ATERRIZAJES: La literatura no es para los débiles

Me preguntan que por qué pierdo mi dinero en hacer revistas de las que no gano dinero, y peor, proyectos editoriales en los que invierto el dinero que gano como biólogo… ¡qué otra respuesta hay que: Me gusta promover los textos de los compañeros escritores!

Adán Echeverría / A los 4 Vientos

Algunos ofrecen talleres literarios para ganar dinero, otros para conocer chiquitas o chiquitos, porque cierto es que los psicólogos y psiquiatras han tenido la estúpida idea de que deben enviar a sus clientes a escribir sus biografías, a sacar su catarsis por medio de la literatura –y quizá no estén del todo errados-, nos los mandan al taller de literatura, y acá tenemos a los locos, a los bipolares, a los narcisistas y a los fonquetos. Pequeñas y pequeños que escriben en el desamor, en la misoginia, en la misantropía, los anarco-cualquier cosa, el caso es que en estos talleres de literatura acaban estas personitas y uno mira casos como: Profe, quiere una grapa, algún ácido, y ante la negativa la nueva solicitud, Me deja venderle a los compas del taller. Y que cada quien se meta lo que quiera, no seré yo su niñero, ni su carcelero, ni su maldito siquiatra. Maestro, en verdad tengo dieciocho años, no sé por qué mi mamá lo acusa a usted de pervertir mentes. Maestro, de verdad soy siquiátrica, he acá mi carnet del seguro, se lo traje para que vea, están marcadas todas mis citas en el psiquiátrico.

¿Y la literatura?

Poco a poco fui descubriendo que lo mío era la edición de revistas, la edición de plaquettes, la edición de libros, el comentar los mismos, hablar de autores; el leer alguna obra y recomendarla, el poder encontrar Sombras sobre el Hudson, el poder leer El señor presidente, el poder encontrar y dar lectura a Mi querido Mijail, por esa casualidad que la vida nos presenta. Tuve suerte de conocer el Programa Nacional de Salas de Lectura y sus acervos, claro; tengo suerte de poder encontrar aquellas primeras lecturas de queridos alumnos que poco a poco fueron llenando los espacios de las revistas. Y es genial mirar aquellas primeras publicaciones en revistas que me encargué de realizar, alguna vez, así como de aquellas personas de otras regiones que vía email llegaron a mis ojos.

Desde aquella Zoo-Vet que editara en la Facultad en mis años de estudiante, o cuando se planeó hacer El jaguar, entre compañeros de diferentes facultades bajo el apoyo de Ramón Rejón. Ser parte de esos mundos tiene que ser genial. Haber colaborado en la Revista de la Universidad Autónoma de Yucatán, con Felipe Ruz, o con Salvador Rodríguez Losa. Poder leer y corregir aquellos textos que iban a ser publicados de aquel Jorge Álvarez Rendón, a quien había conocido en la preparatoria 1, pero con quien no tomé jamás clase. Hasta Navegaciones Zur, Esta humanidad tan llena de Grietas, o luego con delatripa: narrativa y algo más, que llegó a pasar los 40 números, en 101 cuartillas.

Aquellas épocas en la imprenta, cuando trabajaba de fotomecánico, de diseñador, y tenía ante mis ojos la formación de los libros para le editorial de la UADY. Aquellas veces que hice algunos libros para la dirección de literatura, libros de Saulo de Rode, algunas antologías, y compilaciones. Todo me condujo a donde hoy estoy habitando. Al camino que ahora surco.

El mundo de los libros, de las lecturas, como aquellas pocas veces pero valiosas que me tocó armar los últimos números de El juglar, en los talleres del extinto Diario del sureste, cuando era impreso. En fin, que puedo decir que mi vida ha sido buena entre los libros. Pero no entre los autores y su intransigente narcisismo: que si estos no son poetas, que si aquellos son amigos de, que si aquellos tienen todos los beneficios, que aquellos no los deben publicar, que esos otros son una mafia, y la mafia de aquellos y todos la misma mafia. Con la mafia me acuesto y con la mafia me levanto. Yo tengo que decirles a todos, queridos escritores mexicanos: PONGANSE A ESCRIBIR Y DÉJENSE DE ESTUPIDECES.

Dejen de lado el quejerío, y lean y pónganse a escribir. Menos lecturas entre amigos y más tallereo, menos milonga y más camote, menos aspaviento y más sudor. Menos quejas y más proyectos, más medios donde tener oportunidad de publicar. Agrúpense, formen revistas, hagan libros electrónicos, reseñas, comenten lecturas, comenten libros, asistan a galerías, asistan a ver cine, a ver la danza, a ver las puestas callejeras, vayan a las tocadas, vayan al café, lean lean lean lean, y escriban todos los días, una dos tres cuatro cuartillas. Jamás se detengan. Jamás claudiquen.

La literatura no es para los débiles, ni para los cobardes. Si sientes que eres depresivo, ve con tu siquiatra o acaricia un caballo, un delfín, una zarigüeya, pero deja la literatura, hazte a un lado. O escribes o te dedicas a la contaduría. O escribes o ves vaginas en un consultorio. O escribes o mejor te dedicas a pintar uñas y cortar cabello. O escribes o sirves bebidas. O escribes o métete a la lucha libre. O escribes o trabaja de economista. O escribes o vete a arar el campo, a hacerte hombre bajo el sol, a construir edificios. O haz todo lo anterior peros siempre buscando el tiempo para escribir.

Para ser escritor se necesiten ovarios y huevos, muchos, mucho sudor, mucho insomnio, se necesita observar y jamás dejar de opinar. Dejen el quejerío, y pónganse a leer, y luego de leer hay que tomar acciones, ser mejor, escribir e ir sobre el pensamiento, construirlo todos los días de tu vida.