Meade: Amnistía para Felipe Calderón

La habitual torpeza discursiva de López Obrador salió de nuevo a la luz y justo en el momento en el que la mayor parte de los medios de comunicación se encuentran ávidos de cualquier yerro suyo que pueda favorecer a San Antonio Meade. El caso es que ahí escuchamos al tabasqueño hablando en abstracto de amnistías por el asunto de la terrible espiral de violencia en la que estamos atrapados, como si no fuera indispensable como paso previo discutir el tema de la legalización de las drogas.

Alfredo García Galindo* / A los 4 Vientos

Obviamente, hasta buena parte de sus propios simpatizantes se quedaron con cara de “¿qué barbaridad está diciendo nuestro caudillo?”, para luego tratar de controlar los daños haciendo “aclaraciones”, muchas de las cuales, estaban hasta enfrentadas entre sí. En fin que, mala jornada para los morenistas por culpa de su amado líder.

No obstante, la fuerza retórica de la palabra “amnistía” que AMLO pronunció nos lleva a preguntarnos si no acaso ya tiene tiempo que una versión particular de la misma viene cobijando a asesinos y delincuentes de otro tipo. Y pues parece que la respuesta es obvia, y no sólo se trata de aquella suerte de perdón que un sistema corrupto le extiende a sus propios bienquerientes, sino también de buena parte de la población que, por la vía de su indiferencia y hasta simpatía declarada, convalida que un delincuente como Felipe Calderón viva un retiro paradisiaco desde el cual fomenta las oprobiosas ambiciones presidenciales de su esposa. 

Eso ocurre; la intención de voto por Margarita Zavala habla del tamaño de la insensatez, ingenuidad o cinismo de millones de mexicanos a los que no les conmueve la tragedia que su esposo provocó con sus arrebatos criminales. Y digo “criminales” no porque Calderón haya tenido la intención deliberada de provocar una carnicería, sino porque se aferró caprichosamente a esa guerra absurda cuando eran diarias las voces de expertos e intelectuales que una y otra vez señalaban los errores de su estrategia.

Ahí teníamos a Edgardo Buscaglia acusando la falta de protocolos de actuación para el ejército; la falta de un diagnóstico claro de la gravedad y las formas del problema; la colusión de la política y el mundo de las finanzas con el crimen organizado que el presidente no tocaba ni con el pétalo de una declaración. Todo ello a Calderón le tuvo sin cuidado y siguió mandando a las tropas para que actuaran con toda la fuerza de su libre albedrio o de su ignorancia.

¿A quién le sorprendería que el país se convirtiera pronto en un mar de muerte? El costo desde entonces ha sido enorme, tanto que no podemos menos que lamentar el descaro de Felipe Calderón de negar lo que a ojos de todos era tan evidente en su insensatez asesina y como si hoy no fuera claro que nuestro país es uno de los más violentos del mundo.

Lo curioso es que ese pavor que Enrique Peña Nieto y los suyos tienen a que López Obrador los lleve a juicio por corruptos, es el mismo que a Calderón le aqueja por ser promotor de una masacre. Pues bien, para ambos miedos está el bálsamo llamado José Antonio Meade. El exsecretario de hacienda de los últimos dos presidentes es la esperanza de que siga navegando el buque de la impunidad que los hermana y mantiene respirando, aun cuando ello suponga que para apoyar a Meade, Calderón deba sacrificar la megalomanía de su esposa. Aunque claro, seguramente habría el respectivo premio de consuelo dado que de por sí, los cariños de la expareja presidencial con el grupo de Luis Videgaray al que Meade pertenece están sellados como con un pacto de sangre familiar (bueno, no olvidemos que la esposa de Videgaray es prima de Margarita Zavala).

Mes patrio

En este escenario, una de las cartas que Felipe Calderón jugará es la de apostar por su antiguo subordinado, dando por sentado no solo que Meade es un fiel discípulo de los mismos postulados del neoliberalismo que él asumió siendo presidente, sino que ambos forman parte de ese bloque de políticos formados en la simulación, el nepotismo, la discrecionalidad, la corrupción y el autoritarismo; políticos quienes son capaces de obviar sus diferencias, de cerrar filas si un enemigo común amenaza el estatus quo que les ha dado riqueza y poder.

En fin que si el PRI se impone (que no es lo mismo que gane) permanecerá esa amnistía que permitirá a Felipe Calderón seguir con la “conciencia tranquila” mientras consume plácidamente la droga que le significa la millonaria pensión que los mexicanos le pagamos. Gracias a la mano bondadosa del que quizás pronto sea su candidato, seguirá ofendiendo el ánimo de quienes tienen aun un poco de pudor cívico frente a lo inaceptable, o de aquellos para quienes vivir en México ha significado el infierno de perder a sus seres queridos en una guerra absurda, declarada por su principal estratega desde la tranquilidad de su hogar y con un vaso de whisky en la mano.

Si la frase “la mafia del poder” es burda y chocante en boca de López Obrador, en la mente de los que somos ciudadanos comunes se convierte en una verdad lacerante, pues ese club de impresentables es el que amenaza con seguir saqueando a nuestro país; si no los detenemos, seguirán masacrándolo con la increíble corrupción humana y política a la que han llegado, la cual no me hace más que repetir la frase que a menudo aquí he asentado: en definitiva, estamos gobernados por los peores hombres y mujeres de México. 

Alfredo García Galindo, es economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos. Actualmente se enfoca en el análisis crítico de la modernidad, el capitalismo y la política nacional a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología.