Tecnocracia y charrismo

La reunión con la Confederación de Trabajadores de México fue de los más revelador. El ungido recibiendo el espaldarazo de ese proletariado nacional arreado por el cacique máximo, por el obrero mayor, Carlos Aceves del Olmo; sí, el mismo que se la ha pasado el sexenio haciéndole la barba al indocto más famoso del país, ahora cubriendo de loas al exsecretario de hacienda, dirigiéndole flores como la de que es “el candidato de la esperanza”, para que luego, ahora en presencia de la Confederación Nacional Campesina, las alabanzas fueran respondidas por el aludido con un grotesco “es el momento de que se llenen de trigo los graneros”.

Alfredo García Galindo* / A los4 Vientos

En fin, todo como un lastimoso reflejo de lo que la mayoría de los medios de comunicación han hecho como si se tratara del ansiado día del Delfín por hacerse con la corona. Y ahí los vemos; unos medios buscando la foto en la que el nuevo hijo pródigo se viera más guapo y benevolente; por otro lado, un periodista haciendo la ridícula referencia al apellido de medieval abolengo del nuevo candidato; y más allá, otro periódico aventándose el mal chiste de que “Meade pondría fin a tradición priista de 79 años”, como si para ser un fiel soldado del estatus quo económico-político se necesitara militar en las filas de un partido.

Lo curioso es que tratan de hacernos ver que el ungido es un sujeto limpio; tanto, que hasta se apresuran todos sus bienquerientes a decir que “no tiene partido”. Curioso despropósito involuntario: el PRI, consciente de su propio descrédito, fomentando la idea de que su gallo es la diafanidad hecha hombre. Sólo faltaría que Enrique Ochoa Reza saliera con el desliz: ¡Voten por el nuevo Santo de las finanzas! ¡Miren que no es un raterazo como nosotros!

Es la versión 2.0 de las patéticas formas en las que se daba el destape en los años 70. Todo el gremio de charrismos, los ejércitos de clientelas jugando al juego democrático cuando queda claro que aquí lo que vemos es el lamentable maridaje de lo peor de dos mundos: las maneras tragicómicas del priismo jurásico y la reedición de la tecnocracia más enemiga del pueblo real.

Foto: El Economista

A final de cuentas de nuevo emerge la realidad más descarnada: Enrique Peña Nieto difícilmente pudo haber decidido en forma por completo independiente quién sería su sucesor. Se juntan dos peculiaridades que nos llevan a esa conclusión: la probada ineptitud de un presidente que difícilmente toma decisiones autónomas, y la preclara urgencia de los grandes intereses económicos por apuntalar a quien les garantice su continuidad como amos y señores de este país, al que ellos tratan como su caja chica.

Es, en suma, la nueva cara del mismo viejo PRI que se alía con los intereses que verdaderamente gobiernan. La nueva imagen del supuesto genio de la macroeconomía con la vieja piel de los señores del feudalismo priista más corporativo. La tecnocracia y el charrismo en un contubernio vergonzoso, que además apunta a hacerse de las querencias de esas prostituidas comparsas llamadas PAN y PRD, y todo para impedir a toda costa la llegada del tabasqueño a la presidencia.

Queda claro. Harán lo que sea con tal de no perder la varita mágica que les garantiza riqueza e impunidad. Y cuando decimos lo que sea, es lo que sea: de nuevo dilapidar presupuestos en compra de votos; controlar a las autoridades electorales; recurrir a la más sucia campaña e incluso, si todo eso falla, asegurarse de que el peligroso populista no tome el poder, sea lo que eso pueda significar.

En fin, José Antonio Meade Kuribreña es el hombre muestra, el hombre síntoma, el hombre evidencia. Es la carta mayor de lo que el PRI y sus comparsas representan: el colmo de la descomposición política propia de dinosaurios que se pudren, la cual solo puede alcanzar mayores grados de iniquidad cuando se alía con los intereses más mezquinos de un neoliberalismo que se niega a morir.

*Alfredo García Galindo, es economista, historiador y doctor en Estudios Humanísticos. Es catedrático y autor de diversos libros y artículos. Actualmente se enfoca en el análisis crítico de la modernidad, el capitalismo y la política nacional a través de una perspectiva transversal entre la filosofía, la economía, la historia y la sociología.