LOS PERROS GUARDIANES: Viaje al fin de Céline

Por décadas, de manera intermitente, he tenido un romance intelectual con Louis-Ferdinand Céline, autor de las obras maestras “Viaje al fin de la noche” y “Muerte a crédito”. He pasado años intentando librarme de su humor de purgatorio, familiaridad sensible que recoge de la sublime pecaminosidad que le proporciona la caravana humana, esa especie de cloaca que anima con sus locuras todos los tiempos.

Rael Salvador* / A los 4 Vientos

         Desde luego, otros muchos autores, outsider iluminados por la belleza de la broma y el amparo del descrédito –Miller, Sartre, Genet, Kerouac, Burrough, Bukowski–, han oficiado de lazarillos en este maravilloso festín de infierno, ¡virgilios en la noche previa al apocalipsis! Pero a Céline es a quien cuelgo los laureles.

         Leí “Viaje al fin de la noche” en estado de gracia, pues se considera la obra que desgarró lafebril inocencia del Henry Miller, quien fue “el primero que nos pegó una patada en el culo”, a decir de Facundo Cabral, “porque Miller era uno de los nuestros. Él hacía literatura viviendo y hablando como se vive y se habla en las calles. Y nosotros no sabíamos que esa era una manera de hacer buena literatura” (1). Es decir, cuando Cabral realiza este retrato del Golfo de Nueva York, lo único que logra es describir la delicadeza de Céline en la redacción vigorosa del discípulo.

         Si la vida fluye a borbotones sexuales en Miller, la espumosa noche lúbrica de Céline, ese viejo y honesto acróbata deslomado, payaso que cachondea con pólvora ante la caldera, interpela los orígenes civilizados de la especie, categorizándola en sublimes denostaciones que sólo pueden surgir de una obra maestra: “La moral de la Humanidad a mí me la trae floja, como a todo el mundo, por cierto”. “El amor es el infinito puesto al alcance de los perros. ¡Y yo tengo dignidad!”. O esta otra: “Cuando los grandes de este mundo empiezan a amarnos es porque van a convertirnos en carne de cañón”.

Louis-Ferdinand Céline, autor de las obras maestras “Viaje al fin de la noche” y “Muerte a crédito”.

         Si en la más de 600 páginas del “Viaje al fin de la noche”, en cada una se descorchan 5 ó 6 perlas del calibre expuesto, ya se han de imaginar frente a que tipo de “intelectual” se encuentran, un escritor francés al que esta semana Gallimard se negó, obligado por presiones políticas –de injerencia judía–, a reeditarle los cómicos panfletos antisemitas: “Bagatelles pour une massacre”, “L’Ecole des cadavres” y “Les beaux draps”, y a quien se le habían arrebatado ya, en 2011, los honores de ser celebrado a los 50 años de su muerte.

         ¿Qué diablos argumentó ante la censura Antonio Gallimard? Una nubecita de mierda: Los panfletos de Céline “pertenecen a la historia del antisemitismo francés más infame. (…) Podrían generar una curiosidad malsana”.

         De mal a bien, ¿odio y delirio de quién a quién?

         Con razón o no, podemos amar o detestar al hombre, pero ¿qué hay de su innegable aportación a la Literatura Universal?

 


*Escritor, profesor y periodista, autor de los libros Obituarios intempestivos, Ensenada, instrucciones para hacer fuego con el mar y Claridad & Cortesía. En su momento, editor del suplemento cultural Palabra. Correo electrónico: raelart@hotmail.com

1. Entrevista realizada en Tijuana, Baja California, y que pertenece al libro “Conversaciones de invierno” de Rael Salvador.