Futurólogos de lo que no ha pasado

(Y quizá no suceda)

Este mexicanísimo deporte del futurismo político, nadando en un lago de excremento, pero anunciando que ese lago de excremento viene en el futuro. Como si la violencia, la marginación, los paupérrimos niveles de vida, los feminicidios, los enriquecimientos inexplicables, fuesen un tema que no debe tocarse. Eso es lo que pasará si llega ya sabes quién.

Ramiro Padilla Atondo / 4 Vientos / Cartón Principal: Internet.

Walter Mercado, icono del futurista mexicano (Foto: El Universal).

No, eso no pasa, prendo la tele y veo a un tipo tatuado diciéndome que el país es un paraíso, que la economía ha mejorado, que el litro de gasolina a 18 pesos es una vana ilusión, que los peores índices de violencia de nuestra historia no ocurren.

Dedican tiempo y energías desmedidas en criticar algo que a lo mejor, quien sabe, pudiera ser que pase. Pero no ha pasado. Está pasando frente a sus narices pero prefieren ver para el otro lado, el de la comodidad. Me debo a un público, y este público debe saber que estoy en contra de ya sabes quién. Pero no ven lo que está pasando frente a sus narices. O sí lo ven, lo que pasa es que o son simuladores, o tienen una agenda. Nunca ha sido más claro. Ya sabes quién debe de soportar las críticas de manera estoica.

Aquí están las líneas generales para ya sabes quién. Intelectual orgánico que vive del presupuesto puede dedicar largas diatribas a denostar a ya sabes quién, pero si ya sabes quién le contesta se desgarra las vestiduras, grita que es rudeza innecesaria, que es intolerante y que el país va al borde del abismo, sin reconocer que el país cayó en ese abismo hace ya once años, cuando se dispararon los índices de violencia, pero a los creadores de esa violencia ni con el pétalo de una rosa.

Futurología política para principiantes. El futurólogo vive lejos de la zona de conflicto. No sabe lo que es pasar un retén del narco, en la comodidad de su oficina decide el futuro del país y de su bolsillo, contento con un sistema depredador que antes de salir quiere privatizar hasta la risa. Ya van por el agua, su primer experimento ocurre en Baja California. Pero sabe este futurólogo, que si es buenito con el gobierno, la privatización no le afectará porque tendrá suficiente dinero para pagar el agua a cualquier precio. Que se chinguen los demás, primero los dientes que los parientes.

Imagen: Portal Movimientos Sociales Contemporáneos

Pero hay un pequeño problema, si el futuro no sucede todavía, todo puede cambiar, y si el país cambia para bien, habrá que observar la cara del futurólogo, ya sin los recursos del gobierno, lanzado a la realidad sin el respaldo del presupuesto, a tragarse sus palabras porque hay cosas que los futurólogos deben saber, las sociedades cambian y se hartan, que el viejo sistema vive sus últimos momentos, y que es tiempo de que hagan las pases con la historia, sí, la historia que está hecha esa sí, de lo que ya pasó para ponerla en contexto.

El dinosaurio pasea con una gigantesca cubeta de maíz, algunos gallinazos bastante gordos cacarean por su alimento. Y a los gallinazos les tocará ponerse a dieta. Tendrán que correr como los demás para ganarse la chuleta. Pero les hará mucho bien, ya no padecerán de hipertensión periodística. Solo los más fuertes sobrevivirán en un negocio que está llamado a transformarse. No más lectores de noticias millonarios por méritos ajenos.

Las condiciones para un cambio de régimen están dadas. Estos son los últimos coletazos del dinosaurio. Recuerden ustedes señores futurólogos de lo improbable que nada es estático. Ya no somos una sociedad en blanco y negro, hay muchos matices.

Hagamos las cosas una por una. Primero, la muerte del dinosaurio. Después lo demás.