El Campo Gerald: lecciones de trabajo comunitario y apropiación de espacios

“El espacio construido por el ser humano, con la ciudad como principal paradigma, es, ante todo, un espacio para ser ocupado, para servir y ser usado, para llenar y vaciar con la presencia real o simbólica, para interactuar con otras personas en un entorno y para interactuar con el entorno en tanto que personas” [1] 

Alejandro Arroyo* / A los 4 vientos

Algunos de los capítulos de “¡Oye Arnold!” son reconocidos por presentarnos situaciones cotidianas en los niños y que al final nos dejan una enseñanza. Además, la excelente animación de su barrio genera una sensación que te adentra al mundo de los chicos.

Uno de los episodios que más me ha gustado es “El campo Gerald”, ya que la inocente búsqueda de un espacio de recreación es “encontrado” con el esfuerzo y la ayuda de todos los niños, dándonos un claro ejemplo de la importancia de los valores ciudadanos como autodeterminación, participación, solidaridad y cooperación.

El episodio comienza con Arnold y sus amigos jugando baseball en la calle, al parecer es el único lugar donde pueden hacerlo y eso causa que sean interrumpidos constantemente por el tránsito de autos. Durante el juego los niños se quejan porque no pueden complementar ni una jugada. Después de que un camión se lleva su pelota, deciden dejar de jugar y marcharse a sus hogares. Arnold y Gerald, protagonistas y mejores amigos, mientras caminan por las calles de su barrio comentan:

  • Gerald: “Que pérdida de tiempo”
  • Arnold: “Si, ¿Pero qué hacemos?, los mayores juegan en el parque y el campo lo cierran después de clases

“Si tuviéramos nuestro campo, jugaríamos lo que quisiéramos cuando quisiéramos” “Es un sueño, jamás tendremos nuestro campo”, mencionan también los niños.

Durante el recorrido Arnold se detiene impresionado al “encontrar” un terreno baldío lleno de basura.

  • Gerald: ¿Por qué te detuviste?
  • Arnold: ¡El terreno! ¿No lo ves?
  • Gerald: ¿Y?
  • Arnold: ¡Creo que encontramos nuestro campo de Baseball!
  • Gerald: Eres muy intrépido Arnold, muy intrépido.

A continuación Arnold trae a toda la pandilla con algunas herramientas, listos para limpiar el terreno baldío. Llegando al lugar se organizan con una actitud positiva que se nota en los rostros de los chicos; después de limpiarlo, el espacio es transformado en un mini campo de baseball. Los chicos, satisfechos con su trabajo, nombran el terreno como “el campo Gerald” y felices empiezan a jugar. Después de un largo día de actividad se van a descansar al atardecer.

 “Y pensar que esta mañana estaba lleno de basura, y ahora es nuestro campo de baseball” dicen al despedirse.

Después de que los niños se marchan, comienzan a llegar algunos adultos, los cuales ignoraban el  terreno debido a que estaba lleno de basura. “Nunca antes me había fijado pero aquí hay un gran terreno baldío, habrá que empezar por limpiarlo” menciona el carnicero del barrio.

Uno de los cientos de lotes baldíos en Ensenada.

Al día siguiente los niños se dirigen al campo para jugar, y cuando llegan se percatan de que su terreno “ha sido invadido” por los adultos: el que antes era un espacio destinado a jugar baseball, ahora está lleno de gallinas, plantíos de tomates, colección de plantas, juegos de herraduras y de mesa.

La pandilla, incomoda por la invasión, aun así decide jugar, pues ese campo “les pertenece”. Durante el desarrollo del juego empiezan a tener problemas debido a que solo hay “espacio” para una sola actividad, y este límite ha sido excedido por los adultos. Después del lío ocasionado por la mezcla de actividades, los niños son echados por desventaja de “autoridad”.

Arnold y sus amigos, tristes y molestos, vuelven a jugar en la calle mientras hablan sobre la injusticia por la que acababan de pasar: “Los adultos siempre diciéndonos que debemos hacer” “¡REGLAS, REGLAS! ¡¡¡REGLAS!!! Ellos tienen reglas para todos”.

