REDES DE PODER: Los días y los años

Nuestros legisladores locales acaban de aumentar la penalidad del delito de homicidio de 50 a 60 años de prisión.

Alfonso Torres Chávez / 4 Vientos

En México, tenemos una fuerte compulsión por creer que aumentando las penas se solucionara el problema de delincuencia e inseguridad, pero criminólogos y penalistas han señalado que no es con el aumento de penas como vamos a resolver el problema.

Si en los reclusorios de todo el país, existen programas de reinserción social, bastaría con aplicar esos programas durante el tiempo que se permanezca en reclusión. Desafortunadamente, nuestros legisladores están casados con la idea de que aumentando las penas se va a resolver el problema.

En Baja California nos acaban de aprobar una reforma al código penal local para aumentar la pena de homicidio de 50 a 60 años, pero tenemos algo que aportar: el aumento de la penalidad no va a resolver el problema de fondo.

La inseguridad, el miedo de salir a la calle es un síntoma social que exige de nuestros legisladores dejar de creer en panaceas penales que no existen ni se materializan. Lo material es la sanción. Aquella que preceptúa el código penal para cualquier conducta punible.

El aumento de la delincuencia no se detiene con penas más severas (Foto: Canal N).

Si no somos capaces de evolucionar de la idea de que aumentando las penas vamos a resolver el problema, entonces sufriremos las consecuencias de creer que aumentando las penas vamos a resolverlo. Si la readaptación social funciona estamos salvados como sociedad.

Al final del día, el derecho penal en su parte sustantiva –es decir en lo que se expresa dentro de los tipos penales en el código- es una exigencia de castigar aquellas conductas que laceran a la sociedad en su conjunto.

El final feliz de una sociedad justa, de la que habló alguna vez una becaria en algún trabajo académico, significa materializar el derecho penal para que nos sintamos más unidos y seguros. Tomar un café, comer en la calle, o simplemente caminar y observar desde cualquiera cafetería el paisaje, son cosas que la sociedad anhela.

Ensenada ya se volvió igual de insegura que cualquier ciudad del país donde las personas deben ahora sí que casi rezar, antes de salir de sus hogares.

En todo el país priva el clima de inseguridad, lo cual es una responsabilidad del estado, que además nos cobra por medio de los impuestos un servicio público que no brinda; y no estamos hablando de la falta de policías, sino de que el ejercicio de la justicia se vuelva más eficiente.

Hasta la próxima.

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