Miles de buenos políticos, cientos de malos gobernantes

Ayer me preguntaban quiénes son mis políticos favoritos en México y fue sencillo responder: Miles. Todos muy parecidos entre sí. Mi amigo puso cara entre sorpresa y miedo, pero le rogué me dejara escribir esta columna. 

Cristian Vázquez* / A los 4 Vientos

Me gustan miles de políticos de mi país. Me gustan muchos simpatizantes de MORENA, que son millones. Me gustan miles de jóvenes que siguen a Pedro Kumamoto y saben de sus ideas algo más que los hashtags de 2 de sus propuestas.  Me gustan varios cientos que he visto dar aliento a los análisis de Samuel García o posturas de García Maynez y al mismo tiempo criticarles la decisión de seguir en su partido ante la alianza con el PAN y anexos. Me gustan los políticos de calle, pero no los que presumen conocer las colonias de memoria, sino los que son calle, los que salen a perseguir el pan, los estudiantes, los profesionistas, los que no necesitan ser altruistas para creer y exigir. Los que no necesitan tener un cargo público ni buscarlo para tratar de saber qué necesita su comunidad y cómo obtenerlo, aunque desgraciadamente este sistema no le dé al ciudadano común la posibilidad real de cambiarlo fácilmente. Por seguir creyendo, en algo, en qué y en un cómo. Esos son mis políticos favoritos

Me gusta porque cada uno de ellos son políticos y son políticos de los que creo que van a cambiar el país si logramos en algún momento convencer a otros más de serlo y esos otros más, a través de buenas decisiones y exigencia a los gobernantes, sacamos a los 10 millones de Mexicanos en pobreza extrema a vivir dignamente y logramos que una buena parte de los 50 millones en pobreza tengan posibilidad de acceder a estudios y un empleo fijo y de un sueldo que les permita convertirse en ciudadanos políticos de los buenos, con la panza llena, Facebook en mano, la preparatoria terminada y el Póster del político que se le dé la gana en la pared de una casa más o menos digna, con servicios públicos y vacaciones una vez cada dos años. 

Porque a estas alturas del quehacer político en México, quienes procuramos ser creyentes en cambios y críticos a lo que hoy más que nunca se desnuda como un sistema entretejido para amarrarnos a donde mismo tenemos pocas ventanas. Quienes hemos creído en movimientos tendientes a cambios (en distintos ámbitos y niveles) podríamos dividir los motivos de varias formas, pero me gustaría hacerlo en dos ejes: el de la expectativa y el de criticidad. Expectativa como un modelo tangible de elementos que podrían ser distintos si un candidato llegara al cargo y criticidad ante las decisiones tomadas por los personajes que hoy están en el espacio que se busca ocupar. Expectativa ampliada y masticable para alguien más, criticidad como ideas y acciones opuestas o complementarias. Expectativa contra fe ciega y criticidad contra confrontación.

Así que debo decir que aunque no creo en ningún partido actual, pero sí en muchos de quienes aun creen en algunos de sus personajes. Me gustan muchos simpatizantes de MORENA porque veo que tienen esa expectativa y son críticos a las decisiones de su líder a la par de las de otros más. Me gustan los simpatizantes de MORENA cuando defienden afanósamemte la gestión de Andrés Manuel en la ciudad de México. 

Porque mientras otros tantos simpatizantes solo se dedican a agredir, por otros más me dio gusto enterarme que 3 días a la semana todo su gabinete se despertaba a las 5am a darle un panorama general de todos los tópicos y tomar decisiones juntos, me gusta porque he visto que eso no pasa en todas las ciudades del país. Me gustan los simpatizantes de MORENA cuando hablan y discuten sobre su gabinete propuesto, que se sientan orgullosos de la propuesta de Olga Sánchez Cordero para la SEGOB por ser una mujer con amplia trayectoria en Derecho, o cuando amplían la trayectoria ciudadana de Carlos Urzúa o Luisa Albores, que parecen ser compañeros políticos de años de AMLO y resultan ser personas preparadas en ámbitos civiles. Me gusta que le digamos a Pedro Kumamoto que le falta hablar más de pobreza, me gusta que haya miles con posibilidad de creer en MEJORES DECISIONES y NO EN QUE EXISTE EL GOBERNANTE PERFECTO. Me gusta pensar que aunque haya pocos espacios para soñar, aun podamos soñar con los ojos abiertos. 

