La Ley de Seguridad Interior: Dictadura legalizada

“Ellos reían mientras tomaban la palabra y votaban, hacían chistes como si fuera una broma”  — Ixchel Cisneros, testigo de la votación de la LSI

 Colectivo Voces en Resistencia / A los 4 Vientos

El pasado jueves 2 de diciembre los diputados y diputadas del PRI, PAN, PRD, PES y NA aprobaron la Ley de Seguridad Interior (LSI), hicieron oídos sordos a las organizaciones de derechos humanos incluida la Comisión Nacional de Derechos Humanos, la Organización de las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos, quienes sugirieron al Estado mexicano rechazar dicha ley pues en su forma actual aumentaría la violación a los derechos humanos, ya de por si intolerable en nuestro país.

Pero, ¿porqué es peligroso que los militares estén en la calle haciendo función de policías? En principio porque no ha funcionado. Veámoslo más a detalle. Con la LSI se pretende legalizar a las fuerzas castrenses en las calles, cumpliendo una función de policías, lo cual es anticonstitucional, pues “en tiempo de paz, ninguna autoridad militar puede ejercer más funciones que las que tengan exacta conexión con la disciplina militar” (art. 129 constitucional), tendría atribuciones para detener infractores e investigar delitos en franca violación al artículo 21 de la constitución que establece que “la investigación de los delitos corresponde al ministerio público y a las policías… Las instituciones de seguridad pública serán de carácter civil”.

La LSI faculta al presidente para tomar medidas discrecionales en combate a la delincuencia, incrementando la indefensión de los ciudadanos ante los atropellos y abusos de las fuerzas militares propiciando un uso del ejército contra movimientos sociales y opositores. En este punto es importante recalcar que la ley menciona, como amenazas, a la pobreza extrema y la exclusión social, no olvidemos que en México hay 53 millones de pobres[1] y un sistema político que excluye al grueso de la población de la toma de las decisiones importantes que definen el futuro de nuestro país.

En este sentido no es sorprendente que la LSI faculte a las fuerzas armadas a usar la fuerza, incluida la letal, para “repeler o neutralizar actos de resistencia no agresiva”, además de permitir el uso de cualquier método de recolección de información, con lo cual se legalizaría la intervención de llamadas, allanamientos, etc. estamos hablando de otorgar al ejército un poder inconmensurable.

Amén del fortalecimiento del poder militar, la LSI abre la puerta a la participación de ejércitos extranjeros, pues menciona que “las nuevas amenazas pueden requerir una cooperación internacional adecuada”, en este aspecto recordemos las vociferantes amenazas de Donald Trump de enviar militares a nuestro país, ante esas amenazas la respuesta del ejecutivo federal y de los titulares de la SEDENA y de la Marina ha sido el beneplácito y la sumisión.

El presidente de EE.UU. ha prometido en reiteradas ocasiones una gran reconstrucción del Ejército de Estados Unidos para “vencer a sus enemigos”.

La LSI es la fase final de un proceso de empoderamiento de las fuerzas castrenses pero que a su vez representa un debilitamiento del Estado mexicano ante los Estados Unidos. Dicho empoderamiento viene desde la década de 1970, en el periodo de la  guerra sucia, cuando los militares participaron en tareas de contrainsurgencia e inteligencia; pero recibe un gran impulso con los gobiernos emanados del PAN, pues Vicente Fox designó al general R. Macedo de la Concha al frente de la PGR, dando fin a 97 años de funcionarios civiles a cargo de esa instancia; a partir de ahí la presencia de militares en las instituciones civiles federales y estatales ha ido en aumento.

En el 2006 Calderón, de manera inconstitucional, desplegó a 45 mil militares en el territorio nacional para una fracasada guerra contra el crimen organizado; además de aprobar en 2008 la Iniciativa Mérida que profundiza la relación (sumisión) de las fuerzas castrenses mexicanas a las fuerzas de seguridad estadounidenses. En resumen la LSI corona el proceso de conversión de las fuerzas armadas nacionales en fuerzas armadas al servicio de centros de autoridad extranjeros, es un recurso para fortalecer, ensanchar e inmunizar el capital político de los militares, las instituciones civiles pierden fuerza y presencia claudicando ante el mando militar, es decir una dictadura legalizada.

La propuesta de LSI pone énfasis en la seguridad y permanencia del Estado y sus instituciones, como lo menciona la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en regímenes autoritarios el concepto de seguridad interior se asocia a la seguridad del Estado y no de las personas, como sucedió en las dictaduras latinoamericanas, donde se presentó la militarización de las estructuras de seguridad (ya sucede en nuestro país), la desaparición forzada (el Estado mexicano reconoce la existencia más de 33 mil desaparecidos)[2], la tortura (en México ha aumentado 1000% desde 2009)[3], asesinato de activistas, defensores de derechos humanos, asesinato de periodistas, ejecuciones extrajudiciales (Tlatlaya, Apatzingan, Iguala, etc.), todo lo anterior ocurre en nuestro país, todo lo anterior solo ocurre en una dictadura.

Por lo anterior, el represéntate de la ONU, en México, para los derechos humanos ha exhortado al gobierno federal para que rechace la LSI. El papel de las fuerzas armadas en la lucha contra la delincuencia organizada ha sido infructuosa y ha dejado una estela de sangre y horror. Algo debe quedar claro “el ejército no es policía”, no están capacitados para detener al enemigo, están capacitados para aniquilarlo y de ahí viene el baño de sangre en el que han sumido al país. Desde que Calderón sacó al ejército a las calles, la violencia se ha generalizado y vivimos en la impunidad casi absoluta. Hay 52 mil elementos desplegados, 213,000 muertos[4], más de 33 mil desaparecidos y el Ejército mata a 8 personas por cada una que hiere[5].

Esta ley es gravísima y no porque lo digamos nosotros. A caso ¿quieres en serio salir de tu casa y toparte con un tanque lleno de militares?, ¿qué tus hijos e hijas se acostumbren a verlos con sus armas largas?, ¿quieres que se acostumbren a la violencia? Nosotros no. Es por eso que debemos frenarla, informémonos, organicémonos y exijamos a los diputados y senadores que escuchen a la sociedad civil, a los organismos nacionales e internacionales de derechos humanos y que den marcha atrás a la Ley de Seguridad Interior.

 

1) México tiene 53 millones de pobres. https://www.forbes.com.mx/mexico-tiene-53-4-millones-de-pobres/

2) Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas, RNPED (2017). Consultado en: http://www.gob.mx/sesnsp/acciones-y-programas/registro-nacional-de-datos-de-personas-extraviadas-o-desaparecidas-rnped.

3) Crece 1,000% tortura con Calderón: CIDE. Consultado en: http://www.zocalo.com.mx/new_site/articulo/crece-1000-tortura-con-calderon-cide

4) México, Eventos de 2016. Reporte de Human Rights Watch. Consultado en: https://www.hrw.org/es/world-report/2017/country-chapters/298379

5) Forne, S. et al. (2012). Uso de la fuerza letal. Muertos, heridos y detenidos en enfrentamientos de las fuerzas federales con presuntos miembros de la delincuencia organizada. Desacatos, núm. 40, septiembre-diciembre, 2012, pp. 47-64