EN EL CAMINO: Los Colores de Nuestras Realidades

Ya es temporada de elecciones federales y, como alguna vez lo cantó Guadalupe Trigo:

Ya se ven los pobres hombres

pintando paredes, colgando carteles por la ciudad

pintando las piedras de las carreteras que van hasta el mar

tiñendo la tierra, vistiendo la cepa con un antifaz

de colores que ocultan el de la realidad

Jesús Galaz Fontes / A los 4 Vientos

Pero lo tiempos cambian y hoy en día habría que incorporar otras estrategias para la promoción del voto, entre las que destacan las redes sociales y el uso de tarjetas electrónicas para concretar las promesas de compaña. El tiempo parece no haber pasado, sin embargo, en cuanto a que los dos partidos que han detentado el poder ejecutivo nacional durante los últimos tres sexenios (y más), siguen pintando su discurso para ocultar la realidad o, al menos, para cambiar la interpretación que hace la población de las realidades que vive, soporta y sufre.

Los políticos que ejercen el poder, ya sea ocupando puestos de elección popular o trabajando en la administración pública, así como los grupos empresariales asociados a ellos, están dispuestos a llegar a extremos insospechados si ello les permite mantenerse en el poder y seguir disfrutando los privilegios que el ejercicio del poder público les ha significado hasta estos momentos. Pintar la realidad para ocultarla o hacerla ver como otra, no es una estrategia nueva, tal y como lo podemos deducir del verso de la canción de Guadalupe Trigo “El morral, la yunta y el rebozo, escrita a inicios de los 70s.

No es cosa sencilla conocer la realidad y, además, en nuestro México tenemos muchas realidades. No obstante, si queremos avanzar como sociedad los ciudadanos y la población en general tenemos que esforzarnos por conocer las realidades en las que nos desenvolvemos, desde el nivel más inmediato a nosotros, hasta el nivel más alejado, que es el internacional. Además, y esto también constituye un reto, tenemos que hablar sobre nuestras realidades. Los asuntos públicos nos conciernen a todos, y por ello todos los debemos debatir.

¿Qué hacer frente al gran reto de construir una imagen de nuestra realidad? Podemos iniciar con los problemas que tenemos a nivel general como nación, los cuales, lamentablemente, no son pocos: la corrupción y el tráfico de influencias en el trabajo que desarrollan muchos servidores públicos; el uso patrimonialista y discrecional de los recursos públicos; la aplicación no equitativa de la ley y el uso de la misma para reprimir a los que se oponen a decisiones gubernamentales; una sociedad cada vez más diferenciada en cuanto al acceso a una vida digna, en la que un pequeño porcentaje acumula cada vez más recursos, y un porcentaje cada vez mayor se enfrenta cotidianamente al reto de hacer que su ingreso alcance para satisfacer sus necesidades más apremiantes; el comportamiento y actitud empresarial de nuestras autoridades; el poco y asistemáticos respeto a los derechos humanos de toda la población, pero particularmente en el caso de las mujeres, los grupos indígenas y los grupos con orientaciones sexuales no-tradicionales; una educación de mala calidad; un acceso diferenciado a los servicios de salud, que hace que la salud esté estrechamente asociada al  capital económicos de las personas; la inseguridad, la violencia y la impunidad; etc., etc., etc.

Los anteriores forman parte de los colores de la realidad nacional que padecemos, pero los mismos adquieren matices diferentes en nuestras ciudades y estado. El agua y su gestión, incluyendo la instalación de empresas consumidoras irracionales de agua, así como la construcción de desaladoras cuyo objeto principal es ser negocio para autoridades y empresarios financiera y ecológicamente irresponsables; la contaminación ambiental y el funcionamiento de empresas que solamente las autoridades observan como ambientalmente responsables; los bajos salarios de la gran mayoría de los trabajadores de las maquiladoras; la vergonzosa realidad de los jornaleros de San Quintín; el transporte público; una clase político-empresarial acostumbrada a pensar y actuar con base a sus intereses personales y de grupo; representantes “populares” que están mucho más atentos a lo que dicta el gobernante en turno y sus partidos, que a lo que el pueblo les demanda; la aplicación discrecional de la fuerza pública sin consecuencia alguna para las autoridades involucradas; etc., etc., etc.

No pretendiendo ser exhaustivo, los anteriores son algunos de los colores y matices de la realidad que vivimos, pero los políticos que andan hoy en campaña persiguiendo nuestro voto quieren que veamos la realidad a través de los colores de los lentes que ellos usan. Nos quieren convencer, como si fuera una cuestión de fé, de que la única opción es seguir transitando una ruta en la que ellos son la única alternativa.

¿No valdría la pena cuestionarlos seria y frontalmente? ¿Qué tienen que decir los candidatos que nos buscan sobre el agua, las desaladoras y, entre otros temas, los jornaleros de San Quintín? ¿Cómo se han comportado estos mismos candidatos en sus anteriores puestos de elección popular? ¿Apoyaron la Ley de Asociaciones Público-Privadas de Baja California y/o la Ley del Agua del Estado? ¿Votaron a favor de los dictámenes del Centro de Control C5i de Seguridad Pública y de la Desaladora de Rosarito? ¿Votaron a favor de la Ley de Seguridad Interior en el Congreso Federal? ¿Están involucrados en los negocios de nuestro insigne empresario-gobernador Francisco Vega de Lamadrid o algún otro funcionario? ¿Qué historial tienen los partidos que los proponen? ¿Cómo van a facilitar que los ciudadanos los fiscalicemos para eliminar prácticas de corrupción, tráfico de influencias y nepotismo en su actuar? ¿Qué iniciativas van a promover para que los ciudadanos, pero no solamente los empresarios, participemos con ellos en la toma de decisiones?

Compartamos con los candidatos que nos busquen (y con lo que no nos busquen también) nuestra perspectiva en cuanto a cómo estamos, cómo llegamos hasta aquí y a dónde queremos ir. No dejemos, parafraseando a Guadalupe Trigo, que los colores del antifaz de sus campañas oculte los colores de nuestras realidades.

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