SALTO CUÁNTICO: Los caballeros de la mesa neoliberal. Meade en Tercer Grado

La tertulia neoliberal que sostuvo Antonio Meade con su palomilla mediática fue muy ilustrativa, les agradecemos la excelente oportunidad didáctica para comprender cuan peligroso es el neoliberalismo. Ninguno de los presentes pudo resistirse a enmelar el régimen que los ha enriquecido obscenamente.

José Luis Treviño Flores/ A los 4 Vientos

Fue inmaculada la utilización del discurso, cuando con increíble cinismo Meade dijo que: en 1982 “nos quedábamos” sin pasta de dientes o papel de baño, como si él alguna vez hubiera experimentado la escasez; también se dijo que se debía recordar a los jóvenes de hoy «qué sucedía” en aquellos años. Cada aseveración en la mesa es muy importante, deja clara la visión torcida que tienen de nuestra realidad y muy cristalina la realidad en la que ellos viven, nos la pasamos diciendo a nuestros lectores en dónde radica la política neoliberal, qué mejor escucharlo de sus operadores directos.

Es increíble, por ejemplo, la insensibilidad con la que Antonio Meade platica la anécdota de la niña ahogada en la cisterna como un hecho aislado, como si no murieran miles más por la extrema pobreza, como si la vida precaria de los jornaleros alguna vez haya importado a cada gobierno de su esquema ideológico.

Leo Zuckerman, actuó exactamente como cada lacayo apresurado a beneficiarse aún más, arrodillado ante el “caballero” neoliberal, –Aquí estoy a tu servicio.

La certeza con la que expresa Meade su firme convicción de que la atención a la política macroeconómica por fuerza beneficia no solo a la microeconomía, sino que irremediablemente llega a las clases más desprotegidas en una avalancha de beneficios directos, no se ha visto por ninguna parte desde 1982, cuando el presidente Miguel De la Madrid ingresó a México en la carrera neoliberal.

Meade también “reconoce” que el proceso ha sido lento y malo, argumentó un discurso mimetizado con cada candidato emanado de su partido y del PAN; cuando asegura que «atenderá» a los más desprotegidos, entonces no solo ha sido lento y malo, ha sido inútil porque ninguno ha logrado vencer la extrema pobreza, si el neoliberalismo es “la viabilidad del país hacia delante” como asegura, ¿en qué parte del territorio, que no sea su grupo de elite, se aprecia adelanto? ¿Cuándo a lo largo de 36 años de impunidad se ha remediado la desigualdad y el abismo entre ricos y pobres?

Foto: Publímetro.

La tertulia no termina aquí, continuaron regodeados y extasiados de sus “logros”.

Antonio Meade cual hijo de familia humilde o profesionista que toda su vida ha pasado precariedades, desde no poder comprar papel de baño hasta pretender que si hubiese querido dar clases en tiempos antes de la mal llamada reforma educativa peñista, no hubiese podido, ¿Por qué?, pues por la sencilla razón que él explica magistralmente: “ahora pueden dar clases los mejor preparados, antes solo podían dar clases los egresados de las Escuelas Normales” (frase que no acabó bien).

Entonces, ¿para qué demonios son las Normales? ¿Para qué han servido los años de lucha para lograr egresados preparados con las herramientas pedagógicas necesarias para la atención de cada alumno en el país? Los 43 de Ayotzinapa víctimas del modelo defendido por Meade y parte del encubrimiento desde el gobierno de Peña Nieto. ¿Para qué han servido, en la visión del candidato del PRI, las Normales Rurales enfocadas en la superación e inserción de todos los estratos sociales hacia lo que debiera ser la verdadera inclusión de los pueblos indígenas desde su idiosincrasia?

Ahora asegura Meade (que si bien es correcto) que un profesionista tiene acceso a formar parte de las filas magisteriales, pero olvida decir que dicho profesionista no tiene las herramientas que un normalista sí.

En ningún momento se abrió la posibilidad de generar espacios de formación pedagógica en la mentada Reforma Educativa que tanto defiende el candidato de Peña Nieto. Tampoco es cierto que los exámenes son la panacea de la superación, dejan de lado la experiencia de docentes en las aulas y en puestos clave que pueden coadyuvar a la mejora. Ahora, además, se exige a un maestro con más de 20 años de servicio, con calidad probada, experiencia, prestigio, concursar por un puesto directivo en el sistema educativo, a la par de un profesionista, sin experiencia y sin carrera pedagógica, mediante un examen ridículo en su contenido, mal autenticado por un pelotón de evaluadores con rúbricas rígidas cuantitativas y tecnócratas.

