VANGUARDIA: gestor, asistente o actor, los roles de la escena cultural

“Tanto hace por la cultura quien la crea como quien la promueve — José Vasconcelos

Iván Gutiérrez / A los 4 Vientos

En la columna pasada realizamos un análisis sobre cómo el tiempo disponible privilegia que sean los jóvenes quienes tienen más posibilidades de participar en las actividades culturales de la ciudad de Ensenada, señalando como los “godinez” terminan insertados en una rutina laboral que rara vez les permite otra cosa que recordar sus tiempos de libertad y ocio casi absoluto en las épocas estudiantiles.

Finalizábamos aquella entrega comentando que el siguiente paso era preguntarnos por los roles que se pueden asumir para ser partícipe en la escena cultural que está tratando de levantarse en Ensenada, por lo que el día de hoy a eso dedicaremos el desglose de estas letras.

Un primer rol que se puede asumir es el de organizador de eventos, dígase un gestor cultural. Este rol es quizás el que más responsabilidad conlleva, pues implica crear un programa de actividades, tener contactos, fijar un espacio y un día, crear toda la imagen y difusión del evento (nombre, diseño, flyers, evento en redes sociales, invitaciones personales, difusión por medios convencionales y prensa), y finalmente, conseguir que la gente salga de su zona de confort (llámese su sofá con Netflix) para ir a vivir una experiencia chida a tu evento.

El estrés suele hacerse presente en quien desempeña este tipo de labor ya que los cambios repentinos el mismo día del evento suelen ser un gran dolor de cabeza, sin mencionar que tener todo en orden para el correcto desarrollo del mismo requiere de una alerta constante, la habilidad de pensar en varias cosas a la vez con agilidada y claro, la capacidad de reaccionar con rapidez a las contigencias. Quisiera aprovechar para compartir que siempre es chido agradecerle a los coordinadores de los eventos por su tarea, pues es gracias a su esfuerzo que se crean conexiones de saberes y se abren espacios de diálogo. Para leer un poco más sobre lo que representa ser un gestor cultural los invito a consultar los comentarios de la colega Timna Baltodano en un evento que ella organizó hace unos días, haciendo clic aquí.

El segundo rol que uno puede desempeñar es de mayor comodidad, sin embargo, de igual importancia; hablamos en este caso del asistente, de quien acude a la función de cine, a la conferencia, al evento de poesía o al concierto como espectador. Siendo este tipo de actor, uno tiene la ventaja de que su labor consista casi únicamente en acudir y disfrutar del evento, quizás también pueda participar con una opinión fundamentada o una curiosidad cultivada al momento de que se abre el espacio de diálogo en casos como los Ciclos de Cine o conferencias.

Sin lugar a dudas, ser el participante-espectador es más fácil, sin embargo, suele suceder que inclusive para eso somos apáticos, un hecho que ya comentaba en la columna pasada al hablar del poco porcentaje de jóvenes que le dan vida a la escena con su asistencia. La realidad es que la gran mayoría no va a las conferencias que hay, no visita las galerías alternativas, no acude a las presentaciones de libros ni a los Cine Clubs. Esto puede deberse a falta de dinero o tiempo, a que no resulten llamativas las propuestas o también a simple desinterés.

“Retrato de Mister James”, pintado en 1937 por René Magritte

“¿Para qué salir a tal o cual evento si puedo quedarme en el confort de mi casa?”, puede ser el pensamiento de muchos. Son varias las respuestas a ese cuestionamiento: para formar parte del movimiento cultural de la ciudad y darle impulso, demostrando el interés porque sigan brotando nuevas y mejores iniciativas; para apoyar los proyectos independientes de la banda de Ensenada; para enriquecer el intercambio y contraste de ideas y perspectivas que toda actividad cultural representa; para cultivar el intelecto propio; para conocer a gente que pueda tener los mismos intereses que yo; en fin, para dar ese pequeño aporte a la comunidad de iniciativas emergentes, del que ya hablamos en la primera columna de este espacio.

Es importante asumir este rol pero no sólo para mostrar un apoyo ciego y mecánico, sino uno crítico y reflexivo, es decir, acudir a un evento con la intención de señalar qué puede mejorar en la puesta en escena del artista, hacer una propuesta sobre qué le hace falta a tal o cual espacio alternativo, expresar la propia opinión para convertirse, por un momento, en el espejo que le permita al otro cuestionarse a sí mismo y mejorar.

Un tercer rol a asumir dentro del movimiento cultural de la ciudad es el de ser un actor que trascienda la asistencia y decida aprovechar las iniciativas y los espacios emergentes para impulsar su proyecto personal. Con esto nos referimos a todos aquellos actores, músicos, escritores, poetas, artistas visuales, fotógrafos, pintores y creadores de artículos varios de todo tipo, así como a los eruditos en diversas áreas del conocimiento. Al final todos tienen algo en común: la posibilidad de compartir un saber, una forma de expresión o una creación que enriquezca el ser colectivo de la comunidad.

En la ciudad de Ensenada hay un gran mosaico de estos actores; para ver una mínima muestra de la diversidad de personalidades que ejercen este rol los invito a leer la crónica del Cosmic Shit. Así pues, no son pocos los jóvenes que están dándole vida al movimiento al compartir sus propuestas, aun a pesar de la notable falta de apoyo de quienes se identifican como asistentes.

Y bien, ¿con cuál rol te identificas tú? ¿Cuáles otros roles crees que hacen falta? ¿A qué crees que se debe la falta de apoyo? ¿Qué opinas de las propuestas y los espacios de la ciudad? ¿A qué tipo de eventos prefieres acudir? Te invito a compartir aquí tus comentarios para seguir la reflexión colectiva.

Con esto concluimos nuestra columna de esta semana, en la próxima entrega me dedicaré a expresar una opinión personal sobre un elemento demasiado ausente en las propuestas juveniles de la ciudad: la política.

P.D.: Va la agenda de algunos de los eventos que nos esperan esta semana, ¡por ahí nos vemos!