RAÍCES: Las bajas de las Baja’s

Las carreras fuera de camino como la Baja 500 y Baja 1000 presentan numerosos aspectos negativos que tarde o temprano terminarán afectando a nuestra tierra, la Antigua California.

Carlos Lazcano / 4 Vientos / Foto principal: Marcos Ferro, Red Bull.

La península de Baja California, nuestra tierra, es una región única en el mundo, con una biodiversidad y riqueza natural espectacular, la cual estamos obligados a conocer, amar y cuidar. Las carreras fuera de camino representan una fuerte agresión a esta biodiversidad y riqueza. Si realmente amamos esta tierra de ningún modo deberíamos permitir eventos como dichas carreras. Especialmente dañinas son la Baja 500 y la Baja 1000.

En las carreras Baja Mil y Baja 500, el único que realmente sale ganando es el dueño de ellas, un extranjero que además tiene tendencias racistas. La famosa y tan defendida DERRAMA ECONOMICA en realidad no lo es, y esta posición le apuesta a que los mexicanos seamos la servidumbre de extranjeros, en lugar de que nosotros generemos la riqueza. El mejor ejemplo de esto nos lo dan las mismas autoridades estatales y municipales, las que están al servicio de la empresa que organiza las carreras, dándoles todo tipo de facilidades y haciéndoles todo tipo de mandados.

Causa fuertes impactos a la naturaleza. Seguir permitiendo estas carreras en las condiciones actuales es apostarle a la degradación y destrucción de nuestros ambientes naturales. Las carreras no cumplen ninguna de nuestras leyes ambientales, y a pesar de eso las autoridades les dan los permisos. O sea que tenemos leyes de adorno. Desde luego, llegará el día en que lamentaremos esta actitud tan irresponsable. En Estados Unidos y en muchos otros países este tipo de carreras tienen muchas restricciones debido a dichos impactos, y aquí cada día se celebran más carreras precisamente porque las autoridades respectivas no cumplen con su trabajo.

El Presidente Municipal de Ensenada, Marco Antonio Novelo, es un apasionado de estas carreras, en las cuales participó como corredor (Foto: AGP Deportes).

Resulta absurdo e insensato dejar que gente que no vive aquí se lleve las ganancias mientras los que aquí vivimos absorbemos las pérdidas. Esta actitud se puede explicar por tener autoridades complacientes con lo extranjero ($$$) y una ciudadanía poco culta, que no conoce sus verdaderos valores y los dilapida fácilmente ante cualquier espejuelo. Ambas situaciones se explican por el sistema educativo deficiente que ha imperado en México desde hace mucho tiempo.

Al permitir las autoridades que estas carreras se sigan celebrando a pesar de no cumplir con las leyes ambientales genera varios problemas. Leyes y derechos que no se ejercen, se pierden. Es decir, los ciudadanos estamos perdiendo mucho al permitir que las carreras se realicen en estas condiciones. Las violaciones ambientales son también violaciones a los derechos humanos.

Este tipo de carreras son totalmente contrarias a la preocupación mundial que existe sobre el medio ambiente. De hecho las carreras fuera de camino están consideradas como el deporte más contaminante e insustentable que existe. Le apuestan al calentamiento global y al cambio climático. Le apuestan a la degradación de los ambientes naturales y a la extinción de especies, entre otras cosas negativas.

Además de todo lo anterior, el mensaje que estas carreras le dejan a nuestros niños y juventud es de que la naturaleza no importa, que importa más una carrera que cualquiera de nuestras regiones naturales. Que vale más cualquiera de las máquinas que corren en este evento, que las especies que habitan en la península. Muchos de estos niños y jóvenes hacen héroes a muchos de los corredores que no son más que depredadores y destructores de la naturaleza, ignorando a los verdaderos héroes de nuestra tierra.

Además de esa visión contraria a la naturaleza, estos eventos promueven una serie de antivalores contrarios a nuestra cultura, como el desprecio por la naturaleza, el desconocimiento de nuestras tradiciones, e incluso confundir tradiciones extranjeras, como lo son estas carreras, con tradiciones bajacalifornianas, promover una imagen negativa de la mujer, así como el consumo de bebidas embriagantes, música y costumbres vulgares.

Las carreras Baja Mil y Baja 500, así como todas las carreras fuera de camino, son una diversión de ricos que una ciudadanía pobre e inculta disfruta (Foto: AGP Noticias).

50 años de estar celebrando estas carreras arrojan un saldo muy negativo para la península. La supuesta derrama económica no se refleja, ni en la ciudad, ni en el medio rural. El costo en vidas humanas ha sido alto y refleja una irresponsabilidad tanto de autoridades, de organizadores como de corredores, y no parece que se tenga la intención de hacer algo al respecto. Los impactos a la naturaleza han sido altos, y las autoridades jamás han querido hacer una evaluación de estos. Las afectaciones y molestias en la ciudad también son grandes. Las pérdidas económicas para el municipio igualmente han sido altas.

Insistir en promover estas carreras es desconocer las vocaciones naturales de Baja California, ya que las carreras son contrarias a dichas vocaciones. Deja ver la falta de imaginación y creatividad para lograr eventos que realmente nos beneficien, partan de lo más valioso que tenemos, como son nuestras áreas naturales y sean sustentables, es decir, no dañen el entorno. Es parte de la mediocridad que parece haberse apoderado de Ensenada desde hace muchos años.

Estas carreras es una de las formas en que las autoridades siguen vendiendo a México al mejor postor. Aquí le están vendiendo el que nos usen como su traspatio y su basurero. También están vendiendo el nombre original de esta tierra “California”, por el de “Baja” que nada tiene que ver con nuestra raíces e identidades. Los estadounidenses pretenden quedarse con el nombre “California”. California fue el primer nombre de nuestra península, y lo tiene desde 1535. La California estadounidense se empezó a llamar así 85 años después que la península, y eso debido a un grave error cartográfico.

Para los estadounidenses “Baja” es sinónimo de inferior y así nos tratan. Lo peor es que muchos bajacalifornianos lo asumen y permiten que se nos trate como basurero. Al estar comprando nuestra tierra, los estadounidenses nos están quitando lo mejor de ella, como sus playas y sus costas. Al hacerse la venta de los recursos naturales y culturales de nuestra península, se nos está condenando a ser los sirvientes de quienes compran dichos recursos, en su mayoría estadounidenses. Un buen ejemplo de esto lo tenemos en la región de Los Cabos, en donde ya casi nada pertenece a los bajacalifornianos y ya han perdido casi todas sus playas y costa y a lo más que aspiran es a trabajar en los hoteles ocupando los puestos de tercer y cuarto nivel.

La carrera Baja Mil y Baja 500, así como todas las carreras fuera de camino son una diversión de ricos que una ciudadanía pobre e inculta disfruta. El despilfarro en dinero que estas carreras generan es impresionante. Vehículos de varios cientos de miles de dólares destrozados en unas cuantas horas, y toda esta diversión y despilfarro a costa de nuestras áreas naturales únicas en el mundo. Esto me recordó las palabras de Jesús en la Biblia: No des perlas a los puercos, no sea que las pisen y las destrocen. Y eso es lo que estamos haciendo al permitir que se realice este tipo de eventos.