LOS PERROS GUARDIANES: México para extranjeros. La palabra es fiel como la palabra perro

Cuando las empresas del periodismo convulsan en la matriz de sus propia mezquindad, los fundamentales e inapelables ensayos de Ramiro Padilla Atondo (Ensenada, B.C., 1968), páginas donde la palabra es fiel como la palabra perro, constituyen un fresco almuerzo desnudo contra lo patético de la muerte del libro y el periodismo tal y como los venimos consumiendo hasta el día de hoy.

Rael Salvador* / A los 4 Vientos        

Ramiro Padilla Atondo (Ensenada, B.C., 1968), autor de “México para extranjeros” (Ediciones Mañana Lloverá, 2017).

Ante la deslealtad del oficio, brutas o astutas plumas que no leen o, en su defecto, la misa literaria cantada en latín, el libro “México para extranjeros” (Ediciones Mañana Lloverá, 2017) se erige como una estación de paso y se articula como un análisis noticioso, donde los lectores visitan, repasan, amplían, aprenden, porque reimaginan los temas esenciales que antes sólo eran información a contraluz en el industrioso boletín de prensa, tautología de la burocracia, limando con lucidez la cicatriz en el rostro a Latinoamérica a fuerza de reflexión.

         La doctrina neoliberal pervierte el progreso; cuando no arrasa, desplaza, propicia un desarrollo humillante, un servilismo que se ofrece como ejemplo a cualquiera que posea la suerte de tener un oficio o practicar alguna profesión; yuxtapone la idea de los valores, haciendo del bien un mal y del mal una religión admitida.

         Espantando demonios, Ramiro Padilla nos desangela y descongela lo necio de la amnesia: “Hay una idea que se nos ha vendido sobre lo que tiene que ser el progreso. Hay ciertos   parámetros que necesariamente tenemos que pasar para considerar que estamos progresando. La sociedad industrial ha llegado para quedarse y hay otras formas de vida que se consideran ahora inferiores. Recuerdo haber leído a Octavio Paz explicando el porqué de los ejidos. Su reflexión me pareció correcta. Un ejidatario nunca competirá contra un productor agrícola, los ejidos no se crearon con la finalidad de producir más, sino para vivir mejor”.

          Esta manera precisa de abordar el periodismo crítico, que no se realiza de cualquier manera ni desde cualquier situación, desborda el sentimiento de la literatura como un fin estético y afianza sus veredictos en la interpelación ética y, por ello, contra todo silencio, porque como nos dice Angélica Liddell: “A veces la fatiga es mayor que la obligación de castigar al criminal”.

         “México para extranjeros” es un estallido de luminiscencia en la inmensa noche de las sombras hispanoparlantes, una declaración que propicia los principios de hermandad y humanidad, una luz que incinera los fantasmas de la herencia y su criollismo, y que ofrece la orientación –cada artículo es un fragmento del mapa del tesoro– en la agitación tecnoglobal del apocalipsis presente.

         Lapicera en mano, la intuición en su ejercicio periodístico se encamina en busca de la veracidad y, batalla de las palabras, lectura a renglón de calle (más que leerse a uno mismo, admitiendo al otro), encuentra la fertilidad de la lucidez. Leer así es un acto de emancipación que lleva hacia la escritura: a recargarse de antaño, a pintar la barda de la historia, a quitar los alambrados del jardín y a dejar que la geografía muestre su incuestionable grandeza. Ya lo apunta “La bala” de Calle 13: “El diálogo destruye cualquier situación macabra. Antes de usar balas, disparo con palabras”.

         Un libro es un diálogo entre dos desconocidos, lugar donde el tiempo elabora con sutileza sus nudos y manifiesta un mismo conflicto: el carbón de la desavenencia política y civil. En México se domina el paisaje de esta afrenta (Aguas Blancas, Ayotzinapa, crímenes de la Narvarte, etcétera), lugar donde la desmemoria es el extranjero en uno mismo: acumulado dolor en silencio y sin resistencia.

         Padilla Atondo teje con hebras de venas la raíz del nuestra tierra, internacionaliza la valía de la sangre que nos desborda y, recurrente, obsesivo y sucesivo, muestra la historiografía de la prepotencia de unos ladrones de cuarta: el Estado mexicano.

 

*Escritor, profesor y periodista, autor de los libros Obituarios intempestivos, Ensenada, instrucciones para hacer fuego con el mar y Claridad & Cortesía. En su momento, editor del suplemento cultural Palabra. Correo electrónico: raelart@hotmail.com