A DOS DE TRES CAÍDAS: Los chairos y los defensores del sistema

¿Son los priistas y/o panistas seres superiores a los que apoyan a López Obrador? ¿Es moral, ética y políticamente correcto “satanizar” o pretender estigmatizar a personas con un calificativo despectivo? ¿Son los Chairos menos inteligentes que los Juniors o Gente Bien?

Arturo Ruiz, El Súper Cívico / 4 Vientos

Yo opino que no, pero de qué sirve que yo opine eso si para quienes piensan distinto que yo… ¡YO SOY UN CHAIRO!

De hecho, mis adversarios ideológicos ni me leen ni escuchan y mucho menos intentan entender mis puntos de vista o razones por las cuales considero que es tiempo de una alternancia que saque del poder a los políticos neoliberales.

De ahí que entiendo que éste escrito solo lo verán quienes aun sin compartir del todo o nada mis puntos de vista, se dan permiso de conocer otras formas de pensar y de expresar una ideología distinta a la suya. Es decir, quienes por su inteligencia no temen a la contaminación de sus ideas o principios.

Creo sinceramente que una campaña política no debe romper amistades ni provocar odios entre personas y familias. Lo que está en juego es importante, la conducción del país que se encuentra en una severa crisis; es más, se encuentra en una crisis crónica que nos ha llevado a tener un país con miles de desaparecidos, cientos de fosas clandestinas, asociación delictuosa de autoridades con la delincuencia, actos terribles de corrupción y un crecimiento galopante de la pobreza que afecta ya a más de 60 millones de mexicanos.

¿O alguien puede honestamente negar la corrupción de prominentes políticos del PAN y del PRI? ¿O pueden justificar la compra de votos mediante entrega de dinero, tarjetas o despensas?

De hecho, no creo que interiormente las personas que difunden mensajes falsos y mentiras para generar temor o desconfianza hacia un candidato o partido, puedan tener la conciencia tranquila.

Imagen: SoyMexico.org

Porque ¿cómo ver de frente a los hijos y a los seres queridos sabiendo que estas siendo participe de una política perversa de engaño y compra de conciencias mediante la explotación de la pobreza y la ignorancia de la gente?

¿Será suficiente un plato de lentejas o un empleo dentro del gobierno para sumarse a una campaña de odio basada en la mentira?  Sinceramente no lo creo.

Yo soy de izquierda, sin que esto implique que pretenda imponer un sistema comunista ni la dictadura del proletariado.

Soy de izquierda porque creo que toda persona tiene derecho de acceder a la alimentación, salud, educación, vivienda y trabajo bien remunerado. ¿Eso es socialismo?  Quizá, pero esos derechos están en nuestra Constitución y en la actualidad los gobernantes no los hacen posibles; es decir, no cumplen con el mandato constitucional ni con las leyes reglamentarias de dicha constitución.

Honestamente me choca que con tono que rebasa el debate, quienes defienden al sistema político y económico actual y que están enchufados a las nóminas de gobierno. o que se sirven del gobierno para favorecer sus empresas, promuevan una política de odio y desprecio a quienes pensamos distinto a ellos. Y para eso nos estigmatizan como “chairos”.

En los tiempos de la independencia de México, al ejército de Juárez y a los revolucionarios los llamaban conspiradores, rebeldes, turba, indios, sedicentes, pelados, chusma… El tiempo le dio la razón a esos guerreros y se logró la Independencia, la Reforma, la expulsión del ejército francés y la Revolución Mexicana. Es decir, ¡ganaron los chairos de antaño!

Hidalgo, Allende y su ejército, compuesto por indígenas, negros, mulatos, mestizos pobres y algunos criollos: ¡Los «chairos» de la época! (Litografía: Internet).

Es importante destacar que, en México, las expresiones de desprecio han tenido y siguen teniendo una fuerte carga de racismo. En este sentido, creo oportuno citar algunos conceptos de ALBERT MEMMI en su artículo “RACISMO Y ODIO DEL OTRO”. Publicado en El Correo de la Unesco, en noviembre de 1983.

“En el siglo XVI los colonizadores españoles oponen a ‘la inferioridad natural´ e inclusive a la ‘perversidad de los indios’ y la ‘misión civilizadora’ de España en América, de donde deriva la legitimidad de la conquista y de la implantación europea. El esfuerzo sistemático por justificar la agresión contra un grupo que se presenta como biológicamente (y psicológicamente) inferior, y la dominación sobre él por parte de otro grupo pretendidamente superior, data de los inicios de la colonización.”

Y dice algo más: “Recordemos, simplemente, que esas conductas (de superioridad) se basan en el miedo y en la competencia por la vida. Cuando para sobrevivir el hombre quiere defender su propia persona y sus bienes y, llegado el caso, apropiarse de los bienes muebles o inmuebles de los demás, de alimentos, de materias primas, de territorios, de mujeres, de bienes reales o imaginarios, religiosos, culturales o simbólicos, el hombre es a la vez agresor y agredido, aterrorizador y aterrorizado. Pero este rechazo agresivo del prójimo no alcanza plenamente a ser racismo. La elaboración del discurso racista parte de ahí en virtud de condiciones culturales y sociales preexistentes. Tal discurso es la seudolegitimación de la agresión y del provecho en nombre de diferencias que, según se pretende, valorizan al acusador y desvalorizan a su víctima: ser blanco es bueno y bello y, a la vez, ser negro resulta malo y feo. De ahí que los privilegios sean justos.”

En este sentido, las denominaciones de pejezombies, chairos y demás calificativos tiene bases de aquellos que se sienten superiores a los otros y los consideran nacos, indios, ignorantes, ninis, etc, etc, etc. Y que pretenden prevalecer para defender sus intereses por encima del de los otros, incluso mediante la fuerza.

Entonces, sí hay elementos de heterofobias terribles. Que son peligrosas porque lastiman a la sociedad en general y polarizan a personas hasta el insulto, e incluso las agresiones físicas. Y eso no es sano para nadie.

Pero tú, o usted que leyó esto, espero que entienda que quienes promueven el desprecio a los que piensan diferente y promueven el odio y el temor, son parte de una maquinaria que pretende que el poder siga en manos de quienes han llevado al país a la ruina, a la ignominia cultural y educativa y a que la sangre siga corriendo por nuestras calles. ¿O no?

PD Si me dicen Chairo por apoyar a Obrador, lo sentiré como un honor. ¡Gracias!

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