Camus debe morir: Desde la no ficción, lo inconfesable…

Intempestiva la muerte de Camus, lo primero que me ha interesado saber es el atónito estupor –¿dolido?, ¿triste?, ¿incrédulo?– en el que René Char tuvo que obligarse a comentar lo sucedido…

Rael Salvador / A los 4 Vientos

         ¿Cómo se recibe una noticia así? ¿Qué se puede decir en tales circunstancias? Rechazó la invitación de llegar a París en el Facel Vega y ahora es un sobreviviente. Él, más cercano incluso que Michel Gallimard –fallecido días después de la tragedia–, quizá sólo atinó a murmurase algo que ya sabíamos de su poética: “La lucidez es la herida más cercana al Sol”.

         Han pasado 58 años… y la duda histórica del acontecimiento se abre de nuevo en una página precisa: «De un hombre que sabe muchas cosas, y tiene fuentes por las cuales conocerla, he oído una cosa muy extraña.

         »Él afirma que el accidente vial en que en 1960 murió Camus estuvo organizado por el espionaje soviético.  

         »Dañaron un neumático del auto gracias a un instrumento técnico que con la alta velocidad cortó o perforó la goma. La orden para la acción de liquidación fue dada personalmente por el ministro de relaciones exteriores Shepílov, como “recompensa” por el artículo publicado en Franc-Tireur en marzo de 1957 donde Camus, en relación con los hechos de Hungría, atacó a aquel ministro, nombrándolo explícitamente»

         El apunte anterior salta del diario “Toda una vida” (1990), escrito por el “Hombre de Praga”, el poeta Jan Zábrana, traductor de “Doctor Zhivago” al checo, así como de Babel y Conrad. El escritor Giovanni Catelli (Cremona, Italia) ha publicado el dato revelador en su libro “Camus debe morir (Editorial Bärenhaus, 2017) y lo acompaña a la hipótesis del crimen de Albert Camus, con diligente aportación de datos y documentos comprobables.

         Jan Zábrana (1931-1984), el “Hombre de Praga” –como denomina Catelli al disidente soviético– es un intelectual al que le indignan los escritores serviles de cualquier régimen, sobre todo el checoslovaco, en esos años satélite de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). A través de la voz de su mujer, Marie Zábranová, Jan deposita su legado literario en quien es entrevistada por Catelli para fortalecer la investigación sobre la teoría conspirativa del posible crimen de Albert Camus en 1960 por parte de la KGB (Comité para la Seguridad del Estado), reabriendo desde la intimidad una polémica digna de las mejores novelas de espionaje en la Guerra Fría.         

La puntualización de “Camus debe morir” se inscribe en la incomodidad de un escritor que, a punta de opiniones argumentadas, sus discursos y escritos se convierten en latigazos a la cara de los opositores y verdugos. Camus nunca dejó de observar los abusos donde el mundo se hunde en la brutalidad del poder. Siguiendo la tesis de Catelli, ese gesto de honestidad intelectual llevó al autor de “El extranjero” a ser blanco del rencor del ministro de relaciones exteriores de la URSS, Dimitri Shepílov, protegido de Nikita Jrushchov, y quien se encarga en aplastar, con la saña carnicera de la invasión, las revueltas húngaras de 1956.

           Camus atiende el llamado de los escritores húngaros e interfiere públicamente: «Cuando el ministro Shepílov, a su regreso de París, osa escribir que “el arte occidental está destinado a descuartizar el alma humana y a formar asesinos de todas las especies”, es tiempo de contestarle que nuestros escritores y nuestros artistas, ellos al menos, jamás asesinaron a nadie y tienen sin embargo suficiente generosidad para no acusar a la teoría del realismo socialista de los asesinatos encubiertos u ordenados por Shepílov y sus similares». En palabras de Jan Zábrana, este fue el discurso que, sumado a las publicaciones locales e internacionales (Franc-Tireur, New York Times, y su artículo “El socialismo de las horcas”, en la revista Deamain) le costó la vida.

         Giovanni Catelli, desde la no ficción, ha reunido una serie importante de documentos, voces implicadas, testimonios (no directos, quizá por ello no solidifica la hipótesis), visitado a altos funcionarios del servicio secreto de la ex Unión Soviética, estableciendo contactos de todo orden, cuidando el estilo como el poeta que es…  convirtiendo a “Camus debe morir” en un capítulo inexistente en la biografía de Olivier Todd, quien descarta las pistas del accidente de Camus en los archivos soviéticos.

         Sí, a veces el miedo es más fuerte que la verdad.

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