El derecho de echar la hueva

La flojera es universal. Si bien hay culturas que la penalizan (por ejemplo, los católicos, que asocian la pereza con el pecado), hay otras que la engrandecen, como los antiguos griegos y su “vida contemplativa”. En el caso del México actual, parece haber un engrandecimiento de la flojera al exaltar su valor –ya sea de forma positiva o negativa– nombrándola como “hueva”.

José Alfonso Jiménez Moreno* / 4 Vientos


¿Qué es la hueva? Una primera reflexión nos haría pensar que es la intención del “no hacer” o de la inactividad. Sin embargo, esa intención de falta de acción es una acción en sí misma, es decir, lleva consigo la negación del hacer (lo que sea que a uno le dé flojera). Lo que nos da flojera tal vez se relacione con lo obligatorio, con lo forzoso, aunque también en ocasiones la hueva se hace presente en actividades que, en un momento distinto, podemos encontrar como placenteras. Nos da flojera ir a trabajar o a la escuela, pero a veces también nos da flojera ir al cine o salir con los amigos.

La flojera se manifiesta entonces frente a una diversidad de posibilidades de acción o de actividades. De esta manera, tal vez su entendimiento no va en función de lo que la genera, ya que puede atacar tanto a obligaciones como a acciones de ocio, sino que puede comprenderse a partir de lo que la caracteriza. Esta negación de la acción de la hueva pudiera concebirse como una especie de adormecimiento de la voluntad. En este aletargamiento de lo que debemos o queremos hacer (o, al menos, de lo que creemos que queremos hacer) se manifiesta un rechazo al trabajo, a la escuela, a ir al cine, a ir a ver a la pareja, a asistir a una fiesta, a ir al supermercado…

¿Por qué nos da flojera trabajar o hacer deberes? El rechazo es muy entendible cuando hay una obligación de por medio, como los niños frente a la escuela: es bien claro cómo en ellos se presenta un aletargamiento de la voluntad de ir a la escuela frente a la imposición social absurda de que madruguen a su corta edad para ir a una actividad forzosa. Pero, en la vida adulta, uno busca estudiar o trabajar. Si, al menos con estos dos ejemplos, la acción es consecuencia de haber buscado la posibilidad de desarrollarla, ¿por qué, aun así, nos da hueva?

¿No somos acaso nosotros quienes hemos buscado nuestro trabajo? ¿No somos nosotros los que luchamos por estudiar o por tener incluso espacio de esparcimiento? ¿Por qué entonces se aletarga esta voluntad hacia lo que nosotros consideramos importante para nuestra vida? Ante esto, tal vez sería bueno comenzar a cuestionarnos si la flojera es benéfica.

“Echar la hueva” es una expresión que refleja el bienestar que física y emocionalmente se siente al dejarse llevar por el aletargamiento de nuestra voluntad frente a una acción en particular. Echar la hueva nos permite descansar la mente, relajar el cuerpo y prepararnos para próximas actividades. Nos ofrece el placer de rechazar lo que nos cansa e, incluso, lo que nos pueda parecer benéfico. Parece la manifestación de nuestra voz orientada hacia el rechazo. Desde este punto de vista, la hueva es un derecho, dado que posibilita el desarrollo posterior de una actividad con energías y emociones recargadas para poder hacerle frente a lo que sea que estemos rechazando; pero, además, es una manifestación clara del derecho al no hacer.

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Por otra parte, a pesar de nuestro derecho al rechazo hacia una acción, mostrado mediante la hueva, ¿por qué mostramos rechazo hacia cosas que nosotros buscamos y consideramos como importantes? ¿En qué momento pasamos de la “vida contemplativa” a la “hueva”,  a esa hueva nociva, a esa que no permite avanzar en el trabajo, a esa que caracteriza a la burocracia y a la apatía escolar? ¿Será posible que la hueva sea un indicador de que aquello que aparentemente es importante, no lo es tanto? ¿Qué tanto esa hueva habla de nuestros verdaderos intereses, aspiraciones y valores?

Para el mexicano, la hueva es, en muchas ocasiones, causa de risa. Así como el relajo, exaltamos la flojera, es parte de nuestra vida, parte de nuestra cultura. Si la flojera es universal, la hueva es bien mexicana. Resaltar la hueva tal vez demuestra que hay cosas que no necesariamente son tan importantes para nosotros, al menos no tan importantes como pensamos. Es posible que la hueva ponga de manifiesto que la relevancia de las cosas puede ser relativa. En ese sentido, no se trata de obligarnos a ser siempre responsables, eso sería ir en contra de nuestro derecho al no hacer; pero vale la pena reflexionar sobre nuestra exaltación de lo inamovible, por ser huevón.

Se vale echar la hueva, se vale ser huevón, pero también se vale considerar a la hueva como una gran oportunidad de reflexión sobre la forma en que valoramos nuestras acciones, nuestra cultura, a nosotros mismos y las actividades que en realidad deseamos o no llevar a cabo.

 

José Alfonso Jiménez Moreno es un mexicano –entre chilango y ensenadanse– interesado en estudiar todo aquello que ayude a conocer lo humano.