SALTO CUÁNTICO: Un país nuevo.

“Cuando yo era chico me decían que cualquiera podía llegar a presidente de la nación.

Estoy empezando a creerlo.

Clarence S. Darrow

¿Será posible que al anunciarse el triunfo de Andrés Manuel López Obrador el próximo 1º de julio, el país entre en un proceso de reconciliación? De la frustración, rabia, desconfianza, incertidumbre y desesperanza ¿Pasaremos a un estado de posibilidad?

José Luis Treviño Flores/ A los 4 Vientos

Si algo tenemos los mexicanos es capacidad de soñar, hemos soñado por mucho tiempo y la realidad nos ha despertado en pesadillas una y otra y otra vez.

Todas las promesas de campañas presidenciales se han convertido en algo peor que promesas, engaños.

Anhelos de democracia del pueblo mexicano. Foto: internet

Tal vez una de las mayores frustraciones es levantarse, trabajar toda la vida y no observar por ninguna parte el fruto del esfuerzo. Salir a la misma calle polvorienta plagada de mantas y pendones con las fotografías de aspirantes a diferentes puestos de elección, mantas y pendones que se convierten después de la campaña en cubre techos, sombras, cortinas o para remiendos de los carromatos de venta de aguas frescas y raspados, que finalmente significan la mejor y única contribución a los votantes de más bajos recursos por parte de los otroras candidatos que pasan a formar parte de una clase política privilegiada y que no vuelven la vista atrás, se van junto con sus promesas al “bunker” legislativo, o palacios de gobierno impenetrables, intocables.

Tres o seis años después regresa la parafernalia cada vez más afinada y con mayor colorido, las campañas son también fuente de recursos de primera mano para operadores fugaces que lo dan todo por “su candidato”, mientras dura la elección hay comida, fiestas, regalitos, paseos, fotos y vídeos, selfies para presumir. Claro que al final quienes se quedan con algún empleo remunerable a lo largo de la gestión del ganador son los achichincles de cúpula, aquellos que departieron y se aseguraron de obnubilar a los acarreados. Y como una tambora de pueblo chico, cuando termina de pasar, deja detrás suyo basura, caras largas y la misma calle polvorienta, a la que jamás volverá el antes candidato y ahora flamante diputado, senador, presidente.

Este déjà vu cíclico nos tiene hartos, cansados.

Ya la generación de aquel 1988 cuando el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano nos asomó a la posibilidad de bajar al PRI de los zancos, dejándonos en el precipicio y con la mirada lánguida, fue la peor tortura haberse quedado a ver consolidarse un modelo económico que nos sumió en la más oscura forma de vida. En el 2000, 2006 y 2012, ya no creíamos en ningún cambio, nos habían aleccionado muy bien, creer se había convertido en un anhelo de cuentos de hadas, creer era como pensar en sueños guajiros, pensar en alguna posibilidad de bajar a aquellos “dioses olímpicos» del poder después de décadas, parecía imposible.

Cuauhtémoc Cárdenas manisfestó apoyo a Andrés Manuel López Obrador durante su campaña por la presidencia de la República en 2012. Foto: Cuartoscuro/ Animal Político

Aquí estamos ahora, en torno a un líder, AMLO, que parece honesto, un líder que nos dijo que no era el momento dos veces, dos veces que sirvieron para empobrecer al triple a millones de compatriotas, dos veces, más la de Cuauhtémoc Cárdenas con el Frente Democrático, tres veces (1988, 1994 y el 2000); son entonces 30 años desde que México entró de lleno a la famosa modernidad neoliberal.

Toda nación tiene su momento de emancipación, México la ha tenido más que ninguna otra y las hemos dejado pasar. Ésta vez no, y más vale que así sea.

Y Andrés, no se te ocurra decirnos que esperemos de nuevo, porque no eres tú, somos todos y ya no vamos a esperar. Lo único que queremos es vivir en paz,  saber que nuestro trabajo llega a donde debe y como una nación nueva, que comienza otra historia, donde por fin un presidente no sea un caudillo estéril, no un monigote del poder económico sin patria. De ser así la frase de tu coalición será realidad: ¡Juntos Haremos Historia!

“Soy siervo de la nación porque está asume la más grande, legítima e inviolable de las soberanías”

José María Morelos y Pavón.

Imagen de portada: AMLO Líder. Foto: internet/Morena