EN EL CAMINO: El voto no es suficiente

¿Alguien está en desacuerdo en cuanto a que México necesita cambiar? ¿Alguien está en desacuerdo en cuanto a que es justo que la población en su conjunto viva de una manera digna en cuanto a alimentación, salud, vivienda, educación, seguridad y cultura? ¿Alguien no se siente ofendido cuando se entera que hay niños que mueren por no contar con medicinas básicas, o cuando lee en la prensa de la desaparición de tantos y tantos jóvenes? ¿Alguien no se siente indignado cuando se entera de que otro funcionario público ha huido ante la posibilidad de ser encarcelado por actos de corrupción? ¿Alguien no se enoja cuando se entera de las cantidades millonarias que gastan los partidos políticos en sus campañas para invitarnos a votar por ellos? ¿Alguien no se ofende cuando conoce de las condiciones de trabajo bajo las cuales trabajan los jornaleros del campo, en su gran mayoría de grupos indígenas, o los mineros?

Jesús Francisco Galaz Fontes/ A los 4 Vientos

Como la realidad es sorprendente, no me extrañaría que hubiera algunos mexicanos que consideran que vivimos la realidad ideal; que piensan que no es necesario cambiar, ya que todo cambio es peligroso, y en nuestro caso podríamos perder lo que tenemos. Si los hubiera serían, me parece, un número impresionantemente pequeño en comparación con la población del país. No obstante, seguramente encontraríamos a un número mayor de personas que ve el cambio como un proceso gradual y creen, desde la postura que ellos gozan en el sistema económico mexicano, que vamos bien; que aunque nos tardemos 50 ó 100 años, vamos a llegar, como país, a gozar de mejores condiciones de vida. Este grupo es más numeroso, pero en lo general tiene como característica común que, en estos momentos, forman parte de la clase media que, en términos muy amplios, tiene un nivel de vida más o menos digno. Ellos no forman parte de los aproximadamente 53.4 millones de mexicanos que, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), vivían en condiciones de pobreza en 2016 (el 43.6% del total de la población nacional).

Hay un fuerte consenso social de que México debe cambiar. Así mismo, también parece haber un fuerte consenso de que el cambio debe ser pacífico, no violento. Es más, parte del cambio que se quiere es, precisamente, la desaparición de la violencia y la inseguridad.

Queremos cambiar, pero no queremos que el proceso de cambio sea violento.

¿Qué alternativas tenemos para transformar las instituciones de gobierno que tenemos y, así mismo, el sistema legal-económico que ha permitido y fomentado que vivamos la realidad que padecemos hoy en día. Me parece que no hay otra alternativa que la gran ruta política, aunque cuando ésta pueda admitir diversas rutas particulares. ¿Los partidos políticos? ¿Los candidatos independientes? ¿La organización de la sociedad civil en agrupaciones vigilantes del quehacer público e, inclusive, participantes del gobierno de la sociedad? ¿Las movilizaciones sociales? ¿La protesta y/o desobediencia civil? ¿El activismo social? ¿La participación política?

Imagen: internetNecesitamos y queremos cambiar, pero muchas personas no estamos dispuestas a participar en la vida pública más allá de votar o no votar por un determinado candidato y/o partido político. ¿Será suficiente este tipo de participación para ayudar a empujar el cambio que México (y nosotros con él) necesita?

El poder público, cuando no va acompañado de transparencia, rendición de cuentas, respeto a los derechos humanos y un sistema de poderes con pesos y contrapesos entre las ramas ejecutiva, legislativa y judicial, se deteriora y corrompe poco a poco y, como parece ser el caso de México en estos tiempos, mucho a mucho. El voto podrá cambiar a quiénes ocupan los puestos de poder en el país, pero los nuevos perfiles no nos asegurarán la instauración de un sistema de pesos y contrapesos. De ahí que el voto no baste para promover el cambio que, como ciudadanos y seres humanos, merecemos.

La vida democrática de un país no puede reducirse a la emisión del voto para seleccionar quiénes habrán de tomar las decisiones por nosotros los ciudadanos. Lo que pasa hoy en México es, al menos en parte, resultado de la confianza excesiva en la idea de que la solución de los problemas públicos solamente requiere votar por uno u otro candidato, por uno u otro partido político.

Pero si el voto no es suficiente, ¿qué hace falta? Seré simplista para enfatizar mi postura: hace falta participación. Se necesita que la población en general y, en lo particular, la ciudadanía, participe en la vida pública, desde el ámbito más inmediato a su cotidianidad, hasta el ámbito más general del país e, inclusive, el mundo.

Participación ciudadana en la toma de decisiones. Imagen: internet

Pero la cosa no es sencilla, ya que hay muchos aspectos de nuestro sistema de vida que trabajan en contra de que la ciudadanía participe efectivamente en los asuntos públicos. Las leyes están formuladas de tal modo que, cuando mucho, los ciudadanos asumen un rol de espectadores y consultores sin capacidad de influir en las decisiones; la experiencia educativa, dentro y fuera de la escuela, promueve en los educandos la actitud (muy respetuosa por cierto) de ver, escuchar, callar y obedecer; la información de los temas públicos no está siempre disponible y la gran mayoría de los ciudadanos contamos con poca experiencia para analizar información y exigir nuestros derechos; no dominamos las mejores formas protocolarias para dialogar y participar, y las autoridades no muestran mayor disposición para construir plataformas de comunicación, diálogo y participación ciudadana.

Votar es, sin duda alguna, un componente importante de una democracia, pero una democracia que se reduzca al voto termina, con el paso del tiempo y como consecuencia de decisiones centradas en los grupos que la controlan, por deteriorarse a tal punto que, como Dorian Grey, resulta irreconocible con su retrato. Un camino mucho más prometedor es la búsqueda de una combinación afortunada de voto y participación ciudadana.

Imagen de portada: Jornada electoral en Chimalhuacán, Edomex. Foto: AP / Rebecca Blackwell

 

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