SALTO CUÁNTICO: Llegó la hora

La liberación consiste en deshacerse de la falsa ilusión de que estamos liberados.

Ramana Maharshi

Es de todos sabido que muchos empresarios han sido beneficiados con contratos y licitaciones directas por parte del gobierno federal. También y durante el gobierno de Salinas De Gortari, uno de los hombres más ricos del planeta, Carlos Slim, compró la paraestatal Teléfonos de México (Telmex) a precio ridículo de 442.8 millones de dólares, cuando el valor oficial de esa empresa ascendía 8,000 millones de dólares.Hoy, la fortuna personal de Slim supera los 67 mil millones de dólares.

José Luis Treviño Flores/ A los 4 Vientos

Existen otros millonarios mexicanos en la lista de la Revista Forbes de México que no le piden nada a Carlos Slim

Germán Larrea, presidente y Director Ejecutivo del grupo México y Southern Copper Corporation, estima su fortuna según Forbes en 17 mil 300 millones de dólares.

Alberto Bailléres González, presidente del Consejo GNP, Peñoles y el Palacio de Hierro, amasa una fortuna de 18 mil 200 millones de dólares.

 

Héctor Hernández-Pons y familia, propietarios del Grupo Herdez, suman una fortuna de 674 millones de dólares.

Eva Gonda Rivera, accionista de Coca-Cola, tiene propiedades y capitales por 6 mil 600 millones de dólares.

Emilio Azcarraga Jean, dueño de Televisa, oscila su fortuna en 2 mil 500 mdd.

Los aquí mencionados en esta columna no son todos los que integran la élite de 35 magnates mexicanos que destacan en la lista de Forbes, pero para muestra basta un botón.

Algunos de ellos, como Germán Larrea y Héctor Hernández-Pons, ya han fijado posturas acerca del virtual triunfo del candidato de la Coalición Juntos Haremos Historia,  Andrés Manuel López Obrador, más los que se puedan sumar a la sucia guerra para tratar de impedir que la voluntad evidente de las mayorías  se cumpla.

Imagen publicada en internet sobre la contaminación de ríos de Sonora por empresas mineras de Grupo México, propiedad de Germán Larrea. (internet/ Radio La Nueva República)

AMLO en su discurso recurrente ha dicho una y otra vez que gobernará para ricos y pobres. Nunca ha mencionado que quitará a los ricos para dar a los pobres; pero sí ha puntualizado que no va a permitir que se abuse del poder y que aplicará políticas sociales, económicas y fiscales para abatir la desigualdad social. Esto no quiere decir que cada millonario deberá regalar su dinero, no, pero los que más tienen están obligados a pagar mayores impuestos y estos recursos deberán destinarse a programas y obras que favorezcan a la población en general, incluyendo a los empresarios.

Invertir en el propio país no significa sólo dar empleo, que por cierto aún hay una brecha enorme para jactarnos de ser una nación donde su clase trabajadora goce de un nivel de vida decente.

Invertir en educación y tecnología al alcance de todos abre las expectativas para ser una potencia económica. Acaparar la riqueza lo único que genera es más miseria y menos posibilidades de trascendencia en todos los rubros.

Explotar personas y recursos naturales sin moral alguna, desencadena epidemias sociales y económicas que finalmente llegan a la confrontación de clases. El mismo temor de fondo del oligarca capitalista que lucha incansablemente por frenar las protestas, la organización sindical, rehuyendo obligaciones  patronales elementales, reprimiendo con acciones coercitivas cada asomo de democratización, alimenta el nacimiento de líderes populares que finalmente exigirán lo que debió hacer desde el inicio: promover un crecimiento sostenido, socialmente responsable, sustentable y de justicia laboral. Porque no será más pobre y sí obtendría su sueño anhelado, seguir siendo rico pero sin sobresaltos, ya que la sociedad donde está inmerso su capital tendría los satisfactores inherentes a toda dignidad humana.

Foto: internet/ Noticias de Tampico

Entonces y por mucho, salir a vociferar en misivas, redes, comunicados, reuniones intimidantes con sus empleados, que “razonen” su voto y piensen en los “riesgos populistas”, sólo evidencian su obscena ambición y determinación de continuar en un esquema feudal, esclavista e inhumano, postura que les llevará a una real pérdida de capital al no conciliar la histórica deuda social desde la independencia nacional hace ya más de doscientos años. Hoy, les estalla lógicamente una muchedumbre ansiosa de vivir una vida que les fue arrebatada en toda dimensión social, cultural, económica, de salud, natural.

Andrés Manuel López Obrador les representa la encarnación de su propia ignominia, el monstruo bajo la cama que les amenaza con obligarlos a regresar lo que no es suyo, y les recuerda que gracias a los millones de pobres que desprecian son quienes son y que eso no puede continuar, porque significa una barbarie, un genocidio, la más abyecta demostración de utilización y descarte del ser humano. Han alimentado también a una clase política despótica e insensible que convirtieron en la peor muestra de lacayos prostituidos.

Así que deberán reconsiderar porque los despreciados ya despertaron y no van a permitir que se les quite otra vez la esperanza de su emancipación.

“Ya no queremos una democracia de participación; no podemos contentarnos con una democracia de liberación; necesitamos una democracia de liberación.”

Imagen de portada: El principal problema de México es la desigualdad social. Foto: Antorcha/ YouTube

Alain Tourain