Para acabar con su poca suerte, rompen una ventana y comentan:

  • Arnold: “Esto no hubiera pasado si tuviéramos nuestro campo de Baseball”
  • Helga: “Bienvenido a la realidad Arnold, esto pasa cuando los adultos manejan el mundo

Después los niños se dirigen de nuevo al terreno y se dan cuenta de que los adultos están discutiendo por la diferencia de actividades debido a que es imposible compartir el espacio.  Al mismo tiempo observan un contenedor de basura y sonriendo deciden “volver a llenar” de basura el espacio.

Los adultos desconcertados comienzan a pedir una explicación:

  • Arnold: “Sabemos lo que hacemos. Saben, así estaba el terreno antes de que lo limpiáramos, antes de convertirse en el campo Gerald y antes de que nos echaran”
  • Gerald: “Así que si quieren tener el campo Gerald van a tenerlo como lo encontramos: UN BASURERO.”

Los mayores reflexionan por su apropiación injusta del espacio, y deciden limpiarlo durante la noche. Al día siguiente los niños regresan al terreno y encuentran de nuevo su campo de baseball. Asombrados, preguntan a los adultos sobre lo sucedido, y responden que aprendieron una lección y comprendieron que en realidad ese campo les pertenecía a Arnold y sus amigos desde el momento en que lo rehabilitaron. El capítulo de la serie animada finaliza con un partido amistoso entre grandes y chicos en el campo Gerald.

Como podemos ver en la descripción de este capítulo, al no tener los personajes un lugar donde jugar baseball, optan por hacerlo en la calle, un espacio público que ha ido perdiendo este cáracter; hoy en día eso sería imposible de hacer, debido al “dominio exclusivo” del automóvil sobre la calle.

“…El transporte público desastroso y la ausencia de carriles para bicicletas hacen poco menos que obligatorio el uso del automóvil privado… Las aceras se reducen o desaparecen, las distancias crecen, hay cada vez más autos que se cruzan y cada vez menos personas que se encuentran…”,Eduardo Galeano, Patas arriba: la escuela del mundo al revés.

Durante el desarrollo de la historia de ¡Oye, Arnold!, el terreno cobra un valor muy significativo para los chicos, principalmente por la experiencia positiva de transformar el lugar.

Con nuestros actos transformamos y dotamos de significado, de sentido al entorno mientras que éste contribuye de manera decisiva a definir quiénes somos, a ubicarnos no solo ambiental sino personal y socialmente y a establecer modalidades de relación con nuestro mundo perceptivo, funcional y simbólico” [2] 

En el capítulo también se observa que el lote baldío es uno de los pocos lugares “verdes” en toda la jungla de concreto de su ciudad, y de no ser por el trabajo, esfuerzo e iniciativa de Arnold y su pandilla, nadie hubiera notado el potencial y la existencia de ese espacio.

Muchos de los terrenos baldíos de nuestras ciudades, con la ayuda de las autoridades, terminaran por ser tiendas comerciales. Nosotros contamos con grandes espacios, la mayoría de ellos naturales, y que si no fuera por su contaminación, brillarían aún más y cambiarían totalmente la percepción de la ciudad.

En conclusión a pesar de ser una caricatura y de que algunas situaciones parecen no tener sentido, con el capítulo de ¡Oye, Arnold! se puede hacer una comparación de lo que sucede hoy en día en nuestras ciudades: la necesidad de espacios públicos para todos los ciudadanos, y la autoridad que se apodera de estos espacios. Y tú, ¿qué tipo de “campo Gerald” crees que le falte a tu ciudad? 


*Arquitecto, egresado de la Universidad Autónoma de Baja California, Campus El Sauzal, con visión de trabajo independiente y colectivo. Interesado en el área de urbanismo: la ciudad, los espacios públicos y la interacción social. Además del arte y sobretodo el proyecto arquitectónico.

1) http://www.ub.edu/escult/editions/0tresal.pdf

2) http://www.ub.edu/escult/editions/0tresal.pdf