EN EL CAMINO: Sistema legal y protesta social

Solamente lo muerto es estático y está libre de toda contradicción; el conflicto, en cambio, es consustancial a la vida. Aunque la sociedad no es un sistema biológico, su dinámica es tal que, para muchos efectos, se le puede tratar como una entidad viviente y, en ese sentido, la vida en sociedad implica, inevitablemente, la aparición y resolución de conflictos de los más diversos órdenes y magnitudes.

Jesús Francisco Galaz Fontes / A los 4 Vientos

No es realista tratar de construir una sociedad perfecta en la que el conflicto sea inexistente. Lo que sí es realista, y es precisamente lo que distingue a cada sociedad, es la construcción permanente de un sistema de normas o leyes que permita resolver los conflictos, ya sea que éstos se presenten entre los ciudadanos o entre éstos y el estado. Cuando los conflictos sociales son resueltos conforme a tales leyes se dice que la sociedad vive en un estado de derecho. No obstante, vivir en un estado de derecho no implica, automáticamente, que se viva en un estado de justicia.

Como puede averigüar cualquiera que lea algo de historia, todas las sociedades humanas contemporáneas presentan, en su desarrollo, leyes que hoy en día consideramos abiertamente injustas y discriminatorias. Si todos los ciudadanos se hubieran comportado en el pasado como algunos abogados de hoy en día exigen en el sentido de que se respete de manera absoluta la ley, incluyendo el absurdo de no cuestionarla, ¿dónde estaríamos, por citar algunos ejemplos, en cuanto al derecho a votar de las mujeres; la jornada laboral de ocho horas o el trabajo infantil; la penalización de las orientaciones sexuales no tradicionales y el divorcio?

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De México muchas personas afirman que no necesita nuevas leyes, sino aplicar las existentes, que con eso sería suficiente para que el país mejorara. Sin que lleguemos al extremo de afirmar que todo está mal, nos parece que es importante reconocer que en México necesitamos generar nuevas leyes, reformar aquellas que lo requieran y, claro, aplicarlas adecuadamente. El sistema legal es un componente fundamental de la estructura política, económica y social del país, y por ello afirmamos que realidades como la pobreza, la corrupción y la violencia que padecemos son propiedades estructurales de la sociedad mexicana; son estructurales porque hay un sistema legal que les ha permitido aparecer y avanzar.

Sabemos que en México la realidad que vive la mayoría de la población está lejos de la que pudiera vivir si, más allá de la existencia de un sistema legal, éste fuera justo y se aplicara de una manera eficiente y equitativa. Tan sabemos lo anterior que en estos últimos años la protesta social se ha intensificado a todo lo largo y ancho del país. A pesar de que el egoísmo y la codicia juegan un papel importante en la determinación de las condiciones que padecemos, necesitamos invertir un enorme esfuerzo a cambiar las estructuras que permiten que tales características personales tengan éxito al extremo que la pobreza, la corrupción y la violencia que generan son vistas como naturales. No es suficiente con hacer un llamado a la buena voluntad de empresarios y políticos; necesitamos un nuevo sistema legal en el que no sean el egoísmo ni la codicia, sino la solidaridad y la empatía las características personales y de grupo que tengan éxito.

¿Es difícil hacer lo anterior? Seguramente, pero como sociedad no tenemos otra alternativa que intentarlo una y otra vez, sin importar el esfuerzo invertido. No es “natural” ni inevitable, como muchas veces se nos quiere hacer creer, que vivamos el México que vivimos. No es imposible ni va contra la “naturaleza humana” construir una sociedad más justa, digna y sustentable.

En Baja California la clase político-empresarial ha tenido la oportunidad, particularmente a partir de los últimos dos años, de asumir una postura menos codiciosa y más solidaria; menos egoísta y más centrada en el bien común. No obstante, desde las protestas de los jornaleros de San Quintín hasta la resistencia a la instalación de la empresa cervecera Constellation Brands y la puesta en marcha de la Ley de Asociaciones Público-Privadas, los gobiernos estatales y municipales, en lugar de encarar la protesta social como un síntoma de los males estructurales que padecemos, y a pesar de abrogar algunas leyes de manera autocrática como resultado de amplias muestras de desaprobación, se han dedicado a criminalizar la protesta, como el reciente caso de Gerardo Durán, aplicando las leyes existentes e, inclusive, formulando leyes aún más claramente represivas; en lugar de construir plataformas para el diálogo y la generación de nuevos acuerdos y leyes, ignoran a los grupos que protestan hasta que, llegado el momento, intentan aplicarles “todo el peso de la ley.”

A diferencia del pasado en el que los medios de comunicación tenían una circulación muy limitada y, por si lo anterior no bastara, la gran mayoría de ellos no se atrevía a plantear su versión de la realidad, hoy en día los representantes populares y los funcionarios públicos son expuestos como lo que en muchos casos son; oportunistas y cínicos negociantes dispuestos a decirle siempre que sí a los que ocupan el poder y, al mismo tiempo, cerrarle la puerta a los que protestan. Que se muestre que, como el emperador del cuento de Hans Christian Andersen, no llevan ningún elegante traje, es algo que les enoja, y todavía más si esos ciudadanos les impiden concretar sus grandes negocios.

“Nuestros” representantes y gobernantes (con excepciones seguramente) no han tomado los caminos del diálogo, sino que se han refugiado en los laberintos que todavía les ofrece nuestro sistema legal. Con esta decisión han perdido mucho y ello se verá reflejado en las próxima elecciones. La ciudadanía, por otro lado, no tiene otra alternativa sino la de mantenerse en la protesta, hasta que las murallas caigan, como otras muchas murallas han caído, y los emperadores huyan avergonzados de no llevar puestos los trajes que ellos se imaginaban estar luciendo; hasta que mejoremos sustantivamente este sistema legal que es parte de todos los problemas que padecemos.

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