hasta la comunidad  internacional.

“De mis corridos te digo, nunca te des por vencido, eres nuestro presidente, peje a quien le peje”, interpreta un músico urbano que se une al festejo; la canción seguramente se replica a nivel nacional. El cambio de gobierno ha comenzado.

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Siete y media de la tarde. Al igual que José Meade y también El Bronco, Ricardo Anaya anuncia su probable derrota. El carnaval nacional comienza a embriagar a los mexicanos. Las fotos que llegan desde todos los rincones de la república anuncian una fiesta nacional que no tuvo ni Fox.

Los memes en redes sociales han comenzado a saturar el Internet. En el aire se respira triunfo y una efervescencia nacional; yo arrastro desconcierto ante el rápido reconocimiento que PRI y PAN han emitido sobre su derrota. La aplanadora victoria de Obrador, anticipada por los resultados no oficiales de las encuestas de salida, los han obligado a pronunciarse antes del pronunciamiento del INE; esto nunca había ocurrido en la historia del país.

Ocho veinte. En la CDMX decenas de miles salen a las calles a festejar la historia que se escribe hoy. El Zócalo se llena, mientras otra masa de ciudadanos se acerca al lugar por la calle 5 de mayo.

La Coparmex no tarda en emitir su posicionamiento de “total disposición” para trabajar de la mano del ganador. Uno tras otro los discursos de ¿previos? opositores a López Obrador cambian de línea. Es impresionante cómo los intereses se adaptan con tanta rapidez. Ahora todos se llenan la boca de democracia, instituciones fuertes, libertad, felicitaciones y deseos de cooperación. ¿Qué pasó con la guerra sucia? ¿Con el odio? ¿Con los señalamiento de locura, insensatez, corrupción?

El 53 por ciento de votos a favor de Obrador ha dejado pálidos a Peña, Loret de Mola, Kiko Vega, y un sin número de funcionarios que durante los próximos seis meses prepararan amparos e infinidad de recursos para protegerse de la impartición de justicia; este fenómeno alcanzará niveles impensables, doblegando incluso el discurso de Carlos Salinas de Gortari en días posteriores.

Ocho cuarenta. Lorenzo Córdova aparece en Televisión. Comienza el discurso sobre la realización, sin “muchos pormenores”, de los comicios electorales. Vienen los primeros resultados del PREP, y la numeralia deja claro el mensaje que los mexicanos enviaron hoy a la clase política: 22.1% de los votos para el PAN, 15. 7% para el PRI, 5.3% al Bronco y un tremendo 53% para MORENA, ¡una cifra histórica! Estos resultados se replicarán por todo el país en la elección de diputados y senadores. En otras palabras: puerta abierta para realizar cambios profundos en el país.

El INE también agrega que, de los 89 millones de posibles votantes en el país, el 63% salió a votar, dando un aproximado de 59 millones de votos totales, de los cuales al menos 26 millones fueron para López Obrador; en días posteriores esa cifra alcanzará los 30 millones de votos. ¿Qué nos dice esto? Pues que AMLO se ha convertido en el Presidente más votado en la historia del país; Salinas ganó con 9,641,329 votos, Zedillo con 17’181,065, Fox tuvo 15’989,063, Calderón 15’000,028 y Enrique Peña Nieto 19’158,592.

Finalmente, el personaje que hoy ha conseguido un giro histórico en México aparece en pantalla; auditorios de todo el mundo sintonizan este momento: “Llamo a todos los mexicanos a la reconciliación…”.  

El discurso de Obrador, sobre el combate a la corrupción, apoyo a los más humildes, rescate del campo, fortalecimiento del mercado interno y otros ejes de su proyecto de nación, no es nuevo para quienes lo hemos escuchado antes. Sin embargo, en esta ocasión tiene agregados que claramente apuntan a tranquilizar a los mercados internacionales: “Se respetará la autonomía del banco de México, se reconocerán compromisos internacionales, los contratos serán revisados para evitar casos de corrupción, no se expropiarán ni confiscarán bienes”.

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Foto: Isabel Sanginés.

Gritos y sobresaltes se dan en millones de televidentes cuando pronuncia que “erradicar la corrupción y la impunidad será la misión del nuevo gobierno. Sobre aviso no hay engaño: sea quien sea será castigado. Incluyo a compañeros de lucha, amigos y familiares”.

Las palabras del nuevo presidente de México están arropadas por una sensación que han acompañado toda su campaña: la esperanza, valor sepultado en fosas clandestinas desde hace décadas. “Cambiará la estrategia de seguridad, porque creemos que la forma más eficaz de combatir la violencia es atacar la desigualdad y la pobreza. Convocaré a representantes de la ONU y de derechos humanos para asesorarnos”.

El discurso de Obrador va llegando a su fin, con un reconocimiento a Enrique Peña Nieto por ser respetuoso de los comicios electorales, a los medios de comunicación por no hacer tan hostil la guerra sucia y claro, una gratitud especial “a las benditas redes sociales”.

Con esa convicción que llevó a más de 30 millones de mexicanos a votar por él, Obrador finaliza confesando aquella meta que ha guiado su proceder desde hace años: “Tengo la legítima ambición de pasar a la historia como un buen presidente. Juntos vamos a reconstruir esta gran nación”.

 

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Once y media de la noche. Tras 16 horas de intenso trabajo, una decena de ciudadanos siguen contando y revisando boletas bajo el cuidado y vigilancia de la policía municipal en el Parque Revolución. El retraso del conteo se debe, en su medida, a la furia de la ciudadanía que al no alcanzar boletas para ejercer su voto, trató de intervenir la casilla.

Al igual que los funcionarios de estas casillas, por todo México hubo cientos de miles de millones de héroes anónimos: ciudadanos que se comprometieron a vigilar los comicios para evitar un fraude mayúsculo, personas que en su vida han militado en un partido pero que hoy se ofrecieron como funcionarios, mexicanos que trabajaron incansablemente por informar lo más posible a la población sobre el transcurrir de las elecciones.

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Foto: Edgar Lima.

Muchas lecciones sobresalen de esta elección; me permito enumerar algunas de ellas. La primera es el descubrimiento de que sí es posible cambiar el rumbo del país cuando se participa masivamente en el desarrollo político de una nación. La victoria de López Obrador se pude haber visto frustrada (nuevamente) de no haber sido por tantas voluntades alineadas con el objetivo de que ganase.

Segundo. Este triunfo no le pertenece a un candidato o a un partido político, sino a todo un pueblo, que harto de los abusos inhumanos de la clase gobernante, hoy decidió castigar a la partidocracia mexicana. Las réplicas nacionales internacionales de este evento están todavía por verse; sólo el tiempo nos dirá qué ganamos y perdimos con estos votos masivos.

Tercero. La participación ciudadana vivida por millones de mexicanos el día de hoy debería servir no sólo como una experiencia pasajera, sino como inspiración para impulsar una democracia más participativa en los asuntos de carácter sociopolítico. No basta con que Obrador haya ganado las elecciones; si la conciencia política de la ciudadanía no cambia, las posibilidades de que Morena se corrompa son inmensas.

Mucha queda por escribir de este 1ro de Julio, un día que muchos recordaremos como la punta de lanza entre el pasado y el futuro del país. Si bien esta noche México logra un gran triunfo histórico, quedan todavía millones de pequeños logros que alcanzar. La historia apenas comienza, y queramos o no, seremos parte de ella.