Antonio Meade dice que no votar por él, es volver atrás, es dejar la educación otra vez en manos del sindicato. Aclaremos ésta parte: El sindicato nunca fue obstáculo para la calidad. El sindicato siempre ha hecho lo que el PRI y el PAN desde sus respectivos gobiernos han querido. El principal problema del sindicato son sus dirigentes, no las bases. Los maestros nunca han obstaculizado ninguna reforma por más absurda que ésta sea. Los maestros han reproducido planes y programas sin cuestionar oficialmente, porque no se les permite, y cuando lo hacen se les considera disidentes y en contra del “gran proyecto educativo” en turno. El sindicato magisterial, como muchos otros son estorbo al modelo neoliberal porque si sus agremiados decidieran bloquear reformas punitivas, descontextualizadas y enfocadas en la privatización de la educación pública, con la fuerza que debiera merecer nuestra sociedad, el proyecto Peñista no hubiese aterrizado nunca.

Foto: Facebook

Meade insistió hasta el cansancio en la entrevista de «Tercer Grado» acerca de la importancia de su modelo y las “grandes ventajas” que éste promueve, dijo que la “estrategia” estriba en que todo está cimentado en emprender, que la gente puede superar cualquier obstáculo emprendiendo. Se le olvida que la libre empresa es privilegio de unos cuantos que en años no han permitido crecimiento transversal, que pocas familias son las beneficiadas, entre ellas la de él. Habla y habla mientras sus esbirros asienten y puntualizan cada frase de su gurú, hijo del gran iluminado de la era neoliberal en México, Carlos Salinas de Gortari. Y como siempre:  Andrés Manuel López Obrador fue el culpable de no permitir que consoliden su imperio de impunidad.

El candidato del PRI-PVE-PANAL se autodefinió como el candidato de «de la confianza y el futuro». Dijo que se le debe tener confianza para que el país continué hacia adelante. ¡Caray! ¿Adelante de qué o de quién? ¿Adelante cómo? ¿Adelante en qué contexto? Por más que lo dijo nunca pudo justificar la desigualdad, la pobreza extrema, la violencia; jamás pudo explicar por qué este modelo neoliberal no sólo no ha podido sacar al país hacia adelante, sino que los ha  empeorado en todo.

Él dice tener todos los atributos necesarios: “preparación, experiencia, trayectoria, temperamento, historia de vida” y sabe Dios qué más “cualidades olímpicas”, que por cierto no fueron suficientes desde su gestión como secretario de estado (cinco veces en cuatro sexenios) para solucionar los problemas centrales de la nación. Tuvo la osadía de mencionar a los periodistas de la mesa que su libertad de expresión estaría comprometida de ganar AMLO, tuvo el descaro de aseverarlo cuando desde el gobierno de Peña Nieto, del cual formó parte, se han asesinado a la mayor cantidad de profesionales de los medios críticos a su gestión.

Pero dijo algo muy cierto: “no hemos podido” lo repitió muchas veces en cada rubro, “nos falta” en la presente administración y en la anterior y en la anterior. Qué bueno, lo dijo él mismo, por tanto, cada proyecto planteado también por él, tampoco funcionaría porque se debe al mismo modelo que defiende como monje ortodoxo.

La elección presidencial de 2018, dijo, “es una elección entre futuro y riesgo”. No puedo estar más de acuerdo:, Antonio Meade es un gran riesgo, significa la continuidad de pobreza y marginación que desde el comienzo de los gobiernos neoliberales se ha acrecentado.

Al finalizar la entrevista le preguntaron al candidato Meado, si está a favor o no en matrimonios del mismo sexo, cerró con broche de oro al evidenciarse intolerante en el fondo. Dijo que respeta la Constitución, las decisiones de la Suprema Corte y las que emanen del Congreso, pero no se atribuye el fracaso del modelo, como un espectador de lo que forma parte. Esta ambigüedad hipócrita es, ha sido y será siempre la carta de presentación de los “caballeros” neoliberales.

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