LOS PERROS GUARDIANES: Andrés Manuel en Ensenada ¡La política como derecho a la alegría!

 

         Un registro de calle, latido visual de Ensenada –jornalera, del mar, popular–, con su música de olas y su gente coreando: “¡Mo-re-na! ¡Mo-re-na! ¡Mo-re-na!”. 5 mil voces, cinco mil gargantas, 5000 bocas en una sola palabra –que cuenta y hace constar su valía–; discurso que, desgranando en la narrativa de la inclusión y la diversidad, vislumbra en el rostro representativo de una nación otra cosa, otra cara, otra manera de vivir: ¡un México a la altura de su riqueza, fincado en la grandeza de su gente!

Real Salvador / A los 4 vientos

         Eso hizo Andrés Manuel López Obrador, candidato a la presidencia de la República, por MORENA (Movimiento de Renovación Nacional), este domingo de Sol en la bahía: declarar principios de honestidad, valorar al profesor, a la enfermera, al artista, al policía, al panadero, al militar, a toda esa gente trabajadora que sostiene y mantiene las esperanzas del país, a la vez que refiere la recuperación del Estado de Derecho y hacerlo viable contra la corrupción y la mafia que ha encallado, a la mala, en el poder político.

Foto: Rael Salvador

         El abordaje de López Obrador refiere a una raza de pillos metidos a la política que ha desprestigiado a la nación, llevando lo mejor de nuestras raíces a la basura, quebrantando el árbol de la educación, incinerando las hojas de la cultura y mutilando de un tajo el fruto de la certidumbre, todo ello en un bullicio de impunidad cínica que avanza en rumbo contario a lo que se promete y que es tan asesino como el genocidio sicario.

         Ahora, en la complicidad de las dudas y con el canto a las espaldas, las pancartas y las banderas toman la militancia de la conciencia, a la vez que la subversión del compromiso, elevando las garantías del cambio en cada agitación de telas, en el ir venir del viento fresco por las calles del puerto, en ese golpe de brisa que se deja sentir, por momentos, venido del flujo y reflujo marino que es el símbolo de lo que no se cansa y jamás desiste: ola tras ola, en el sonar del tiempo, como consigna tras consigna, a través de la historia…

Foto: Rael Salvador

         Andrés Manuel López Obrador, aprendiendo la lección de necedad que ofrecen la autenticidad de los héroes nacionales, aquellos que, en su locura de curas –Hidalgo y Morelos, polifónicos en pólvora–, se revelaron contra el orden establecido, manojo de insubordinados a los que les da por soñar un México mejor, pletórico de oportunidades, tejiendo el manto futuro con hilos de luz: la grandeza liberal de un Juárez, de un Madero inicialista, de un Villa consecuente, de un Zapata aguerrido, de un Cárdenas por todos conocido…

         En esta fiesta y guerra de días y caminos, Andrés Manuel ofrece la hazaña de pensar diferente, la lección de actuar en beneficio colectivo, la osadía de recuperar al pueblo como coro de la memoria… A lo largo de una campaña que atraviesa la República con estruendo de lucidez, relámpago de plaza en plaza, hace avanzar a la gente hacia la boca abierta de las urnas, porque la renovación y el cambio está en pensarse en ellas y más allá de ellas –urnas de votación, pero también de voy vocacióruido a las espaldas,ocación: el día a día constante y sonante que, dejando atrás la simulación para abanderar la objetividad, construye la democracia como una garantía de vida.

         La Ensenada civil, roja, rebelde, azul, amarilla, popular, chambeadora, de concha en pelo y espuma de alhaja, de paso rebelado y puño al aire, rompe y se entusiasma, grita, corea –“¡Mo-re-na! ¡Mo-re-na! ¡Mo-re-na!”: 5 mil voces, cinco mil gargantas, 5000 bocas en una sola palabra–, baila y tamborea contra el abuso burocratizado, el absurdo paralizante y la sinrazón de Estado, empezando a reconocer a la política como un derecho a la alegría.