Pedro Kumamoto, diputado independiente de Jalisco, en campaña para conseguir las firmas que le permitan aspirar a una candidatura independiente para Senador de la República.

Porque uno puede tener expectativas en lo que puede ser diferente si el presupuesto en nóminas se reduce y se enfoca a obra pública o seguridad sin que eso signifique que los defectos de carácter del candidato no sean un problema para gobernar. O ser crítico contra un personaje que estuvo en un gabinete presidencial ligado a desvíos millonarios de gobernadores. Así, por sus actos, por los tiempos en los que ejerció el cargo o por las acciones en él, donde no logró determinado resultado. O hablar del Anaya operador de reformas y de las proyecciones que hacía de ellas que evidencian su capacidad para definir un voto (o muchos) o de los números de pobreza extrema que Meade dejó en Hacienda y SEDESOL que hoy maquilla sin llamar a todos los personajes a su alrededor corruptos, que aunque lo fueran, construir en calificativos lo que en tantas acciones podemos levantar, es mucho más que una perdida de tiempo. 

Porque creer en algo o en alguien no quiere decir que vayamos a tomarle todo por verdadero. Porque si entendemos que el camino es que más ciudadanos, muchos más, crean en algo y no que ataquen algo, estaremos poniendo nuestra Constitución en alto, la que dice que el poder está en esa expectativa de exigir y también defender. Porque si logramos que la formula no sea tachar de simulador a un gobernador por ser de los primeros que desnudan DECISIONES de corrupción en el gobierno federal, aunque eso implique disminuir su acceso a recursos públicos, entenderemos que gracias a ello miles de Mexicanos están aprendiendo que la clave está en la exigencia. Porque si entendemos que militar en Morena no significa decirle a todo independiente “hijo de Salinas” o ver a su líder como algo más que un humano y que la clave más allá de ganar una elección es que haya más personas que crean y critiquen, desde aquí o desde allá, estaremos dando pasos importantes.

Criticar a estos políticos ciudadanos sin entender que no hay muchas opciones de residencia es ignorar que a estas alturas la antigua izquierda, la que alguna vez fue casa de doctrinarios y académicos, renta sus últimos locales de legitimidad a maleantes que le han restado todo valor a simpatizar con ellos; movimiento ciudadano, que de discursos románticos y excelente comunicación se fue a darle la mano a los operadores de las reformas más neoliberales de nuestra historia, representa ya solamente un anaquel de buenos memes y algunos análisis financieros de sus rostros más preparados para compartirse con vergüenza y nosotros como independientes, lejos de ser una alternativa, aun nos debatimos en justificar nuestra razón de existir con escasos escaños y en la irrefutable situación de no poder ser un movimiento colectivizado al ser más una vía que un destino: explicar que ser independiente no significa ser oposición, sino, a lo mucho, un camino para que quien anhele serlo llegue a espacios de toma de decisión y quienes lo logramos aun quedamos a distancia de lograr esa legitimidad, mucho más lejos de ser un recinto de fe para un proyecto de nación.

Porque vehículos para creer hay pocos, pero también podemos llegar caminando. Porque habemos millones de políticos que somos críticos y tenemos expectativas concretas sin confiar en que solo subiendonos a un jet preparado o a un tren austero vamos a llegar y esos millones dependen de lograr esas expectativas, las de gobiernos donde haya personas QUE ASEGUREN MAYOR TRANSPARENCIA con acciones. Que distribuyan mejor el gasto público a resultados, que hagan partícipe a la gente de sus decisiones (una asignatura pendiente de MORENA y de todos los aspirantes hasta hoy), que aseguren que los que tienen de abajo pasen del hambre de estómago al de ideas y así sucesivamente y que si varios piensan lo mismo SON BUENOS POLÍTICOS, y la lucha es que haya más buenos políticos, no más seguidores de tal o cual movimiento.

Así que si preguntan de nuevo, creo que hay millones de políticos que valen la pena, pero faltan muchos más. Por funcionarios públicos no preguntaron ni por candidatos… Ahí la dejamos. Que un voto importa el 1 de julio y hay que ejercerlo, pero formar expectativas (además de cumplirlas que es parte de mi tarea hoy) y fomentar posturas críticas… Toda la vida.

*Gestor y promotor cultural, fundador de la organización juvenil Pluma Joven A. C. dedicada a la promoción de la cultura literaria entre los adolescentes. Actual regidor independiente del XXII Ayuntamiento de Ensenada.