MUSA VERDE: Islas y Aves

Cuando conjuramos en mente a una isla, esta puede ser tan real como las islas de Todos Santos frente a la ciudad de Ensenada, o tan imaginaria como una isla tropical desconocida, paradisíaca y exótica en medio del océano.

Horacio de la Cueva / 4 Vientos

Por su origen hay dos tipos de islas: las costeras, de origen continental, como las que adornan el paisaje de la bahía de Ensenada, a la que también conocemos como “Todos Santos”. Se trata de islas que durante la última glaciación eran parte de la península de Punta Banda. En las islas costeras encontramos plantas y animales de la tierra firme con la que alguna vez estuvieron unidas.

Las segundas son las islas oceánicas, de origen volcánico. Al surgir del mar son estériles y despobladas. Son colonizadas por plantas transportadas por agua, viento, balsas naturales y animales que en viajes migratorios o accidentales, se encontraron con estas nuevas tierras.

Los primeros animales en arribar son voladores: insectos y aves. Los insectos y otros artrópodos -como las arañas-, son impulsados por el viento. Las aves llegan por su capacidad de volar grandes distancias, aunque algunas pueden llegar accidentalmente impulsadas por tormentas y huracanes. Suponemos que un evento así llevó a los pinzones de Darwin a las islas Galápagos. Una vez en las Galápagos, la variabilidad de la especie desencadenó que evolucionara en especies adaptadas a los alimentos y condiciones de las islas. Las observaciones y notas que hizo Darwin sobre estas aves, que pertenecen al grupo de los cenzontles, y muchas otras observaciones botánicas, fueron los pilares de su teoría del origen de las especies por selección natural, lo que hoy conocemos como la Teoría de la Evolución.

El dodo y el encuentro que provocó su extinción (Facebook).

Una vez que las aves llegan a una nueva tierra, su futuro cambia. Las presiones de selección natural diferentes a las de su origen que provocan la evolución, son diferentes. Las islas oceánicas raras veces tienen depredadores y hay abundancia de alimento, por lo que estas pueden perder su capacidad para volar, como pasó con el Kiwi o el Dodo. Este último ya extinto por ser presa fácil para consumo humano.

Las aves marinas como albatros, bobos, fragatas, alcuelas, petreles y francisquitos anidan en las playas, planicies, oquedades o acantilados de las islas. Las aves que evolucionaron en islas oceánicas no tienen conductas de construcción, colocación o cuidado de nidos y anidación, que proteja al nido o los huevos de depredadores. Tampoco hay forma de que los pollos pueden lidiar con ratones, ratas, gatos o perros que llegaron de polizontes o intencionalmente a la isla.

La protección de especies nativas en islas contra especies invasoras, es una gran preocupación mundial de la conservación y los esfuerzos son comunes e importantes. La entrada de un organismo de origen distinto a la isla puede traer consecuencias fatales. Sólo debemos recordar la entrada de los conquistadores y colonizadores blancos a América y su carga de virus y bacteria que acabaron con tantas vidas.

El problema de erradicación es más complejo que lograr la muerte de todos los organismos invasores, porque trabajar un ecosistema conlleva trastocarlo. La erradicación puede utilizar trampas; debe asegurar que sólo se atrape a la especie deseada y no sean una amenaza a las especies nativas que se quiere proteger. También se utilizan venenos, pero estos deben ser altamente específicos. Se utilizan para controlar ratas, ratones, conejos, gatos o perros.

Los gatos pueden ser una especie peligrosa en ambientes isleños (Facebook).

Algunas experiencias recientes en Hawai indican que la difacinona utilizada para controlar ratas en la isla de Lehua, pudo haber contribuido a la muerte de ballenas piloto que se vararon en Kauai. Al mismo agente se culpa por la muerte de águilas de cabeza blanca y gaviotas de Bering en Rat Island, Alaska.

Los procesos de erradicación de especies exóticas en islas son complejos y pueden ser imposibles de aplicar exitosamente con la tecnología actual, como lo demostró Michael Brooke en su intento fallido para exterminar las ratas en la isla Henderson. Algunas ratas prefirieron alimentarse de los cocos que del alimento embebido de veneno. Afortunadamente, la tasa de crecimiento del petrel de Henderson nos deja varias décadas para desarrollar mejores técnicas para la erradicción.

Las islas son ecosistemas únicos con interacciones desconocidas; modificar el entorno puede irrumpir en las interacciones e impulsar extinciones que buscamos prevenir.

Debemos proceder siempre con precaución, aprender en cabeza ajena, estar abiertos a opiniones diversas y fundamentadas que mejoren nuestro trabajo. Sin la cooperación interinstitucional el futuro de las especies en las islas será el futuro del Dodo.