SALTO CUÁNTICO: Crónica coloquial del segundo debate.

Es una verdadera tristeza, es vergonzoso, ruin, la peor manifestación de bullying público. A Meade y Anaya poco les faltó para llegar a la agresión física contra Andrés Manuel López Obrador.

José Luis Treviño Flores/ A los 4 Vientos

Observar a Meade azotar la mesa a AMLO y a Anaya flanquearlo en directa provocación, como un par de adolescentes y sus problemas con la autoridad, es una pésima imagen de dos tecnócratas que tuvieron reunión previa para buscar las palabras precisas de descalificación al candidato del Movimiento Regeneración Nacional (MORENA).

Es difícil no perder la ecuanimidad ante tal muestra de cinismo, demagogia y burla. La sonrisilla saca de quicio de Anaya y sus absolutos. Un Meade con su retórica estúpida. Jaime Rodríguez… caray, pobre individuo ignorante.

Anaya es astuto, muy astuto, un sociópata experimentado; de ser presidente (Dios nos libre) haría exactamente lo mismo que las juventudes fascistas alemanas de 1935, no tengo la menor duda. Andrés Manuel sólo le dijo canallita, yo le hubiera puesto un madrazo, ¡Cállate mocoso pretencioso! Y tú Antonio deja de recitar las cifras que no han sacado a México de la ignominia y la pobreza. De verdad AMLO, qué paciencia, temple y certeza para no perder la cordura ante tales energúmenos.

Que Anaya no vuelva a decir «absolutamente», «toda claridad«, «efectivamente«, «verdaderamente«, «déjame, terminar la idea«, «por supuesto«. Y ya ¡por Dios! Que deje de pasear anécdotas ajenas y papelitos. Se saben cifras, datos, fechas, lugares ¡¿Y de qué sirve?! Ni el PAN ni el PRI han podido sacar al país de la pobreza.

¡Increíble! ¡Maravilloso! Anaya y Meade terminaron peleándose. Anaya, el revólver más rápido del oeste, sacó otra portada de la revista Proceso pero no pudo decir palabra ante los fraudes en los que está metido. Y qué bien, Andrés los puso en su lugar casi al final, no sólo los abrazó (a petición del pobre del Bronco que no le queda otra más que hacerse la víctima), les dijo que no los iba a desterrar: «¡Justicia, no venganza!», les aseguró, pero antes cuidó su cartera.

Por más que se lanzaron al ruedo Meade y Anaya, como para demostrar dominio escénico, nada más consiguieron remarcar su prepotencia, elitismo y agresividad y desesperación por verse integrados. Y otra vez Meade a atacar a AMLO, que si el doctor, que si de qué vive, y Andrés muy listo, -«Aún bateo», y más inteligente todavía en un mensaje velado pero recurrente: -¡Por encima de la ley, nadie! como una advertencia para cuando sea presidente, que se cuiden porque habrá justicia y cada felonía al pueblo de México será castigada.

El colmo cuando Anaya sacó un libro de Andrés Manuel, volvió  a decir absolutamente y se muestra obsesionado de su revisionismo.

Y sí, ambos, Anaya y Meade, insisten en su proyecto neoliberal intentando hacer quedar a AMLO como anquilosado, viejo, obsoleto. No obstante sólo lograron empoderarlo más. El cierre, ¡carajo! Anaya citó casi textualmente los anhelos de AMLO, todo se roba. Meade cierra como experto cuenta cuentos de biblioteca municipal. AMLO, su gran acierto: poner al pueblo de México como protagonista. Jaime, ¡hijole! le salió el complejo de Edipo «mamá soy Jaimito no haré travesuras! Por mucho, Andrés Manuel ganó el debate.

Si quieres leer más de SANTO CUÁNTICO, haz click en la imagen: