CLANDESTINO: Los monstruos de Guillermo Del Toro (Video)

Más que un monstruo amoroso, del Toro creó una repugnante criatura a la que había que abrazar, conocer y aprender a amar…

Álvaro de Lachica y Bonilla/ A los 4 Vientos / Foto principal: Oscars.org

Del Toro y González Iñarritú, el orgullo y el amor de los amigos (Foto: Plubimetro).

Este pasado domingo 4 de marzo, Hollywood se rindió ante ese mundo de fantasía y criaturas extraordinarias que nos brinda Guillermo del Toro, quien se convirtió en el tercer director mexicano en conquistar el preciado Óscar como director por “La Forma del Agua”.

El premio en esta categoría le llegó, después de haber conquistado con su fábula, no solo el Globo de Oro y el BAFTA en la misma categoría, sino también el premio de la Asociación de Productores, entre otros, y todo ello con una película que no ha dejado de reportarle galardones desde el mismo momento que se estrenó en el Festival de Venecia hace unos meses.

Esa noche del domingo, lo vimos emocionado cuando levantó su Óscar con esta producción en la que da una vuelta al cuento clásico, mezcla el género de la fantasía, el thriller, la acción y la comedia romántica y trata temas de actualidad como la marginación social.

Como cualquier punk, Guillermo, dice: “Vivimos en un mundo raro, donde el odio y el cinismo se consideran discursos inteligentes, y si hablas de sentimientos, suenas como un idiota. La emoción es el antídoto, es el nuevo  punk. Por eso quería una película enamorada del amor y del cine, mi obra más esperanzadora”.

Después de ver esta película, me doy cuenta también que este asunto de los monstruos internos es una generalidad: todos tenemos uno y más o menos con cierta frecuencia lo dejamos salir a dar la vuelta libremente aun sabiendo las consecuencias que implica. Yo respeto mucho esos momentos en las personas. La vida que vivimos, honestamente no da para menos.

Del Toro yo creo que nos quiere decir, con más de 25 años creando criaturas espeluznantes pero a la vez con su mirada creativa, cuán necesarios son para separarnos de la caótica marea de problemas de nuestra realidad; nos cuenta de sus poderes de sanación, de la compasión de la que se alimentan, de la irreductible fuerza amorosa que motiva sus acciones. De alguna   manera, nos enseña a amar a los monstruos ajenos, y con eso nos señala lo importante que es amar a nuestros propios monstruos, procurarlos, avivarlos, escucharlos.., aprender de ellos.

El mes pasado, en una entrevista, Guillermo del Toro dijo: “Soy mexicano, nadie ama la vida   como nosotros, porque estamos muy conscientes de nuestra muerte”, cuando le preguntaron cómo lograba equilibrar el lado obscuro, el terror y la   fantasía, él contestó: “con la realidad, el amor y la luz”.  Y sí, todas sus películas son un claro reflejo de ello, piezas de arte extraordinarias, llenas de poemas visuales, música excepcional y un lenguaje claro, potente y aleccionador, aún en medio del silencio.

Guillermo “el grande”, y no por su volumen corporal sino porque ha sido capaz de crear la grandeza en un tiempo en que todo parece violencia, crisis y desesperanza. Con esta “Forma del agua”, le apostó a la más grande de las fuerzas…la que vence a la muerte misma. No al dinero ni al poder, sino al amor. Él quiso hacer una oda al amor y triunfó con ella. Y no fue un cuento de hadas convencional porque el monstruo no es un galán ni príncipe, ni ella era princesa ni una belleza: “él me ve  y no le doy pena”, dice Elisa, la intérprete muda que expresa su amor a la extraña criatura a través de bellísimos gestos.

Estimado lector, si usted no ha visto esta película, tómese su tiempo y vaya a gozar esta obra alucinante y perfecta de Guillermo del Toro para empaparse de la mitología más poderosa, que no es la griega, ni la celta, ni la de Hollywood; es la mitología del corazón. Cuando dos seres se abrazan para crear una vez más al universo.

Magnífico que Guillermo hay ganado este premio, bien merecido se lo tiene. Ojalá que siga haciendo arte que nos llene de amor y esperanza, para que siga siendo ejemplo de jóvenes  mexicanos necesitados de estos referentes. Sigamos, a  cualquier  edad, el ejemplo de Guillermo. Porque  somos  mexicanos y… “nadie ama la vida más que nosotros”.

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