LOS PERROS GUARDIANES: Tarde con Margueritte

Sólo saben envejecer aquellos que no olvidan lo que leen

 Rael Salvador/ A los 4 Vientos

“Sólo se conoce la manera de actuar de

alguien cuando se conoce a la persona”.                                                 

Marie-Sabine Roger.

  ¿Cuántas veces nos ha sucedido? Queremos pensar en alguien con  ilusión y… sólo nos quedamos pensando. A veces hubo suerte, otras no.

         La lectura es mi vida y la vida es lo que es, y, dentro de todo, la lectura llega a enriquecer esa vida.

         Un árbol, una banca de parque, un libro y un estanque tranquilo.

         Palomas habrá siempre…

         Tengo en mis manos Tardes con Margueritte (“La tète en friche”, Duomo ediciones/nefelibata), de la profesora francesa Marie-Sabine Roger.

         Es una novela hermosa, como hace tiempo no leía, que me lleva de nuevo a revalorar la ternura, la confianza, el cariño…

         Esto nada tiene que ver con palabras “llaves”, de esas que, vía el satén de lo sexual, abren las múltiples puertas a la recámara.

         ¿Cómo decirlo?: “Me refiero a sentimientos que no acaban en la cama”, como diría el protagonista.

         Ternura, confianza, cariño, amistad… pilares de la vieja escuela del amor.

         La narración, hoja tras hoja, relata la historia de uno de esos encuentros improbables que pueden cambiar una vida.

         En un parque se encuentran Germain, de algo más de cincuenta años y casi analfabeto, y Margueritte (con dos “tes”), de 86 años, una frágil anciana apasionada por la lectura.

         Cuarenta años y cien kilos los separan.

         Por casualidad, Germain se sienta a su lado. Margueritte empieza a leerle extractos de sus lecturas –primero, Albert Camus y la novela ejemplar de La peste– haciéndole descubrir la magia de los libros, de la que Germain se creía excluido.

         Margueritte lee: «La mañana del 16 de abril, el doctor Bernard Rieux, al salir de la habitación, tropezó con una rata muerta en medio del rellano de la escalera. En el primer momento no hizo más que apartar hacia un lado el animal y bajar sin preocuparse. Pero cuando llegó a la calle, se le ocurrió la idea de que aquella rata…».

         Páginas van, páginas vienen y a Germain le seduce lo escuchado… «Cuando Margueritte dejó de leer –comenta–, me hubiera gustado que siguiese. Pero como no teníamos tanta confianza, no me atreví a pedírselo. Sólo le comenté:

–Es interesante el libro.

         La anciana hizo un gestito para decir que estaba de acuerdo.

–Sí, es verdad, Camus es un gran autor.

         –Albert se llama, ¿no? ¿Albert Camus?

         –Exacto. ¿Nunca había leído nada suyo? ¿“El extranjero o La caída?.

Germain, sosteniendo la mirada en el infinito, queda preso de las interrogantes del saber…

Avanzan las tardes con Margueritte.

         De pronto, para la gente que rodea a Germain, para sus amigos del café, que hasta ahora le han tomado por un tonto, la idiotez pasa por la báscula y cambia de lado.

         Pero Margueritte se va quedando ciega y, por amor a esta adorable abuela –refinada, atenta y traviesa–, Germain se esforzará y le demostrará que es capaz de leerle cuando ella ya no pueda hacerlo.

         Es una lectura memorable, tanto así que inmediatamente el director Jean Becker la llevó a la pantalla grande, con Gérard Depardieu, en papel de Germain, y Gisèle Casadesus, protagonizando la incomparable belleza literaria de la anciana.

         Marie-Sabine Roger es colega, pues trabajó como profesora de primaria antes de dedicarse por completo al mundo de la literatura. Algo que en su momento hizo el también profesor Julio Cortázar y que, desde esa libertad y esa experiencia, nos obsequió novelas maravillosas, como ahora lo hace la autora de “Tardes con Margueritte”.

Imagen de portada: Gisèle Casadesus, en el personaje de Margueritte. Foto: internet